Fito Páez se plantó en el escenario y le cantó las cuarenta a la seguridad de Mar del Plata
El rosarino frenó su show en el Polideportivo Islas Malvinas al ver cómo trataban al público. La producción reconoció errores, él volvió a la carga en redes y la discusión sobre cómo se controlan las localidades numeradas sigue abierta.
Hay algo que se huele apenas uno se acerca a un recital con entradas numeradas: esa mezcla rara entre el perfume de la multitud, la cerveza derramada en la vereda y la tensión de no saber si vas a poder sentarte donde pagaste o si te van a correr cuando intentes pararte a bailar. Esa tensión, justamente, fue la que hizo detonar a Fito Páez en lo que terminó siendo una de las postales más comentadas del fin de semana en Mar del Plata.
Me crucé con el tema al día siguiente, todavía con el ruido de los mensajes de whatsapp de amigos que habían estado ahí. Y la verdad es que vale la pena contar lo que pasó en el Polideportivo Islas Malvinas, porque la escena resume una discusión mucho más grande sobre cómo se ordena al público en un show con butacas asignadas y precios diferenciados, y sobre quién tiene la última palabra cuando alguien se siente avasallado por la seguridad.
Lo que se vio en el escenario
Fito estaba tocando. En un momento, mientras miraba hacia la tribuna, notó que algunos espectadores eran obligados a permanecer sentados por personal de seguridad. No era un detalle menor: el músico entendió que el trato hacia la gente se había pasado de rosca y decidió parar la música para decir lo que pensaba.
“No son policía, loco, son seguridad. No pueden tocar a la gente.”Fito Páez, durante el recital en Mar del Plata
Lo dijo en un tono que, según cuentan los que estuvieron ahí, iba entre el enojo y la advertencia. Y fue más allá: le pidió al público que no se dejara avasallar por nadie y que no aceptaran que los hicieran sentar a la fuerza si lo que querían era pararse a cantar y bailar. La intervención cortó el ritmo del show, que después siguió sin más interrupciones.
Qué respondió la producción del recital
Desde la organización salieron a explicar lo que, según ellos, fue un malentendido. Argumentaron que el operativo de seguridad tenía una consigna clara: evitar que el público avanzara desde sus filas hacia localidades más cercanas al escenario que no había comprado. Es decir, la idea no era impedir que la gente se levantara, sino impedir que se mudara de sector.
De todas formas, reconocieron que algunos efectivos pudieron haber interpretado la orden de manera equivocada y haberles pedido a los asistentes que se quedaran sentados. Dijeron que corrigieron las indicaciones sobre la marcha, durante el mismo recital, para que el control de las ubicaciones no terminara castigando a la gente que simplemente quería estar de pie en el lugar que le correspondía.
El ida y vuelta después del show
El episodio no terminó cuando bajaron las luces del Polideportivo. La producción contó que recibió una catarata de mensajes con reclamos cruzados:
- Asistentes que cuestionaron la reacción del músico y la interrupción del concierto.
- Espectadores que pidieron que se respetaran las localidades adquiridas.
- Personas que se quejaron porque gente de filas de atrás avanzaba hacia adelante y les ocupaba el lugar.
- Otros que coincidieron con el enojo de Páez y respaldaron su intervención.
Páez, fiel a su estilo, eligió no dejar el tema en el off the record. Se sentó frente al teléfono y escribió en sus redes que el personal de seguridad que él había cuestionado no había sido contratado por sus representantes, deslindando responsabilidades. Y remató con una frase que, a esta altura, ya se volvió marca registrada de su carácter: explotó y no se arrepiente de una sola palabra que dijo con la adrenalina en sangre.
La pregunta que queda dando vueltas
Y acá viene lo que me parece lo más interesante para charlar entre todos, más allá de las simpatías o antipatías que despierte Fito. ¿Cómo se organiza al público en un recital con asientos numerados para que nadie termine sintiéndose mal? Porque conviven dos derechos que muchas veces chocan: el de quien pagó una platea cara y no quiere que le invadan la fila, y el de quien quiere pararse, bailar y vivir el show como le sale del alma, sin que un hombre de seguridad le ponga la mano en el hombro.
Quizás la respuesta esté en un punto medio que casi nunca se ve: personal de seguridad capacitado para distinguir entre alguien que se muda de localidad y alguien que se levanta a cantar; señalización clara desde el ingreso; y artistas, productores y boleterías dispuestos a aceitar el diálogo antes de que la noche se les vaya de las manos. Mientras tanto, el episodio de Mar del Plata deja una certeza: cuando Fito ve algo que le parece injusto con su público, para la música y lo dice. Y eso, nos guste o no, también es parte del show.
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