El alemán Zverev ya tiene en sus manos el trofeo que lo confirma como el mejor del mundo
En París, el número 1 de la ATP recibió el reconocimiento oficial a su ascenso, después de una temporada con dos Grand Slam y de un camino que buscó durante toda su carrera.
Hay trofeos que se levantan con la euforia del momento y otros que se besan con la calma de quien espera hace años. El que recibió Alexander Zverev este lunes en la Défense Arena de París pertenece a la segunda categoría. El alemán, de 29 años, cerró así el reconocimiento formal a una posición que persiguió durante toda su carrera en el circuito profesional.
El dato histórico pesa. Zverev se convierte en el trigésimo tenista en llegar a la cima desde que el ranking ATP empezó a registrar posiciones, en 1973. En la historia del tenis alemán, solo Boris Becker lo había logrado antes, en 1991.
Un club selecto y una edad que cuenta
Con 29 años y 196 días al momento de llegar al primer puesto, Zverev es el segundo jugador de mayor edad en debutar en esa posición. Solo el australiano John Newcombe lo hizo más tarde, con 30 años y once días. Dicho en criollo: no es un chico que llegó de sorpresa, sino un tipo que tardó lo suyo y se quedó con la medalla.
“Estar en el club del número 1 del mundo con estos grandes campeones es uno de los mayores honores que puedes tener como jugador de tenis. Formar parte de él es una sensación increíblemente especial.”Alexander Zverev
Dos Grand Slam y una madre en el centro de la historia
La temporada que respalda este reconocimiento incluyó dos títulos de Grand Slam: Roland Garros y el US Open. En una carta abierta publicada por la ATP, el propio jugador recordó que había llegado al número 2 por primera vez hace más de cuatro años y dejó una frase que suena a madurez: a veces, en la vida toca esperar por las mejores cosas.
Lo más emotivo llegó en los agradecimientos. Zverev nombró a su padre, Alexander Sr., y a su hermano Mischa, pero reservó el lugar central para su madre, Irina, a quien describió como la persona más importante de su trayectoria. Fue ella quien le enseñó a jugar al tenis y quien lo acompañó desde los cuatro años, cuando le diagnosticaron diabetes tipo 1. Según contó, fue ella también quien le transmitió que esa condición no le impediría perseguir sus objetivos deportivos.
