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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Garbanzos con zamburiñas: el guiso express que te salva cuando no tenés tiempo

Una receta con conservas y legumbres listas que se cocina en menos de media hora, con el truco justo para que los mariscos no se endurezcan y la salsa quede con cuerpo.

Por Micaela VilteTurismo · · hace 26 d
Garbanzos con zamburiñas: el guiso express que te salva cuando no tenés tiempo

Te lo digo de entrada: este es de esos platos que tienen todo a favor cuando llegás a casa sin ganas de complicarte. Garbanzos con zamburiñas, un guiso que se arma con una lata y una bolsa de legumbres cocidas, y que en menos de media hora te deja la mesa servida con olor a cocina de verdad. Lo probé, lo repetí y te lo cuento tal cual lo hice, porque vale la pena sumarlo al repertorio de la semana.

Lo importante: cuidar el final

Lo que define este plato no es la lista de ingredientes, sino el momento en el que sumás los mariscos. Como las zamburiñas vienen en conserva, ya cocidas y en su propia salsa de vieira, no necesitan más que un par de minutos de calor para entrar en juego. Si te pasás, se endurecen y pierden esa textura suave que tienen cuando las comés solas, con unas gotas de limón. Así que el consejo práctico es bien simple: apagá el fuego un minuto antes de servirlas, dejá que el calor residual haga el resto y listo.

  • 1 lata de zamburiñas en salsa de vieira (alrededor de 2.800 pesos).
  • 1 lata o bolsa de garbanzos cocidos (unos 1.500 pesos).
  • 1 cebolla, 2 dientes de ajo y 1 tomate perita rallado.
  • Vino blanco, comino, laurel y pimentón dulce para darle fondo.
  • Para el aderezo final: ajo, perejil y aceite de oliva virgen extra.

Con esos cinco puntos arrancás la preparación. El primer movimiento es llevar una sartén amplia o una cacerola chica al fuego con un buen chorro de aceite de oliva y la cebolla picada bien fina. A fuego bajo, sin apurarla, hasta que se ponga transparente y empiece a ablandarse. Ahí sumás el ajo picado, lo revolvés un minuto hasta que perfume, y entonces va el tomate rallado, que tiene que cocinar hasta que pierda el agua y la mezcla quede más bien concentrada.

Sobre esa base volcás un chorrito de vino blanco, dejás que evapore un par de minutos y agregás el comino, una hoja de laurel y un toque de pimentón dulce. Cuando los condimentos ya están integrados, llegan los garbanzos con un poco de agua o caldo, y la preparación se cocina a fuego medio unos cinco minutos para que las legumbres absorban los sabores. Recién en ese momento, y no antes, incorporás las zamburiñas con toda la salsa de la lata. Calentás un par de minutos, movés la cacerola con cuidado para no romperlas y apagás el fuego.

El toque final y cómo comerlo

En un mortero o en un vaso chico, pisás ajo con perejil y los mezclás con aceite de oliva virgen extra. Ese aderezo crudo va por encima del guiso al servir, y le da una nota fresca que compensa el calor de la cocción. Si te gusta el contraste, sumale un hilo más de aceite crudo en la mesa.

Para acompañarlo no hace falta mucho: un buen pan para rebañar la salsa es casi obligatorio, y si querés ir un paso más allá, un vino blanco con acidez amable va de maravillas. Si andás por Buenos Aires y querés resolver la mesa afuera, en la zona de Puerto Madero hay varias casas de mariscos donde podés pedir unas zamburiñas a la plancha para arrancar y después ir a por un plato de legumbres. En lo mío, en casa, este guiso me gusta cerrar con un segundo plato bien criollo: milanesas de pollo con puré, porque la combinación de un guiso con pescado y unas mila tiernas es de esas cenas de invierno que nadie discute. Si te copa la idea, prepará unas milanesas con puré y dejá que el guiso de garbanzos sea la entrada. No falla.

MV

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