La mesa queda servida: Juana Viale vuelve a ponerse el delantal de Mirtha mientras la abuela se repone en el Mater Dei
A los 99 años, Mirtha Legrand atraviesa una nueva internación por un cuadro compatible con neumopatía y su nieta volvió a tomar las riendas de La noche de Mirtha con un cálido saludo de apertura. La evolución es favorable, según el parte firmado por el director médico Enrique Echagüe, y la familia agradeció las muestras de afecto.
El aroma a café recién servido y el murmullo clásico del living de Mirtha Legrand siguen intactos, aunque esta vez la dueña de casa no está sentada en su sillón. El sábado al mediodía, cuando uno se acomodaba en la mesa para el ritual de siempre, se encontró con que Juana Viale volvía a ocupar el lugar de la abuela, otra vez, como ya había pasado a comienzos de septiembre. Ella misma lo dijo, con esa mezcla deSimpleza y firmeza que la caracteriza, mirando a cámara casi como si le hablara a una amiga del barrio: "Otro sábado que estoy acá acompañándolos mientras la abuela se termina de recuperar". La frase, corta y al hueso, condensó lo que durante la semana se había transformado en una preocupación silenciosa para varios.
Una internación que llegó antes de lo esperado
La conductora, de 99 años, había recibido el alta apenas el domingo anterior y todavía no había vuelto a las grabaciones de su ciclo. El viernes por la tarde, menos de una semana después de aquella salida, regresaba al Sanatorio Mater Dei. El establecimiento explicó que la nueva internación respondía a un cuadro compatible con neumopatía y que era necesario mantenerla allí para realizar estudios, recibir tratamiento y continuar bajo control médico. Quienes la siguen de cerca saben que no es la primera vez que la salud de Mirtha ocupa portadas: a principios de septiembre ya había ingresado por unos estudios ligados a una bronquitis que arrastraba hacía una semana y le habían indicado completar la recuperación en su casa.
El parte más reciente, firmado por el director médico Enrique Echagüe, trajo una bocanada de alivio: la evolución de Legrand es favorable y se mantiene dentro de lo esperado. El comunicado agregó que seguirá con el tratamiento específico y los controles necesarios y que, si no hay cambios, el próximo parte se difundirá el miércoles. La propia institución se encargó de subrayar que, durante esta internación, Mirtha recibió a sus familiares más cercanos, y el informe incluyó el agradecimiento de la familia por las expresiones de cariño y el respeto hacia la conductora. Uno imagina el pasillo del sanatorio, las voces bajas, el teléfono que no deja de sonar con mensajes de afecto.
Juana, otra vez al frente de la mesa
Mientras tanto, la pantalla se pobló con la presencia conocida de Juana Viale, que ya había cubierto la ausencia anterior y volvió a hacerlo con naturalidad, casi como si la sustituación fuera una prórroga pactada de antemano. La noche de Mirtha mantuvo así su emisión y su ritmo, con la nieta conduciendo y la abuela recuperándose a unas pocas cuadras, en una suerte de coreografía familiar que el público argentino reconoce de memoria.
- La internación del 7 de septiembre fue por un cuadro respiratorio bronquial, tras una semana con tos persistente.
- Tras el alta, la indicación médica había sido completar la recuperación en el domicilio.
- El regreso al Mater Dei se produjo el viernes por la tarde, antes de que se cumpliera una semana desde la salida.
- El parte actual describe la evolución como favorable y dentro de lo esperado, con tratamiento y controles que continúan.
- El próximo parte médico está previsto para el miércoles, salvo cambios en el cuadro clínico.
- Juana Viale condujo el sábado y abrió el programa con un saludo directo a la abuela.
Si uno se pone a pensar en frío, lo que más valoro de quienes reemplazan a un conductor en una ausencia forzada es justamente eso que mostró Juana: la capacidad de sostener la mesa sin invadirla, de mantener el tono sin impostarlo, de decirle al público "yo estoy acá, pero ella se está terminando de recuperar", como si la transparencia fuera un gesto de respeto. No se trata de copiar el estilo ni de competir con el peso de una leyenda de 99 años, sino de hacerse cargo del silencio de la figura ausente sin taparlo, dejando que la expectativa del regreso siga viva. En tiempos de reemplazos bruscos y de noticias que se atropellan, esa manera de pararse frente a la cámara —con voz propia y con la certeza de que la abuela está al teléfono mirando— resulta casi un acto de cariño en vivo y directo.
