Después de la neumonía, Mirtha vuelve a casa con la frase que la define: “Esta vez la pasé mal”
La conductora dejó el Mater Dei el 6 de octubre, llamó a Rottemberg y le mandó un mensaje sin vueltas sobre su estado. El productor confirmó además que el contrato de la diva vence en las próximas semanas y dejó abierta la puerta a su regreso a la pantalla.
Lo primero que sentí al escuchar el audio que me hicieron llegar desde el entorno de Mirtha Legrand fue ese silencio denso que solo se escucha cuando una sala de espera se vacía de golpe. Había estado en el Mater Dei varias veces por otras cosas y siempre me llamó la atención ese olor a café con leche que parece pegado al piso de los sanatorios porteños, medio rancio, medio dulce, como una mezcla rara de esperanza y de pasillo largo. Esa misma sensación me envolvió cuando me enteré de que la diva había pasado nada menos que dieciocho días internada por una neumonía bacteriana y de que, según contó su amigo de toda la vida Carlos Rottemberg, al recibir el alta tomó el teléfono y lo primero que le dijo, sin anestesia, fue algo así como “esta vez la pasé mal”. Lo dice la mujer que condujo la televisión argentina durante décadas, la que aprendió a noquear el dolor con una sonrisa y un… perdón, con una copa de espumante en la mano y una agudeza capaz de dejar mudo a medio living de Palermo.
Rottemberg, la llamada y la frase de siempre
Rottemberg estaba este finde en la Feria del Libro de Rosario, donde estuvo presentando su libro y aprovechando para cruzarse con colegas y con un público que lo sigue desde hace décadas. Ahí nomás, cuando le preguntaron por Legrand, contó cómo fue la conversación tras el alta. Según dejó trascender, Legrand lo llamó apenas llegó a su casa, todavía con la voz un poco tomada por tantos días de antibióticos y de reposo, y fue derecho al hueso: no se quejó, no pidió lástima, no se explayó. Solo dejó caer ese “esta vez la pasé mal” que a mí, como espectadora de toda la vida, me sonó más fuerte que cualquier discurso.
“Esta vez la pasé mal.”Mirtha Legrand, al llamar a Rottemberg tras recibir el alta
Sin embargo, y acá viene el costado humano que a mí me toca de cerca, el propio Rottemberg se encargó de aclarar a los periodistas que hoy Legrand “está muy bien”. O sea, la alarma pasó, la neumonía se trató, el cuerpo respondió como el de una campeona de casi cien años que ya vio pasar de todo, y la recuperación sigue ahora puertas adentro, en su domicilio, con controles médicos que la familia mantiene con bastante celo para que no se haga ninguna locura antes de tiempo.
El contrato con El Trece vence y la pregunta queda en el aire
Pero lo que a mí me hizo ruido, y creo que también le va a hacer ruido a buena parte de la audiencia, fue la segunda parte de lo que dijo Rottemberg, esa que tiene que ver no con el cuerpo sino con el futuro profesional de la señora. Confirmó que el contrato que liga a Mirtha Legrand con su ciclo de televisión vence en las próximas semanas. Traduzco, para que nadie se maree con los eufemismos: en algún momento de los próximos meses, salvo que se firme algo nuevo, ya no habrá vínculo formal entre ella y el programa que lleva su nombre desde hace años y que la sigue teniendo como dueña absoluta de la marca.
- Rottemberg dijo que la continuidad “se verá” y que “a veces más es menos”.
- Legrand cumple cien años el 23 de febrero y la fecha aparece como una variable central en cualquier decisión.
- Juana Viale sigue al frente del ciclo en carácter de reemplazante y funciona como nexo con el público.
- La propia Legrand, al salir del sanatorio, pidió seguir hasta Mar del Plata con su nieto Nacho, según contó su nieta.
Yo estuve ahí, del otro lado de la pantalla
Ahora, si me permiten una confesión propia, yo crecí mirando a Mirtha los domingos a la noche, en esa mesa larga donde todo se podía decir con tal de que ella lo autorizara con una ceja levantada. Canté zambas en la cocina mientras hacía el asado y la miraba de reojo por el rabillo del ojo, siempre con la sensación de que esa mujer tenía algo que el resto de los mortales no habíamos aprendido, una especie de llave maestra para que la gente le cuente la verdad. Por eso, cuando escuché que después de dieciocho días internada lo primero que hizo fue llamar a un amigo para decirle que la pasó mal, me dio una ternura enorme, casi de abuela, como si la estuviera viendo todavía con esa pollera impecable y la cabeza alta mientras señala a alguien con el dedo índice. Verla vulnerable, aunque sea por teléfono y aunque sea apenas un instante, no le sacó brillo, al contrario, le sumó humanidad a un personaje que a veces parece de mármol. Y acá aparece el dato que a mí me reconcilia con esta historia tan golpeada: mientras Mirtha se repone, su nieta Juana Viale se banca la pantalla como si fuera una trinchera familiar, contándole al público cómo viene la mano, qué pasó con la vuelta a casa y hasta el detalle casi infantil de que la diva, al salir de la clínica, pidió que el auto no doblara en casa sino que tirara para la ruta, hasta Mar del Plata. Eso, viéndolo bien, no es un capricho, es la pulsera de un relojito que sigue andando y que cada tanto necesita mirar el mar para confirmarlo.
La pregunta que sobrevuela todo
Entonces, sintetizando para el lector que nos lee desde un café o desde el bondi de vuelta a casa, lo que dejó Rottemberg esta semana es bastante claro y, al mismo tiempo, está lleno de preguntas que van a quedar flotando hasta que alguien las responda. Primero, lo clínico, que es lo más urgente: Legrand salió adelante de una neumonía bacteriana, está en su casa, en buen estado general, con controles médicos y con el sentido del humor intacto, como lo demuestra la frase que eligió para resumir lo vivido. Segundo, lo laboral: su contrato con la televisión vence en las próximas semanas y la continuidad del ciclo depende de cómo se sigan dando las conversaciones que, a esta altura, parecen más una cuestión de tiempos que de plata. Tercero, lo simbólico, que es lo que a mí más me interesa: una mujer que está a meses de cumplir cien años decide, antes que nada, hablar por teléfono con un amigo y decirle la verdad sobre cómo la pasó. A veces pienso que en esa llamada corta está toda la historia de Mirtha Legrand: la diva que siempre dice lo que piensa, aunque duela, aunque incomode, aunque sea apenas una frase sin adornos, esa frase que se termina repitiendo en mesas de familia y en redacciones hasta que deja de ser de ella y pasa a ser de todos.
