Entre formol y 16 milímetros: el documental maldito que se metió en una morgue valenciana
Rodado en 1981, "Cada ver es..." siguió la rutina de un conservador de cadáveres y quedó afuera de los cines, hasta convertirse en objeto de culto.
Hay películas que tardan décadas en encontrar a su público, y otras que ni siquiera llegan a tenerlo en su momento. La de Ángel García del Val pertenece a esa segunda familia. Su historia empieza en un lugar que casi nadie elige visitar: una morgue universitaria, con ese aire pesado que se pega a la ropa y que el propio documental parece querer transmitir. Lo filmó en 1981 siguiendo a Juan Espada del Coso, conservador de cadáveres en la Facultad de Medicina de Valencia, un hombre con 24 dioptrías y sin olfato, que pasaba sus jornadas entre formol, tejidos en descomposición y cuerpos seccionados para uso didáctico.
Un filme sin salas ni estreno
El camino de la película fue cuesta arriba desde el principio. La Dirección General de Cinematografía la calificó con la letra "S", una categoría reservada a producciones de destape, y además estaba rodada en 16 milímetros, un formato que la dejaba lejos de los requisitos mínimos para entrar en una sala comercial. Con esos dos obstáculos encima, quedó fuera de la distribución convencional y empezó a circular de manera marginal. Cuando llegó el mercado de VHS, la búsqueda se volvió casi artesanal: copias regrabadas llegaron a cotizarse en cinco mil pesetas.
Lo que la distingue de un simple registro médico es la manera en que García del Val arma el relato. La película abre con planos fijos de la morgue, golpes de montaje y una textura sonora que remite al inicio de "La matanza de Texas" (1974), con una diferencia de peso: los cuerpos que aparecen en pantalla son reales. La música alterna piezas clásicas de Ravel, Holst y Penderecki con silencios incómodos, y ese contraste hace que todo oscile entre lo fúnebre y lo cotidiano, como si el trabajo diario de un hospital no fuera tan distinto de cualquier otro oficio.
El hombre detrás del guardapolvo
Espada termina siendo un personaje involuntariamente complejo. Habla de cine de terror con la distancia de quien trata con la muerte de verdad y sostiene que el género no asusta "porque hay una cámara detrás de la chica". Maneja los cuerpos con rutina, pero también con una atención que el documental registra sin subrayarla. En una de las escenas describe una cabeza de mujer conservada en formol como "una cabeza muy bien conservada y con un color muy agradecido", una frase que, dicha en ese ambiente, golpea por lo serena que suena.
“Una cabeza muy bien conservada y con un color muy agradecido.”Juan Espada del Coso, conservador de cadáveres
El perfil que emerge es el de alguien corrido de la vida ordinaria por su oficio. García del Val incluyó además una secuencia con internos del centro psiquiátrico de Bétera que anticipa esa idea: el documental trata, entre otras cosas, sobre las personas que quedan fuera del cuadro social y sobre el tipo de trabajos que se les asignan. Desde ese lugar, la película deja de ser solo una curiosidad morbosa y se vuelve una mirada humana sobre quienes sostienen tareas que el resto prefiere no ver.
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