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Viernes, 16 de octubre de 2026
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118 años y mil milanesas: el bodegón de Villa Devoto que se niega a perder su esencia

Fundado como cervecería con cancha de bochas, el Bar Alemán atraviesa más de un siglo con sus mozos históricos, sus palmeras centenarias y una milanesa napolitana que se volvió leyenda de barrio.

Por Micaela VilteTurismo · · hace 1 d
118 años y mil milanesas: el bodegón de Villa Devoto que se niega a perder su esencia

Les tengo que confesar algo: cada vez que entro a un bodegón con más de cien años de historia, siento que estoy pisando un piso que tiene memoria. Y el Bar Alemán de Villa Devoto es de esos lugares donde hasta las baldosas parecen tener algo que contar. Fundado en 1908 en la esquina de Pedro Morán y avenida San Martín, este rincón de Buenos Aires arrancó como una cervecería con glorieta, cancha de bochas y unos barriles que se enfriaban con hielo a través de una serpentina de 120 metros que bajaba hasta el sótano. Increíble, ¿no?

Las palmeras que hoy identifican al local desde lejos eran apenas brotes que no le llegaban ni a la altura de una persona. Mirá si han crecido. El menú original giraba en torno a salchichas, ahumados, costillas de cerdo y chucrut, bien al estilo de los inmigrantes que le dieron el nombre. Pero con el paso de las décadas la cocina fue mutando y apareció el verdadero protagonista de la casa: la milanesa napolitana.

La milanesa que alimenta al barrio

La milanesa que alimenta al barrio

Hoy este bodegón vende alrededor de mil milanesas por mes, una cifra que habla por sí sola. Los mozos, con cuatro décadas de antigüedad algunos, recomiendan pedir la napolitana para tres personas, aunque te aseguro que muchas veces alcanza para cuatro y hasta sobra para llevar. Es el plato emblema y no es para menos: cuando se viraliza en redes, ocho de cada diez mesas la piden, según reconoció el dueño actual. Las redes le trajeron público joven que antes ni se acercaba, y eso obligó a afinar la ejecución hasta lograr una formulación más precisa que en los primeros años.

Si me preguntan a mí, el gran mérito de este lugar fue saber escuchar a su clientela. Mantuvieron los boxes de ligustrina y el piso de canto rodado que varios recuerdan desde su infancia, algo que los parroquianos pidieron conservar a gritos. Lo que sí cambió fue la cocina, que pasó de 30 a 80 metros cuadrados, y la instalación de aire acondicionado, que transformó un negocio casi estacional en un restaurante que recibe gente durante todo el año.

La etapa actual arrancó en diciembre de 1983, cuando Carlos y Manolo compraron el fondo de comercio con un contrato de alquiler que se vencía en mayo. El primer fin de semana hicieron 700 cubiertos, empezaron con siete mozos y terminaron la semana con catorce. En diciembre de 1984 el propietario original les renovó el contrato y dos años después les vendió la propiedad; la deuda se saldó con un alquiler proporcional, sin hipoteca de por medio. En los ochenta y parte de los noventa llegaron a servir 21.000 cubiertos en diciembre. Hoy un sábado a la noche convocan entre 350 y 400 personas, y los dueños descorchan champán para celebrarlo como si fuera una fiesta.

  • Llegar hasta Pedro Morán y avenida San Martín para ver las palmeras centenarias que identifican la esquina desde la cuadra anterior.
  • Pedir la milanesa napolitana para tres aunque sean cuatro en la mesa: seguro sobra y te la podés llevar.
  • Recorrer el salón y buscar los boxes de ligustrina y el piso de canto rodado, dos detalles que los clientes pidieron conservar.
  • Sacarte una foto en la glorieta original, el mismo lugar donde hace más de un siglo se servía cerveza tirada de los barriles con serpentina.

Mi consejo práctico es claro: vayan un sábado al mediodía para evitar la cola de la noche y aprovechen a recorrer el salón con calma. Desde el centro de Buenos Aires están a unos 15 kilómetros, unos 40 minutos en auto dependiendo del tránsito. Reserven con anticipación porque los fines de semana suele estar lleno, y si van en grupo grande pidan la milanesa para compartir, que es donde se luce la casa.

“Este lugar sobrevive porque la gente lo quiere y lo defiende. Cada mozo que lleva cuatro décadas es un pedazo de historia viva del barrio.”Carlos, dueño del Bar Alemán

Si pasan por Villa Devoto, no se vayan sin probar la milanesa napolitana en el Bar Alemán, en la esquina de Pedro Morán y avenida San Martín. Es de esos platos que justifican el viaje y que, honestamente, no se olvidan más. Y ustedes, ¿tienen algún bodegón histórico en su barrio que todavía valga la pena visitar? Cuentenmé, que siempre suma una buena recomendación.

MV

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