Una palabra en inglés, un significado que va mucho más allá de lo que dice el diccionario: la historia del nombre de Bleach
Tite Kubo descartó Black y White antes de dar con una palabra que, traducida al castellano, parece de lo más doméstica. Pero detrás de esa elección hay una lógica visual, simbólica y hasta musical que todavía hoy sigue dando que hablar.
A esta altura ya lo confesé varias veces en esta columna, pero vale la pena repetirlo: yo llegué tarde al mundo del animé. Crecí leyendo historietas nacionales, escuchando folklore con mi vieja en la cocina y viendo alguna que otra serie de tarde por el canal que fuera, así que cuando todos mis compañeros de secundaria se desmayaban por Ichigo Kurosaki o hablaban de arcos argumentales como si fueran clases de la facultad, yo me limitaba a sonreír con cara de no entender nada y cambiar de tema. Por eso, cuando finalmente me senté a ver Bleach de grande, ya con la cabeza más ordenada y con el oficio de preguntar de dónde vienen las cosas bien metido en el cuerpo, lo primero que me llamó la atención no fue una pelea ni un giro de la trama, sino algo mucho más elemental: el título. Una palabra en inglés, corta, seca, que traducida al castellano significa algo tan de como lejía. ¿Por qué un manga que se volvió un fenómeno planetario lleva el nombre de un producto que uno usa para sacar manchas de la ropa?
El camino que descartó Kubo hasta llegar a la palabra definitiva
Para responder esa pregunta hay que retroceder hasta los borradores mentales del autor, Tite Kubo, que por lo que se conoce no es de los mangakas que eligen un nombre a la ligera. La primera opción que rondó su cabeza fue Black, por una cuestión bastante directa: los Shinigami, esos funcionarios espirituales que se dedican a guiar las almas de los difuntos, visten uniforme negro, y a Kubo le parecía que esa palabra podía funcionar como una especie de etiqueta visual del universo que estaba inventando. El problema, según él mismo reconoció con el paso del tiempo, era que Black le resultaba demasiado simple, casi plano, como si le faltara una vuelta de tuerca. Entonces probó con la opuesta, White, y ahí la justificación tampoco era caprichosa: los capitanes del Gotei 13 llevan chaqueta blanca, y los dos grupos enemigos más importantes que aparecen a lo largo de la saga, los Arrancar y los Quincy, también visten de ese color. O sea que el blanco tenía argumentos fuertes para quedarse con el puesto, pero al autor tampoco lo convenció del todo.
Fue recién en una entrevista con la publicación especializada Anime Insider, en 2008, que Kubo contó cómo terminó cruzando la frontera del idioma y eligiendo una palabra en inglés que, en su traducción más cruda, designa un producto de limpieza. Si uno pone lejía, razonó el mangaka, automáticamente la gente la asocia con el color blanco. Y así fue como, sin que nadie lo esperara, terminó cerrando el título con esa palabra que después se volvió una de las marcas registradas del género.
“Si ponés lejía, la gente lo puede asociar con el color blanco. Así es como llegamos a Bleach.”Tite Kubo, en entrevista con Anime Insider (2008)
Por qué la palabra lejía tiene más sentido del que parece
Lo interesante de la elección, y lo que la separa de un capricho marketinero, es que la lejía no termina siendo solo un sinónimo de blanco: también es, por definición, un producto que limpia, que purifica, que saca lo que está sucio. Y eso, mirado desde adentro de la historia, calza como anillo al dedo con la tarea que cumplen los Shinigami: ellos se encargan de lidiar con almas corrompidas, con Hollows, con todo aquello que se desvió del camino que debería seguir un espíritu después de la muerte. El nombre, entonces, no describe al protagonista ni al conflicto central, sino la función del mundo que Ichigo termina habitando. Mientras que en la saga del Big Three, One Piece lleva directamente el nombre del tesoro que busca Luffy y Naruto es, lisa y llanamente, el nombre del personaje principal, Bleach trabaja en otra capa: la de la acción que los Shinigami ejecutan sobre las almas perdidas.
Las lecturas que el título todavía deja abiertas
- El pelo naranja intenso de Ichigo parece, a simple vista, un pelo decolorado, como si hubiera pasado por un proceso de blanqueamiento, lo que abre una lectura visual del título casi sin proponérselo.
- La estética general del manga y del animé se apoya en un contraste muy marcado entre el blanco y el negro, dos colores que la lejía conecta de manera indirecta pero efectiva.
- Existe una conexión nunca confirmada con el álbum debut de Nirvana, también titulado Bleach y editado en 1989, donde la banda hacía referencia a la lejía en el marco de una campaña contra el SIDA; Kubo es confeso admirador del rock anglosajón y ha mencionado a Radiohead y Bad Religion entre sus influencias, lo que hace plausible el guiño, aunque el autor nunca lo confirmó oficialmente.
A mí, que vengo de una casa donde las palabras se cuidan como se cuidan las plantas del balcón, este tipo de historias me reconcilian con la idea de que un título no es solo una etiqueta que se pega en la tapa: es una decisión que condens, en una o dos palabras, todo el espíritu de lo que se está contando. Kubo podría haberse quedado con Black o con White, las dos opciones tenían argumentos visuales de sobra, pero eligió la que sumaba simbolismo, una posible referencia musical y hasta un costado de ironía, porque nadie espera que un manga de espadas samurái y almas en pena se llame como el producto que mi abuela usaba para dejar la ropa blanca. Y sin embargo, una vez que uno lo escucha de boca del propio autor, no puede evitar pensar que estuvo bien elegida. A veces, las decisiones más raras son las que mejor cuentan de qué se trata una historia.
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