Pergolini convirtió el sótano de su programa en una galería de vinilos que va a ir mutando programa a programa
El conductor fabricó los soportes con una impresora 3D y los exhibe al fondo del estudio de No preguntes por Rusia, con una selección que va de Spinetta a Nirvana pasando por Manu Chao y La Renga. La estructura permite cambiar las tapas sin desarmar el conjunto.
Apenas me senté a ver la última emisión de No preguntes por Rusia, lo primero que me golpeó fue ese zumbido grave que siempre tienen los sótanos, una mezcla de aire acondicionado y silencio, como si abajo de la ciudad hubiera otra ciudad más callada. Y después, claro, lo segundo que me llamó la atención fueron las portadas nuevas que empezaron a desfilar detrás de Mario Pergolini, ordenadas en una estructura que el propio conductor mandó a hacer y que él mismo se encargó de explicar en vivo, con esa media sonrisa de quien está orgulloso del truco pero no quiere parecer presumido.
Porque la cuestión, me parece, no es menor: Pergolini contó al aire que los soportes de los discos los fabricó él en una impresora 3D, y que el sistema está pensado para que las tapas puedan ir rotando de una emisión a la otra sin necesidad de desarmar nada. Es, si se quiere, una pequeña declaración de principios en un momento en que la música se consume cada vez más en una pantalla. Acá, en un estudio subterráneo que el propio conductor presentó alguna vez como un sótano prestado, alguien decidió volver a ponerle cara a los discos y, de paso, hacerlos a medida.
Una selección que cruza generaciones y geografías
Lo más interesante, al menos para mí que lo miraba con la libreta al lado, fue ver cómo conviven en esas filas inferiores títulos argentinos e internacionales sin ningún orden jerárquico, como si fueran parte de la misma biblioteca mental. Pergolini fue señalando algunos y los fue bautizando en vivo: Peluson of milk, de Luis Alberto Spinetta, y Fore!, de Huey Lewis & The News, dos discos que no comparten casi nada en lo sonoro pero que conviven sin pedir permiso. También aparecen Pink Floyd, Manu Chao y Babasónicos, y entre las piezas que el conductor destacó hubo un laserdisc de Prince y una edición japonesa de Nirvana, esos objetos que los coleccionistas guardan como reliquias y que, expuestos así, parecen pedir que alguien se acerque a mirarlos de cerca.
- Catupecu Machu, The Velvet Underground, The Rolling Stones y Los Tipitos, en una de las filas.
- Los Piojos, AC/DC, Daniel Melingo, La Renga y Foo Fighters, en otra de las tandas.
- Viejas Locas, Ataque 77 y Fito Páez, completando un recorrido que va del rock barrial al indie internacional.
- Un laserdisc de Prince y una edición japonesa de Nirvana, entre las piezas más singulares de la colección.
La conversación que dio pie al comentario fue casi un hallazgo periodístico al pasar. Nico Etevenaux, el columnista del ciclo, reparó en los cambios y preguntó por el sector cercano a la figura de un Stormtrooper de Star Wars que sigue firme en el estudio, como un vigilante de la galaxia que no entiende de playlists. Tras un intercambio con Pergolini, el propio Etevenaux reconoció los vinilos y comentó la disposición de los soportes, y el conductor terminó sentenciando, con esa tranquilidad que lo caracteriza, que Los vamos a ir cambiando, como si estuviera hablando del menú de un bar y no de la decoración de un programa que sale al aire.
Lo demás del ambiente sigue igual y, a la vez, parece distinto. Las paredes oscuras, las luces azuladas, la guitarra apoyada, el sillón, la mesa auxiliar, la lámpara de pie y ese mueble con equipos y objetos de colección que ya forman parte del paisaje siguen ahí, casi como viejos conocidos del espectador. En otra pared, además, permanece una estantería con discos compactos que funciona como un recordatorio de que Pergolini nunca dejó de coleccionar formatos físicos, ni siquiera cuando el resto del mundo parecía haber firmado el certificado de defunción del CD. Y mientras escribo esto, me queda dando vueltas una idea: si tuviera que armar mi propia pared de vinilos para un estudio, no sé si elegiría los discos que más me gustan o los que mejor quedan colgados, que a veces son cosas muy distintas. Pergolini, por lo que se vio, eligió las dos a la vez.
