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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Una terraza vidriada en Recoleta para mirar el cementerio desde el aire, con audioguía y merienda

En el último piso de un hotel boutique de Junín 1727 funciona un mirador abierto al público que permite ver cúpulas, mausoleos y pasillos del Cementerio de Recoleta sin pagar entrada al predio. La experiencia suma 57 relatos en audio y una propuesta de café o copa de vino al atardecer.

Por Micaela VilteTurismo · · hace 41 d
Una terraza vidriada en Recoleta para mirar el cementerio desde el aire, con audioguía y merienda

Les cuento una perlita que encontré dando vueltas por Recoleta y que me cambió la manera de mirar uno de los lugares más visitados de Buenos Aires. En el piso superior del hotel Urban Suites, sobre la calle Junín al 1727, funciona un mirador acristalado que permite ver el Cementerio de Recoleta desde arriba. La idea es sencilla y a la vez potente: en lugar de caminar entre los mausoleos, uno se sienta frente a un ventanal y los observa como si fuera un mapa en relieve, con las cúpulas, las estatuas y los pasillos internos desplegados a los pies.

Cómo es la experiencia

La terraza está abierta todo el año porque es vidriada y tiene clima controlado, así que ni el frío de julio ni el calor de enero la sacan de servicio. Los turnos duran unos 40 minutos, un tiempo calculado para que la visita entre como pausa en una recorrida más amplia por la zona, que tiene al Centro Cultural Recoleta y al Museo Nacional de Bellas Artes a pocas cuadras.

  • Vista aérea de cúpulas, mausoleos y pasajes del cementerio sin ingresar al predio.
  • 57 audioguías en español, inglés y portugués, accesibles por códigos QR en los ventanales.
  • Investigación y textos a cargo del escritor Daniel Naler Roxlo.
  • Por la mañana, desayuno con café con leche, chocolate, té, medialunas o churros.
  • Al atardecer, copa de vino con mini picada individual.
  • Acceso abierto a turistas y visitantes externos, no solo a huéspedes del hotel.
  • En días despejados se llega a ver el Río de la Plata a lo lejos.

Me gustó particularmente que la propuesta no sea un restaurante disfrazado: la gastronomía es un acompañamiento justo de la experiencia. Por la mañana te sirven un desayuno bien porteño y, cuando cae el sol, la cosa cambia a una copa de vino con una mini picada individual, ideal para terminar el día mirando cómo se prenden las luces del cementerio. El acceso es abierto y conviene reservar turno con anticipación para no quedar afuera.

Mi consejo práctico: si van, Dense el gusto de ir al atardecer, lleven la copa de vino con la picada y queden un rato en silencio mirando el cementerio desde arriba. La entrada es mucho más barata que una visita guiada clásica y la perspectiva es totalmente distinta. Para comer bien después, a pocas cuadras están las tradicionales pizzerías de la zona de Recoleta, pero yo les recomiendo cruzar hacia el Centro Cultural y sentarse en algún bar de la zona de Posadas, donde se come rico y se puede seguir la charla sobre las historias de los 57 personajes que acaban de conocer por audio.

MV

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