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Domingo, 18 de octubre de 2026
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Ken, Chun-Li y un termómetro partido: la nueva Street Fighter no convence a la crítica pero arde en el corazón de los fans

La película de Kitao Sakuari divide aguas en Rotten Tomatoes: un tibio 43 por ciento de los críticos frente a un contundente 79 por ciento del público. Crónica de una grieta que ya es costumbre en las adaptaciones de videojuegos.

Por Lucía QuipildorCultura y espectáculos · · hace 1 h
Ken, Chun-Li y un termómetro partido: la nueva Street Fighter no convence a la crítica pero arde en el corazón de los fans

Volví del cine con las manos todavía tibias del pochoclo y una sensación rara, de esas que se instalan en la panza y no se van tan fácil. La sala todavía olía a mantequilla derretida y a esa mezcla dulzona de gaseosa y golosinas que es puro patio de colegio, y en la pantalla acababa de terminar la nueva película basada en la saga Street Fighter, la que Kitao Sakurai dirigió con Noah Centineo como Ken, Andrew Koji en el papel de Ryu y Callina Liang convertida en una Chun-Li que se roba cada escena en la que aparece. Me senté en el auto, encendí la radio y la primera zamba que sonó me devolvió, no sé bien por qué, a los recreos de los noventa, cuando uno juntaba monedas para el arcade y se pasaba horas gastando Continue en el mismo personaje. Ahí entendí por qué la película estaba generando una grieta tan pronunciada.

Porque la nueva Street Fighter no es una película cualquiera, ni siquiera para los estándares siempre caprichosos de las adaptaciones de videojuegos: en Rotten Tomatoes amaneció con un 43 por ciento en el Tomatómetro, es decir, el termómetro de la crítica especializada, y con un 79 por ciento en el Popcornmeter, que mide lo que opina el público que efectivamente fue a verla. Son 36 puntos de distancia, una verdadera grieta que la convierte en uno de los casos más notorios del año en materia de divergencia entre prensa y audiencia.

Lo que dijeron los críticos

El coro de los críticos fue bastante parejo y, sobre todo, bastante duro. La mayoría señaló problemas de guión, un ritmo irregular que se nota sobre todo en el segundo acto y chistes que no terminan de hacer pie. Lo que no le negaron casi nadie son las secuencias de pelea y las animaciones en 2D que homenajean a los juegos originales, que según varias reseñas sostienen el interés incluso cuando el resto de la maquinaria narrativa no encaja del todo. La película, coincidieron varios, nunca resulta aburrida, aunque tampoco termina de cuajar como película.

Lo que vieron los fans

  • Las actuaciones de Noah Centineo como Ken y de Callina Liang como Chun-Li, dos de los personajes más queridos del roster original, fueron destacadas como el corazón del film.
  • La banda sonora con reminiscencias de los años noventa funcionó como una máquina del tiempo para los jugadores de la primera hora.
  • La reproducción fiel de los movimientos icónicos de cada personaje fue leída como un gesto de respeto a la comunidad.
  • Para buena parte del público la propuesta no buscaba profundidad narrativa sino trasladar la energía del juego a la pantalla, y en ese objetivo la película cumplió.

A mí me pasó exactamente eso, y lo confieso porque esta columna es, ante todo, un lugar para hablar de primera persona. Salí del cine tarareando un tema que ni siquiera estaba en la banda sonora, uno de esos riffs electrónicos que sonaban en los recreos cuando alguien enchufaba la PlayStation en el televisor del aula, y me di cuenta de que la película había hecho un trabajo puntualísimo: no me había pedido que la evaluara con la misma vara que un drama indie, sino que la leyera con el mismo corazón con el que uno se sienta frente al arcade. Esa es, en gran parte, la explicación de los 36 puntos de diferencia.

El debate de fondo

Street Fighter vuelve a abrir un debate que ya es clásico en el género: ¿sirven los criterios habituales de la crítica cinematográfica para juzgar una película pensada, desde el minuto cero, como un homenaje a una comunidad? Las adaptaciones de videojuegos ya transitaron ese sendero varias veces, y la respuesta del público en esta ocasión sugiere que la fórmula conserva vigencia. Mientras los críticos discuten si la película se sostiene como objeto cinematográfico, los fans parecen estar midiendo con otro metro, uno que pesa más la fidelidad afectiva que la coherencia narrativa. Y ojo, no se trata de elegir un bando como si fuera una pulseada: conviven las dos lecturas, las dos tienen argumentos atendibles y las dos son, en definitiva, parte de lo que hace que una película basada en un juego siga dando que hablar mucho después de los títulos de crédito.

Porque al final, y acá viene la pregunta que me quedó rebotando en la cabeza mientras desenchufaba la radio y guardaba el auto, la grieta entre el 43 y el 79 no es un defecto de la película ni un error de los críticos: es, probablemente, el retrato más fiel de lo que significa adaptar una franquicia querida por millones. ¿Coincide tu experiencia con la del público o con la de los críticos? Si te cruzaste con la película en el cine, quiero leer tu opinión, porque esta vez, más que nunca, la nota se completa con lo que pasó en tu butaca.

LQ
Lucía QuipildorCultura y espectáculos

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