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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Un palacio del 1700 donde dormir y tomar vino en el corazón de Lisboa

El Palácio Ludovice reabrió como hotel boutique en 2022 después de más de una década de obras y ofrece una experiencia enogastronómica en el cruce de Chiado, Bairro Alto y Príncipe Real.

Por Micaela VilteTurismo · · hace 14 d
Un palacio del 1700 donde dormir y tomar vino en el corazón de Lisboa

Estoy caminando por la calle que separa Bairro Alto de Príncipe Real cuando levanto la mirada y ahí está: un palacio del siglo XVIII reconvertido en hotel del vino. Se llama Palácio Ludovice y su fachada blanca, con esas ventanas de marcos trabajados y esa solemnidad discreta, te corta la respiración en medio del barullo lisboeta. Te lo digo de verdad: quedarse ahí es dormir dentro de un capítulo de la ciudad que muy pocos viajeros se detienen a leer.

El edificio se construyó en 1747 por encargo del rey João V y su autor fue João Frederico Ludovice, un orfebre alemán que terminó convirtiéndose en el arquitecto de la corona portuguesa. Ahí me quedo pensando: un alemán diseñando uno de los palacios más lindos de Lisboa. Antes de ser hotel, la construcción funcionó como residencia aristocrática, como consulado y, durante años, como sede del bar del Instituto del Vino de Oporto, el célebre Solar do Vinho do Porto. La restauración llevó más de diez años y la firma el portugués Miguel Câncio Martins, que supo devolverle brillo sin traicionar su historia. El hotel abrió finalmente en 2022 con 61 habitaciones.

Dónde queda y por qué vale la pena

El palacio está en la esquina perfecta: justo en el límite entre Chiado, Bairro Alto y Príncipe Real, y a metros del Miradouro de São Pedro de Alcântara. Desde ese mirador se ve la Baixa entera, esa Lisboa baja y cuadriculada que nació después del terremoto de 1755, y también se distingue la silueta del castillo de São Jorge arriba. Consejo práctico y gratis: subí al mirador al atardecer, con una copa de vinho verde en la mano, y dedicá por lo menos cuarenta minutos a mirar cómo cambia la luz sobre los tejados.

  • Igreja de São Roque: fachada austera y, adentro, una capilla encarga por el rey João V en Roma y traída en piezas hasta Lisboa.
  • Convento do Carmo: las ruinas sin techo que el terremoto de 1755 dejó como testigo y que hoy son un museo al aire libre.
  • Rua Dom Pedro V: arteria que conecta con el jardín de Príncipe Real, donde espera un cedro enorme y cafés de toda la vida.
  • Calles de Bairro Alto de noche: bares y tabernas chicas para escuchar fado después de cenar.

Vino portugués hasta en la habitación

Lo que distingue a este hotel de cualquier otro boutique de Lisboa es su obsesión por el vino. Cada habitación recibe por las tardes una copa y algo para picar, como parte de la experiencia. En planta baja funciona el restaurante Federico, que combina cocina portuguesa contemporánea con guiños franceses y se apoya en la bodega del propio palacio. Al lado de la recepción hay además una tienda del Instituto dos Vinhos do Douro e do Porto, donde se pueden comprar botellas y llevárselas a casa. Y para quien quiera bajar un cambio, el edificio cuenta con un spa. La tarifa por noche arranca, según temporada, en torno a los 250 euros la habitación estándar, un precio razonable si se piensa que estás durmiendo dentro de un monumento.

Si te sobra un día, te recomiendo la excursión al palacio-convento de Mafra, otra obra enorme de Ludovice: está a unos 40 minutos en auto y bien vale la jornada completa. Desde Buenos Aires, las conexiones a Lisboa suelen hacer escala en San Pablo, Río de Janeiro o en capitales europeas como Madrid, París, Frankfurt y Ámsterdam. Y ya que pasás por la zona, no te vayas sin probar el bacalao a brás del restaurante Federico, bien regado con un Douro Reserva: es la manera más justa de despedirse de este palacio que lleva casi tres siglos mirando Lisboa desde arriba.

MV

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