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Miércoles, 4 de noviembre de 2026
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Pactos, herencias y ambición: lo que trae la cuarta temporada de La edad dorada

La serie de Julian Fellowes vuelve a la Nueva York de finales del siglo XIX con dos familias enfrentadas, nuevas alianzas y tramas sociales que prometen tensión durante toda la temporada.

Por Lucía QuipildorCultura y espectáculos · · hace 1 h
Pactos, herencias y ambición: lo que trae la cuarta temporada de La edad dorada

La cuarta temporada de La edad dorada llega con una premisa clara: retomar los conflictos entre los Russell y los van Rhijn en la alta sociedad neoyorquina de finales del siglo XIX. La serie, creada por Julian Fellowes, sostiene su atractivo en un reparto encabezado por Christine Baranski, Cynthia Nixon y Carrie Coon, al que se suman personajes secundarios cada vez más relevantes.

Dos frentes para los Russell

La temporada arranca con la familia Russell repartida en dos escenarios. George enfrenta dificultades políticas que amenazan su monopolio ferroviario, mientras Bertha viaja a Inglaterra para acompañar a su hija Gladys, ahora marquesa, en el nacimiento de su hijo. Esa distancia física cambia el tablero: la histórica rivalidad entre Bertha y Agnes van Rhijn cede lugar a una tregua tácita, y ambas mujeres empiezan a moverse en paralelo dentro de los circuitos de poder social de la ciudad.

Pactos y ambiciones en la alta sociedad

  • Agnes van Rhijn encuentra un nuevo lugar en las instituciones históricas de Nueva York y se prepara para recibir al presidente Grover Cleveland.
  • Oscar cierra un matrimonio que le conviene en varios sentidos, uniendo fuerzas con uno de los personajes más calculadores de la serie.
  • John, ex lacayo convertido en hombre de fortuna, intenta abrirse camino en una esfera social que todavía no lo acepta por completo.

Fuera del núcleo aristocrático aparece el contrapeso más concreto de la temporada. Además de John, la trama de Peggy, escritora e hija de una familia acomodada, muestra cómo se mueve una mujer negra educada en una Nueva York llena de prejuicios, incluidos los que llegan desde su propio entorno familiar y político.

En lo visual, la producción mantiene el nivel que distinguió a las temporadas anteriores, con una fotografía de época cuidada y un vestuario que funciona como registro de jerarquía social. La química entre Baranski y Nixon sostiene la dinámica central, y Coon, ausente en los primeros episodios, está destinada a retomar el centro de la acción cuando Bertha regrese de Europa.

La serie sigue siendo más generosa con los conflictos de las clases altas que con la vida cotidiana del servicio doméstico, una limitación que los arcos de John y Peggy empujan, aunque todavía sin cruzarla del todo.

LQ
Lucía QuipildorCultura y espectáculos

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