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Domingo, 25 de octubre de 2026
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Seis capítulos, dos mundos y un título nobiliario imposible: llega a Netflix la serie que los mismos autores de "Vergüenza" no querían repetir

Antonio de la Torre y Alexandra Jiménez encabezan "Grande de España", la nueva creación de Juan Cavestany y Álvaro Fernández Armero. La propuesta arranca como sátira de la aristocracia y termina pareciéndose más a una fábula sentimental, y eso, lejos de restarle, es lo que la hace distinta.

Por Lucía QuipildorCultura y espectáculos · · hace 2 d
Seis capítulos, dos mundos y un título nobiliario imposible: llega a Netflix la serie que los mismos autores de "Vergüenza" no querían repetir

Lo primero que sentí cuando terminé el primer episodio fue una mezcla rara: el living de un palacio venido a menos olía a naftalina y a caoba vieja, como esas casas de familia donde todavía alguien ordena los cubiertos de plata aunque ya no venga nadie a cenar. Esa sensación se queda pegada durante los seis capítulos de "Grande de España", la nueva serie de Juan Cavestany y Álvaro Fernández Armero que Netflix estrena este viernes 23 de octubre de 2026, y que tiene algo de comedia de estafadores, algo de romance de bolso enorme, y bastante de esa melancolía elegante que aparece cuando uno se da cuenta de que el mundo que le contaron ya no existe. Y si me permiten la digresión, no pude evitar acordarme de un verso de Hamlet Lima Quintana que dice "no le cuentes a nadie lo que sueñas", porque toda la serie parece construida sobre la diferencia entre lo que Leandro quiere hacer creer y lo que realmente le pasa por dentro.

Les cuento de qué va antes de que sigamos: Antonio de la Torre se pone en la piel de Leandro, un aristócrata arruinado que atraviesa el trance obsesivo de conseguir el título de Grande de España y de hacerle creer a todo el mundo que se cartea con el mismísimo Rey. Del otro lado, Alexandra Jiménez interpreta a una mujer que viene de un mundo completamente distinto, y lo mejor que tiene la serie, lo que ya se destaca en los primeros análisis, es la química entre los dos. Esa dupla es el motor de todo, y cuando uno mira los seis capítulos entiende por qué los creadores eligieron no estirar la historia: la tensión entre ellos se agota sola, no necesita relleno.

De la sátira de clase alta a la fábula sentimental

La serie arranca con un registro más caricaturesco, casi de farsa de muebles antiguos y apellidos con guion. Pero a los pocos episodios ese tono se va corriendo y lo que queda en el centro es la historia de dos personas que se van eligiendo sin hacer demasiado ruido. Hay comedia, sí, la justa y necesaria, pero también hay momentos de una ternura bastante atípica para una producción que uno esperaba más ruidosa. El propio material de los creadores confirma esa decisión: ellos mismos eligieron dejar la sátira pura en segundo plano y poner la lupa en la relación entre los protagonistas. Y a mí, personalmente, me pasó algo que no esperaba: terminé los seis capítulos sin haber descifrado del todo a ninguno de los dos, y eso, en lugar de frustrarme, me dejó con ganas de volver a empezar.

  • Formato breve y muy cuidado: con apenas seis episodios, cada escena tiene que cargar peso propio, y eso se nota en el ritmo.
  • Una dupla protagónica que sostiene todo: la combinación entre Antonio de la Torre y Alexandra Jiménez es, según coinciden las primeras lecturas, lo mejor de la propuesta.
  • Un personaje silencioso que pesa: Enric Benavent interpreta al mayordomo de Leandro, y aunque aparece poco, funciona como la brújula emocional de toda la serie.
  • Un cambio de tono deliberado: lo que empieza como sátira de la aristocracia se va corriendo hacia la comedia romántica y, más cerca del final, hacia la fábula.

Ahora bien, me imagino que más de uno se va a preguntar lo mismo que me pregunté yo mientras la miraba: ¿alcanza con seis capítulos para construir personajes que valgan la pena recordar? Los propios creadores parecen haber tomado una decisión al respecto: prefirieron profundizar la relación central y dejar algunos costados del mundo que inventaron apenas esbozados, sin desarrollar demasiado. Es una apuesta, y como toda apuesta tiene su riesgo, pero también su premio. En mi caso, que vengo de mirar ficciones que a veces se estiran quince capítulos para no decir nada, celebro que estos seis se tomen el tiempo de decir algo. Y lo digo con una honestidad que me sale de abajo: pasé del descreimiento del primer episodio a la preocupación genuina por estos dos personajes en el último, y eso, para una serie que se vende como comedia, es muchísimo.

“¿Puede una comedia con apenas seis capítulos construir personajes que valga la pena recordar, o el formato corto siempre deja algo sin resolver? La respuesta, como pasa con las buenas series, no está en la cantidad sino en lo que uno se lleva puesto cuando apaga la pantalla.”Lucía Quipildor
LQ
Lucía QuipildorCultura y espectáculos

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