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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Valencia a la mesa: un viaje entre bares del Grao, tabernas del Cabanyal y recetas de la huerta

Lejos del cliché de la paella, la ciudad ofrece un recorrido con horarios, direcciones concretas y platos de mar, huerta y Albufera. Una guía para almorzar como un valenciano y terminar pidiendo otra ronda.

Por Micaela VilteTurismo · · hace 29 d
Valencia a la mesa: un viaje entre bares del Grao, tabernas del Cabanyal y recetas de la huerta

Les confieso algo: cuando uno piensa en Valencia, lo primero que aparece en la cabeza es una paella humeando en la playa. Error mío durante años. La gastronomía valenciana es mucho más amplia y, sobre todo, mucho más divertida si uno se anima a salir del plato único. Hay un universo entero para recorrer, con horarios que conviene respetar y direcciones que vale la pena anotar antes de salir a caminar.

El esmorzaret: la previa del mediodía

Si hay una costumbre que define a los valencianos a la mañana, esa es el esmorzaret. Se sirve desde temprano hasta cerca de las 12 y es, en criollo, un almuerzo de a tres pasos: arranca con aceitunas y cacaus del collaret, sigue con un bocadillo bien regado de cerveza y cierra con un cremaet, que es ni más ni menos que la versión local del carajillo. Algunos bares suman encurtidos o altramuces para picar mientras llega el pan.

Para probarlo en serio, les dejo algunas direcciones que funcionan como punto de partida. La Pascuala queda en Dr. Lluch 299; Marvi, en Justo y Pastor 14; y La Peseta, en Cristo del Grao 16. Si están del otro lado de la ciudad, también sirven un buen esmorzaret La Pérgola, en Paseo de la Alameda 1, y Alhambra, en Calixto III 8, que de paso ofrece tortillas de papa riquísimas. Mi consejo prático: armen un grupo de tres o cuatro personas, pidan varios bocadillos para compartir y calculen unos 15 a 20 euros por cabeza con la cerveza incluida. Está a poca distancia entre sí en el barrio del Grao, así que se puede hacer a pie.

El Cabanyal: mar, historia y taberna con toneles

Después del esmorzaret hay que caminar hacia el Cabanyal-Cañamelar. Este barrio de calles angostas y casas con azulejos guarda dos tesoros que no hay que dejar pasar. El primero es la titaina, una preparación que mezcla tomate, pimiento rojo asado, ajo, aceite de oliva virgen, piñones y ventresca de atún salada. El segundo son las clótxinas, los mejillones valencianos, más chicos que los gallegos o los del Delta del Ebro, pero con un sabor intenso que justifica el viaje.

En ese barrio funciona Casa Montaña, una taberna fundada en 1836 que ya forma parte del paisaje. Adentro lo reciben grandes toneles, una barra de mármol, mesas altas y azulejos de época. La carta es una invitación a quedarse: anchoas del Cantábrico, papas bravas, michirones estofados, ajoarriero y atún rojo del Mediterráneo marinado con siete especias. Les recomiendo pedir el atún con las anchoas y compartir los michirones. El ticket por persona ronda los 25 a 30 euros y la experiencia bien lo vale.

Tapas en el Carmen y platos de la huerta

Si el cuerpo pide tapeo más clásico, el barrio del Carmen tiene su propia posta. Tasca Ángel prepara unos lomos de sardina a la plancha con aceite, ajo y perejil que son de los mejores que probé en mucho tiempo. La carta suma sepia en su tinta, caracoles, callos y mollejas de cordero, un recorrido que resume cómo se come en la zona.

Para meterse de lleno en la cocina regional, Anyora trabaja el figatell, una preparación de tocino magro e hígado envuelta en una membrana llamada redaño. Y si la idea es combinar compra y comida, Ultramarinos Huerta, en Carrer del Mestre Gozalbo 13, es un hallazgo: vende vinos, conservas, fiambres y quesos, y a la vez sirve croquetas, albóndigas y canelones que se pueden comer en el mostrador. Está perfecto para una parada antes de seguir caminando.

Toda esta variedad tiene una explicación que los valencianos conocen bien: la huerta, la costa y la Albufera, donde se cultivan arroces como Bomba, Senia y Albufera. Ese mismo entorno explica el all i pebre, receta de pescado con mucho ajo y perejil, y el arròs amb fessols i naps, un guiso reconfortante con alubias y nabos que en los días frescos abriga el alma.

“Recorrer Valencia con el estómago como guía es entender que detrás de cada barrio hay un plato que cuenta una historia distinta. Lo mejor es animarse a pedir lo que uno no conoce y dejarse llevar por la barra.”Micaela Vilte
MV

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