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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Pesca en la Amazonía boliviana: un río de 350 kilómetros donde conviven quince especies y hay que devolverlo todo

Un tramo navegable en plena selva reúne tarairas, manguruyúes, dorados y payaras en jornadas de hasta doce horas. El acceso desde Buenos Aires suma vuelos con escala y tramos en vehículos de doble tracción. Te cuento cómo se arma el viaje, qué carnadas se usan y por qué la devolución es obligatoria.

Por Micaela VilteTurismo · · hace 1 h
Pesca en la Amazonía boliviana: un río de 350 kilómetros donde conviven quince especies y hay que devolverlo todo

Les cuento de primera mano lo que se siente llegar a un río de más de 350 kilómetros en plena Amazonía boliviana y ver, en una sola mañana, cómo se cruzan quince especies de agua dulce en el mismo espejo de agua. Acá no hay jet lag ni Wi-Fi: hay selva, calor, humedad y peces que pelean como si les fuera la vida. La posta es esa, y por eso la gente vuelve.

En el tramo navegable conviven tambaquí, pacú, manguruyú amarillo y negro, dorado, payara, yatorana, corvina de río, surubí atigrado y paleta, entre otras. Los guías locales los ubican en pozos, correderas y costas de piedra. En jornadas buenas, una sola caña puede registrar más de veinte piques, con ejemplares que van de los cuatro kilogramos hasta piezas que se acercan a los 25.

Cómo se llega desde Buenos Aires

El viaje combina tramos aéreos con escala y traslados terrestres que en total superan las diez horas. El tramo final se hace en vehículos de doble tracción, porque el asfalto queda atrás y empieza la huella selvática. Esa transición marca el ingreso al ambiente y avisa que el ritmo de la ciudad ya quedó en Ezeiza.

  • Vuelos desde Buenos Aires con escala (no hay ruta directa).
  • Más de diez horas de traslados terrestres en total.
  • Tramo final en vehículos de doble tracción por camino de tierra.
  • Campamento cerca de la costa, con carpas grandes, refrigerios, almuerzos y cenas incluidos.
  • Tres botes con motor y tres guías para cubrir al grupo durante las jornadas.

Cómo son las jornadas en el agua

Las salidas arrancan cerca de las 8:30 y se pueden estirar hasta las 20. La carnada base es sábalo, sardinas de la zona, lombriz y postas de peces autóctonos. Cuando el agua está clara, se puede tentar con señuelos artificiales: minnows de 90 a 110 milímetros, cranks de paleta corta, cucharas giratorias número 5 y superficie tipo whopper plopper. Con agua oscura, los guías piden mantener carnada natural: la diferencia de pique se nota y mucho.

Antes de subir al bote, dos cosas que parecen menores y te salvan el día: el calzado y el repelente. Las costas de piedra están cubiertas de verdín y resbalan, así que hace falta suela antideslizante bien sujeta al pie, ya sea tipo Crocs con tiras o bota de trekking. A eso sumale ropa de manga larga, guantes, buff, lentes con filtro UV, bronceador y filtros de agua. Son entre cinco y seis días seguidos de actividad bajo sol, lluvia e insectos: si el equipo no está completo desde el primer día, lo pagás al tercero.

Devolución obligatoria y técnica con anzuelos circulares

Toda la pesca es con devolución. Para retirar los anzuelos circulares, cada pescador lleva sus propias pinzas; el uso de boga grip no está permitido para no lastimar a los ejemplares grandes. La técnica con anzuelos circulares pide no clavar de inmediato: hay que dejar que el pez trague y firme él solo. Es la regla de oro del viaje y lo que mantiene vivo al río.

Mi consejo práctico antes de viajar

Si estás pensando en ir, armá un presupuesto que contemple los vuelos con escala (están entre los 600 y 1.200 dólares por persona según temporada), los traslados terrestres largos y un paquete de cinco a seis jornadas full day en el río que arranca cerca de los 2.500 dólares por persona con campamento, comida y guías incluidos. Llevá siempre dos pares de calzado de pesca y un repelente extra, porque el de la selva de Bolivia no se consigue fácil en Buenos Aires.

Después de una jornada así, el cuerpo pide comida fuerte. Mi recomendación obligada es probar el pacú a la parrilla en el campamento, cocinado a la llama con sal gruesa y limón. Lo sirven al atardecer, en la misma costa donde pescaste, y es el mejor cierre posible para un día de río.

MV

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