La bola negra, la película que los Javis armaron mirando cine: de Coppola a Sofia y pasando por Penélope en un tanque
Javier Ambrossi y Javier Calvo contaron cómo un documento con filmes y lecturas sirvió para orientar a todo el equipo de su nuevo estreno, que ya está en las salas con guiños a Apocalypse Now, Ven y mira y La conversación, entre otras.
Hay algo que me pasa cada vez que entro a una sala y todavía no sé qué voy a ver: un rumor sordo de butacas, ese olor a pochoclo recién hecho que se pega al aire como una marca registrada de las funciones grandes, y la expectativa de que en algún momento la pantalla me va a proponer un viaje. Eso sentí cuando me senté a leer la promoción de La bola negra, la nueva película de Javier Ambrossi y Javier Calvo, los Javis, que llegó a los cines el 25 de septiembre y que vino envuelta en una curiosidad que a mí, como espectadora, me encanta: la idea de que detrás de cada plano hay una conversación previa con otras películas, con otros libros, con otras formas de mirar.
Porque la particularidad de este estreno no es solamente la historia que cuenta ni el elenco que la sostiene, sino el método con el que los directores la construyeron. Ambrossi y Calvo no se limitaron a explicarles a sus equipos qué querían rodar: armaron un documento único, una especie de brújula compartida, donde reunieron títulos y lecturas para que todos, desde dirección de arte hasta vestuario, manejaran un mismo mapa emocional y estético. "Trabajamos con un documento que le enviamos a todo nuestro equipo de pelis que hay que ver y lecturas que hay que hacer", contó Ambrossi, y esa frase me parece que resume una manera de entender el cine como un diálogo permanente con lo que ya se filmó.
Un recorrido por las películas que los Javis pusieron sobre la mesa
- Ven y mira, citada por Ambrossi, una de las piezas más duras del cine bélico de Elem Klimov.
- Cold War, de Pawel Pawlikowski, estrenada en 2018, con su blanco y negro y su romance imposible como norte visual.
- La conversación, de Francis Ford Coppola, otro clásico del realizador de El padrino.
- La mirada de Ulises, de Theo Angelopoulos, el director griego de los planos largos y la melancolía.
- El cine de Sofia Coppola, como guía de vínculo entre personajes desorientados en mundos que no les pertenecen.
Ese listado, que los directores no difundieron completo, funcionaba como un idioma común. Cuando había que conversar sobre una escena, una decisión de vestuario o un personaje literario, el equipo podía sentarse a ver la misma película y leer el mismo libro. No se trataba de copiar, me queda claro, sino de tener un campo de referencias que evitara las explicaciones largas y las reuniones eternas: un capítulo podía orientar una búsqueda entera, y un vestido podía servir para expresar una idea que de otro modo costaría palabras. A mí esa lógica me resulta muy de oficiar: el cine como un oficio que se transmite en comunidad, no en soledad.
Penélope Cruz, un tanque y el eco de Apocalypse Now
“Lo mismo pero con Penélope Cruz en un tanque.”Javier Calvo
De todas las conexiones que los Javis compartieron en la promoción, la que más me hizo sonreír fue la que contó Calvo, y la confieso porque acá me toca contar en primera persona lo que me pasó mientras leía: me imaginé la escena y se me dibujó una sonrisa inevitable. El director recordó la secuencia de Apocalypse Now en la que unas bailarinas actúan frente a los soldados y deben escapar en helicóptero cuando los hombres se abalanzan sobre ellas. Para describir el vínculo con su película, lo resumió con una frase que es de esas que uno repite en la calle al salir del cine: "Lo mismo pero con Penélope Cruz en un tanque". La imagen es tan potente y tan delirante que ya quisiera yo estar del otro lado de la pantalla para comprobar cómo resolvieron ese momento.
Sofia Coppola como brújula de personajes perdidos
Hay una coincidencia que me atraviesa cada vez que veo una película de Sofia Coppola y que los Javis la notaron: la relación siempre entre dos personajes que están perdidos en mundos que no les corresponden, como dijo Ambrossi. Esa dinámica de desubicación, de no pertenecer del todo al lugar donde uno está, aparece como una de las claves de lectura de La bola negra, y la honestidad con la que el director la nombra me parece un gesto de al cine de la realizadora estadounidense. No es un guiño gratuito: es un modo de entender que ciertos relatos necesitan protagonistas que miren el mundo con asombro, aunque ese mundo no los termine de aceptar.
Con el estreno ya en cartel, lo que queda es esa invitación que los propios directores plantearon al cierre de la promoción: que cada espectador se acerque a buscar las conexiones en la película. Yo, por las dudas, ya me guardé en la memoria los títulos de ese documento imaginario, porque cuando uno va a ver un filme construido a partir de otros filmes, la experiencia se vuelve un juego de hallazgos. Y en este oficio de contar películas, esos hallazgos son los que después uno se lleva puestos a la salida, en la calle, mientras todavía huele a pochoclo el aire.
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