Veinticinco años del 11-S: por qué hoy te sacás los zapatos y metés los líquidos en una bolsita
Un cuarto de siglo después de los atentados que cambiaron la seguridad aérea, las reglas que nacieron ese día siguen rigiendo cada embarque. Lo que hay que saber antes de hacer la fila en el control, en una guía para llegar al aeropuerto sin sorpresas.
Le confieso una cosa: cada vez que me toca pasar por el escáner y me piden que saque el calzado, la laptop y esa bolsita transparente con los líquidos que llevo siempre a último momento, pienso lo mismo. Qué distinto era volar antes. Y sí, qué distinto era todo antes del 11 de septiembre de 2001. A veinticinco años de los atentados que sacudieron a Estados Unidos y al mundo entero, las medidas de seguridad que aparecieron como consecuencia directa de aquella jornada siguen siendo, en buena medida, las mismas que se aplican hoy en casi cualquier aeropuerto del planeta. Para quienes volamos seguido, ya son parte de la coreografía. Para quienes viajan menos, vale la pena repasarlas antes de llegar a la terminal, porque un descuido te puede costar perder el vuelo.
Cómo se redefinió la seguridad en los aeropuertos
El cambio más visible llegó a los pocos meses de los atentados: en noviembre de 2001, Estados Unidos creó la Administración de Seguridad del Transporte, más conocida como TSA por sus siglas en inglés. La agencia reemplazó a las empresas privadas que hasta entonces se encargaban de los controles y pasó a tener inspectores federales con formación propia. Con el tiempo, ese modelo se replicó, con matices, en buena parte de los aeropuertos del mundo, incluida la Argentina.
Pero el 11-S no fue el único capítulo que terminó de moldear lo que hoy vemos en las filas de embarque. Hubo dos intentos posteriores que dejaron huella. El primero, cuando un pasajero intentó detonar explosivos escondidos en su calzado: desde entonces, en muchos aeropuertos internacionales hay que sacarse los zapatos antes de pasar por el escáner. El segundo, el plan desbaratado en 2006 para usar explosivos líquidos en vuelos entre el Reino Unido y Estados Unidos: de ahí viene la famosa regla de los 100 mililitros que tantos dolores de cabeza genera cada vez que uno arma la valija.
Las reglas que siguen vigentes hoy
- Líquidos, geles y aerosoles en el equipaje de mano: solo se permite hasta un litro en total, repartido en envases individuales de no más de 100 mililitros, todos dentro de una bolsa de plástico transparente con cierre. La regla aplica a perfumes, cremas, desodorantes y hasta a esa salsa casera que a veces uno lleva de regalo.
- Dispositivos electrónicos: hay que sacarlos de la mochila y pasarlos por el escáner en una bandeja aparte. Laptops, tablets y cámaras grandes suelen ser los más revisados.
- Calzado: en la mayoría de los aeropuertos internacionales piden retirarlo junto con el cinturón y las prendas sueltas. En algunos casos alcanza con el calzado voluminoso, como botas o taco alto.
- Objetos punzantes: las tijeras, los cortaúñas con punta, los cuchillos pequeños y cualquier elemento cortante van en el equipaje despachado, no en la cabina. La cabina de pilotos, además, quedó blindada: no se puede acceder a ella durante el vuelo y las tripulaciones reciben entrenamiento específico para actuar ante situaciones críticas.
Un dato que muchos subestiman: todo este andamiaje de controles lleva tiempo. Y mucho. Para vuelos internacionales, la recomendación general es presentarse en el aeropuerto con al menos tres horas de anticipación; para vuelos de cabotaje, dos. En temporada alta o en fechas pico como vacaciones de invierno o fin de año, conviene sumar un margen extra, porque las filas en el escáner pueden ser bastante largas. Yo aprendí por las malas que llegar justo es una pésima idea: un control secundario te puede comer veinte minutos sin aviso.
El caso argentino y un consejo práctico
En la Argentina, la empresa de bandera autoriza a sus pasajeros a llevar determinados elementos para hacer más llevadera la espera: productos de higiene personal, algunos alimentos y hasta juguetes para chicos están permitidos en cabina, siempre que respeten los topes de líquidos. Mi recomendación, si va a volar desde Aeroparque o Ezeiza, es revisar la página oficial de Aerolíneas Argentinas antes de armar la mochila: las listas se actualizan seguido y lo que ayer estaba permitido hoy puede no estarlo. Y un consejo que me ahorro más de un disgusto: compre una bolsita transparente tipo ziploc de las grandes antes de salir de casa. Cuestan pocos pesos en cualquier librería o dietética, y evitan tener que revolver la valija en la fila del control. La inversión ronda los dos mil pesos y le ahorra, créame, más de un dolor de cabeza.
Antes de cerrar, una recomendación que a mí me salvó más de una vez: si tiene hambre y tiempo de sobra antes del embarque, no se quede con lo que ofrece el patio de comidas de la terminal. En Aeroparque, por ejemplo, el primer piso tiene locales con opciones bien rendidoras y precios más razonables que los del aire side. Mi favorito de siempre es un clásico de siempre: un buen sándwich de milanesa con papas fritas en una de las rotiserías históricas de la zona, a pocas cuadras del aeropuerto. Sale menos de la mitad que adentro y, si llega con margen, se lo come tranquilo mirando los aviones. Créame: con el estómago lleno y la bolsita ziploc lista, hasta la fila del escáner se hace más corta.
