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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Una travesía por dentro del volcán Malacara: cómo es la caminata que recorre sus cárcavas en el sur mendocino

En el paraje La Batra, cerca de Malargüe, la familia Quezada administra un predio que permite caminar entre depósitos volcánicos, paredes de distintos colores y un mirador con vista hacia la laguna de Llancanelo. El circuito turístico nació a partir de los estudios de la geóloga Corina Risso.

Por Valentina SajamaSociedad y educación · · hace 26 d
Una travesía por dentro del volcán Malacara: cómo es la caminata que recorre sus cárcavas en el sur mendocino

En el sur de Mendoza, el volcán Malacara ofrece una experiencia poco habitual: recorrer parte de su interior a través de un circuito de caminata que atraviesa dos de sus tres cárcavas y culmina en un mirador con vista hacia la laguna de Llancanelo. El acceso se realiza en el paraje La Batra, dentro de un campo administrado por la familia Quezada, donde el turismo comenzó a organizarse de manera sostenida a partir de las investigaciones que la geóloga Corina Risso desarrolla desde hace más de dos décadas en la zona.

Qué cambia en el recorrido

La propuesta combina una caminata por el interior del aparato volcánico, la observación directa de las formaciones rocosas y una parada final en un punto elevado desde el cual se distingue, a lo lejos, la laguna de Llancanelo. A lo largo del trayecto, el visitante se encuentra con paredes onduladas, sectores de roca amarilla y depósitos de materiales oscuros. La luz ingresa por las aberturas superiores y el aire frío circula entre las grietas, lo que configura una experiencia sensorial diferente de los recorridos de montaña convencionales. Los tres cráteres que el volcán tiene en su parte alta quedan prácticamente ocultos para quien lo transita desde abajo, producto de la forma del terreno y de la cobertura vegetal.

A quién alcanza y cómo se organiza

La actividad está pensada para visitantes que buscan una salida al aire libre con contenido geológico. El manejo del acceso corresponde a la familia Quezada, que reemplazó en ese sector del campo la cría tradicional de animales por la recepción de turistas. Las primeras salidas se realizaban a caballo por senderos del propio predio. En 2006, la habilitación de una antigua huella petrolera permitió el ingreso con camioneta y, más adelante, con maquinaria para el acondicionamiento del camino.

“El Malacara se formó por la interacción del magma con el agua, posiblemente de una antigua laguna. Ese contacto fragmentó la lava y la alteración de los materiales produjo buena parte de las superficies amarillas. Cuando el agua dejó de intervenir, la erupción continuó y se acumularon materiales oscuros sobre los anteriores. Mucho después, la erosión abrió los corredores que hoy se recorren.”Corina Risso, geóloga, investigadora y docente de la Universidad de Buenos Aires
  • Qué cambia: un sector del campo dedicado a la ganadería se reconvirtió en un circuito turístico con caminata, observación de depósitos volcánicos y un mirador sobre la laguna de Llancanelo.
  • A quién alcanza: a visitantes que llegan al paraje La Batra, en el departamento de Malargüe, y a la propia familia Quezada, que administra el acceso y trabaja con guías de la zona.
  • Desde cuándo: el turismo se desarrolla de manera sostenida desde principios de la década de 2000, tras la llegada de la geóloga Corina Risso al campo en 2000 y la presentación de sus investigaciones en Malargüe en 2002; el ingreso vehicular se habilitó en 2006 sobre una huella petrolera preexistente.

Risso, geóloga e investigadora de la Universidad de Buenos Aires, llegó al lugar en 2000 con la ayuda de Alberto “Beto” Quezada. Dos años más tarde presentó sus estudios en Malargüe, en el marco de encuentros académicos que pusieron en valor el patrimonio geológico del departamento, mientras la familia Quezada iniciaba el trabajo conjunto con guías locales. El vínculo entre la investigación científica y la administración familiar del predio fue, según los relatos recogidos en el lugar, el punto de partida de la actual propuesta turística. Los depósitos que se observan durante la caminata son frágiles y pueden desgranarse al simple contacto, por lo que se recomienda extremar los cuidados al transitar por las paredes y los sectores de roca suelta.

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Valentina SajamaSociedad y educación

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