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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cuando la crianza propia se filtra en la crianza de los hijos: qué patrones cuesta soltar y cómo identificarlos

El psicólogo especialista en trauma Maxi McCoubrey analiza por qué las marcas de la infancia reaparecen en la vida adulta y de qué manera es posible interrumpir aquello que hace sufrir, según las pautas difundidas por el especialista.

Por Valentina SajamaSociedad y educación · · hace 2 d
Cuando la crianza propia se filtra en la crianza de los hijos: qué patrones cuesta soltar y cómo identificarlos

La experiencia de convertirse en madre o en padre suele estar atravesada por un movimiento muchas veces inadvertido: el de reencontrarse, en el vínculo con los hijos, con escenas, palabras y reacciones que se creían relegadas al pasado. Según expuso el psicólogo especialista en trauma Maxi McCoubrey, nadie inicia la crianza partiendo de cero, ya que cada adulto es producto de una historia familiar, de un linaje, de un lenguaje y de un contexto cultural que lo precede, y esos elementos reaparecen a la hora de poner límites, de resolver conflictos y de definir qué se entiende por éxito, por dinero o por afecto.

En esa línea, McCoubrey explicó que el punto central no consiste en evitar cualquier repetición, dado que toda crianza implicaCertain echoing of one's upbringing, sino en la necesidad de distinguir cuándo aquello que se reeditó es portador de sufrimiento. De acuerdo con el especialista, lo que requiere ser interrumpido es aquello que maltrata, humilla, abusa, niega la individualidad o genera padecimiento sostenido, ya que ese tipo de modalidades tiende a reproducirse de manera casi silenciosa cuando no se las ha podido reconocer previamente.

Qué cambia cuando se toma conciencia del patrón

  • Pérdidas que nunca fueron dichas en voz alta y que pesan en los modos de vincularse con los hijos.
  • Violencias que se incorporaron como parte de la normalidad doméstica y que no se identifican como tales.
  • Vergüenzas que se transmiten de una generación a otra sin que medie una reflexión explícita.
  • Mandatos familiares rígidos sobre cómo hay que ser, sentir o pensar para ser aceptado.
  • La dificultad para tolerar que un hijo tenga emociones, ideas o necesidades distintas a las previstas.

El psicólogo agregó que esas marcas suelen caracterizarse por un alto grado de rigidez, lo que se traduce en la escasa tolerancia frente a aquella parte de los hijos que no responde a las expectativas depositadas, y que esa misma rigidez es la que termina configurando uno de los núcleos más resistentes al cambio, ya que al estar incorporada de manera profunda, no suele ser puesta en cuestión durante largos períodos.

A quiénes alcanza este proceso y desde cuándo se puede empezar

El alcance de este fenómeno Involucra a cualquier adulto con hijos a cargo, así como a quienes ejercen roles de cuidado y a personas que se encuentran transitando procesos de maternidad o paternidad reciente, dado que las huellas de la infancia propia tienden a reactivarse con fuerza en esas etapas. En lo que respecta al inicio del trabajo sobre esos patrones, McCoubrey planteó que no es necesario aguardar a un momento concreto para comenzar a revisar la propia historia, sino que basta con la disposición a observar qué situaciones cotidianas despiertan reacciones que parecen desproporcionadas para luego abordarlas de manera gradual.

“Criar solo en oposición a la propia infancia puede volver la crianza reactiva: en vez de responder a las necesidades reales del hijo, se responde a una pelea pendiente con los propios padres.”Maxi McCoubrey, psicólogo especialista en trauma

Según el especialista, pretender hacer exactamente lo opuesto a lo que se vivió de chico tampoco asegura un mejor resultado, y hasta puede convertirse en una crianza reactiva, en la que la mirada está puesta en la disputa con los padres más que en las necesidades del hijo concreto. McCoubrey agregó que quien creció con un esquema muy rígido puede, llegado el caso, identificar como traumático cualquier tipo de frustración y, en consecuencia, privar a sus hijos de la oportunidad de atravesarla con acompañamiento. En sus palabras, la clave no reside en buscar un punto intermedio calculado, sino en mirar al hijo particular que se tiene enfrente: un límite, señaló, puede ser profundamente amoroso cuando protege y ordena sin humillar, del mismo modo que una libertad puede volverse abandonante cuando deja al niño frente a situaciones que aún no puede resolver solo.

A partir de los lineamientos difundidos por el especialista, una manera de advertir que la historia personal está interviniendo en la crianza consiste en prestar atención a reacciones que parecen desmedidas frente a situaciones cotidianas, ya sea una bronca que se desboca, una preocupación que se vuelve extrema o la necesidad imperiosa de mantener todo bajo control. Para el psicólogo, modificar esos patrones no requiere la promesa de no volver a equivocarse, sino la disposición a detenerse antes, a pedir una pausa y, cuando hace falta, a volver sobre lo ocurrido para reconocer que lo que se hizo no estuvo bien y ensayar otro modo. Tal como expuso McCoubrey, a veces el primer gran cambio no consiste en no gritar nunca, sino en recuperar la capacidad de interrumpir la escalada y de reparar el vínculo.

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Valentina SajamaSociedad y educación

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