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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Las Cañitas tiene un rincón de Minsk: probé los dranikis bielorrusos y ahora entiendo por qué los llaman "el segundo pan"

Yuliya Lakatkova cruzó el mundo para abrir La Papa, el primer local de Buenos Aires dedicado a la tortita de papa rallada sin gluten. Fui, me senté y te cuento qué pedí, cuánto sale y por qué esta preparación bielorrusa merece un lugar en tu próxima salida.

Por Micaela VilteTurismo · · hace 42 d
Las Cañitas tiene un rincón de Minsk: probé los dranikis bielorrusos y ahora entiendo por qué los llaman "el segundo pan"

Te confieso algo: nunca había probado un draniki hasta que pisé La Papa, en Las Cañitas. Y te lo digo ya, si te gusta la papa, este lugar te va a descolocar para bien. Yuliya Lakatkova llegó desde Minsk con una idea bastante simple y bastante poderosa al mismo tiempo: traer a Buenos Aires la tortita de papa rallada que en Bielorrusia es casi un símbolo nacional, libre de gluten, y plantarla en la mesa porteña con la misma naturalidad que tiene el sushi en cualquier esquina.

Qué es un draniki y por qué no es un hash brown cualquiera

La preparación es de las que enamoran por lo simple: papa cruda rallada, cebolla, condimentos y nada de harina. Se cocina hasta quedar dorada y crocante por fuera, tierna por dentro. En Bielorrusia se come a cualquier hora y cada familia guarda su propia versión como quien atesora una receta de la abuela. El nombre, tanto en ruso como en bielorruso, significa literalmente "desgarrado" o "hecho pedazos", una descripción exacta de la papa desmenuzada que lo compone. La receta tiene raíces en la cocina alemana y se extendió por Europa del este a partir del siglo XVIII, cuando la papa llegó a esa región. En República Checa existe una versión equivalente llamada bramboraki; en Estados Unidos, los hash browns; en Israel, los latkes. Pero lo que distingue a la versión bielorrusa es la centralidad del ingrediente en la cultura del país, donde la papa se llama con familiaridad "el segundo pan".

Qué probar y cuánto sale

  • Cinco unidades de draniki con gravlax y queso crema: 16.500 pesos. Es el plato del mediodía y el que mejor resume la idea del local.
  • Waffle de masa de papa con palta y huevo frito: 14.000 pesos. Ideal para arrancar la mañana.
  • Tostado bielorruso: dos tostadas hechas con masa de papa, guacamole y gravlax, a 18.500 pesos. La opción más contundente.
  • Cinco salsas caseras para acompañar: pimienta, crema agria, queso crema, alioli y barbacoa. Todas incluidas, todas valen la pena.
  • Extras según horario y apetito: carne asada, hongos, gravlax, huevo frito o palta.

El menú cubre desde el desayuno hasta el mediodía, y la lógica sin gluten no es un diferencial agregado sino la condición de base del negocio. "A nuestro establecimiento no entra nada que tenga gluten", me explicó Yuliya, y buena parte de las consultas que llegan por redes sociales giran en torno a esa garantía. Para los celíacos, eso vale oro; para los que no lo son, es apenas la promesa de una cocina más limpia.

Un dato que me llamó la atención: la familia ya está desarrollando una empanada con masa de papa en reemplazo de la tradicional, una extensión lógica de la misma lógica sin TACC que rige todo el menú. Si te interesa, el local está en Las Cañitas y se llena rápido sobre todo los fines de semana, así que mi consejo práctico es que vayas antes de las 12 si querés desayunar tranquilo, o reserves por redes para el horario del mediodía. Llegar en subte hasta la estación de Las Cañitas te deja a pocas cuadras, a menos de cinco minutos caminando.

Mi veredicto después de sentarme a la mesa

Pedí el plato de cinco dranikis con gravlax y queso crema, y le sumé la salsa de crema agria porque Yuliya me insistió con una sonrisa cómplice. La papa cruje, el centro se entrega, el gravlax corta la gordura con su punto salado y la crema agria ata todo. Es reconfortante sin ser pesado, y te deja con la sensación de haber descubierto algo nuevo sin que te hayan contado un cuento. Si me obligás a elegir un plato para recomendarte, me quedo con ese, con la salsa de crema agria como compañera inseparable. Y si vas, sentate cerca de la barra y pedite un café después: la propuesta todavía está creciendo y se nota que cocinan con el cariño de quien trae una historia de casa.

MV

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