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Martes, 20 de octubre de 2026
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El Greco, la confitería de Caballito donde el tiempo se sentó a la mesa y nunca más se fue

Sobre la avenida Rivadavia, un local con más de siete décadas de historia sigue repartiendo facturas vienesas, sándwiches de miga y un dato insoslayable: entre sus paredes se cocinó el nacimiento de Sui Generis.

Por Micaela VilteTurismo · · hace 1 h
El Greco, la confitería de Caballito donde el tiempo se sentó a la mesa y nunca más se fue

Te voy a confesar algo antes de arrancar: hay días en los que uno camina por Buenos Aires con la sensación de que la ciudad se apuró demasiado. Y después aparece un lugar como El Greco, en Caballito, y te das cuenta de que no, que todavía queda algún rincón que se plantó en su época y se niega a moverse. En pleno corazón de la avenida Rivadavia, este local abrió sus puertas en 1952 y, casi sin tocar su esencia, sigue siendo una de esas confiterías porteñas que parecen salidas de una foto en blanco y negro, aunque atiendan con las cocktail de siempre.

Para que te ubiques mejor: la historia del lugar es bastante más larga. A fines del siglo XIX funcionaba ahí el café Campidoglio, con sus mesas de billar y sus partidas de cartas interminables. Con los años cambió de dueños, terminó cerrando en 1949 y el edificio original fue demolido para levantar el actual. El que abrió después fue El Greco, con una propuesta bien clara: pastelería de primer nivel, sándwiches de miga de autor y rotisería para aguantar el día entero. Y así sigue, casi como si el tiempo hubiera firmado un acuerdo para no tocar nada importante.

Las vitrinas como corazón del asunto

La primera vez que crucé la puerta me pasó lo de siempre: me pegué contra la vitrina como un chico chico y no sabía por dónde empezar a mirar. Las facturas vienesas, que siguen hechas con manteca como corresponde, salen a unos 24.000 pesos la docena. Las masas finas y secas cuestan alrededor de 40.000 pesos el kilo. Pero si vamos al plato fuerte de la casa, hay que hablar sí o sí de los sándwiches de miga: grandes, generosos en el relleno, cortados en triángulos y armados en el momento, sin freezer ni vueltas.

  • Rellenos clásicos: jamón crudo, jamón cocido y queso, atún, vitel toné, cantimpalo.
  • Versión especial: blanco de pavita con rúcula y parmesano.
  • Opción vegetariana: alcauciles, morrón, berenjena, zanahoria y aceitunas.
  • La docena de triples con rellenos clásicos está en 39.600 pesos.

Esa misma tarde pedí un sándwich de vitel toné y me lo llevé a una mesa del salón. A mi lado, un señor de unos setenta años le decía al mozo lo de siempre, sin consultar la carta. Del otro lado, una pareja joven compartía una docena para el camino. La verdad es que esa mezcla de generaciones, hablando todas de comida y de historia, es lo que termina de cerrar la experiencia.

El nacimiento de Sui Generis, detrás del café

Ahora, lo que muy pocos saben al pasar por la vereda es que entre esas mesas se escribió un capítulo clave del rock argentino. A finales de los años sesenta, Charly García, Alejandro Correa y Beto Rodríguez se juntaron justamente en El Greco con Carlos Piegari para sumarlo al grupo. Piegari puso una sola condición: que también metieran a Nito Mestre en la formación. Dicho y hecho. De ahí salió Sui Generis, una de las bandas fundacionales del rock nacional. Cada vez que lo cuento en alguna nota me parece mentira, pero acá está: el germen de aquella historia se sirvió en banderita, junto con un café.

De la merienda al plato principal

Para quien se acerque al mediodía o a la noche, la carta se estira y se pone seria: pollo al champiñón, lomo a la castaña y milanesas en todas sus variantes, con la clásica Mary como una de las más pedidas. El vitel toné se prepara especialmente para la temporada, con esa receta que en Buenos Aires es casi patrimonio cultural. Y para el que tiene pensado ir en colectivo o en subte, conviene saberlo: El Greco queda a pocas cuadras de la estación Caballito de la línea E, así que se llega bien fácil, sin gastar demasiado en remise.

Si me dejás darte un solo consejo práctico, anoto: andá con tiempo, sentate en una mesa del salón y pedí un sándwich de miga de jamón crudo y queso con una factura con crema. Para el postre, no te vas a arrepentir con una vuelta rosca o un trozo de la torta del día. Y si el bolsillo te da, cerrá con una docena de masas finas para llevar y compartir en casa.

“El Greco sigue siendo de esos lugares a los que uno entra a merendar y termina quedando dos horas, conversando con el mozo como si fuera de la familia. Si vas, sentate tranquilo y pedí el vitel toné: la guarnición que preparan ahí es de las que se comentan.”Micaela Vilte, Turismo
MV

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