El mechero que encendió el llanto verdadero de Drew Barrymore en la escena más cruel de Scream
Wes Craven usó un truco perturbador para que la actriz llorara de verdad en la apertura del film que cumplió treinta años: recordarle una noticia que la había destrozado la noche anterior.
Hay un ruido que me persigue desde la primera vez que vi Scream, allá por el cine de mi barrio, en aquellos años en que una sala oscura era casi un confesionario: el silbido tenue de un encendedor que se prende, o eso cuenta la leyenda, en el momento exacto en que Drew Barrymore empieza a quebrarse frente a la cámara. Treinta años después, ese chasquido sigue siendo el prólogo más eficaz que se haya filmado para una película de terror, y lo que ahora sabemos es que el llanto de la actriz no fue actuado, sino arrancado con una artimaña que hoy, acá, me sigue resultando tan genial como éticamente inquietante.
La noche anterior, una noticia que la destrozó
Me lo imagino esta escena reconstruida: la noche previa al rodaje, Drew Barrymore lee una nota sobre un dueño que quemó vivo a su perro. La historia la sacude de una manera que no se le va. Al día siguiente, cuando se lo cuenta al director en el set, Wes Craven —que ya llevaba varias décadas leyendo el miedo como pocos— entiende que tiene oro puro entre manos. Decide usar esa imagen como detonante y, durante la filmación de la secuencia inicial, le susurra al oído una frase que se volvió de culto entre los fans: Estoy encendiendo el mechero.
El efecto fue devastador. Julie Plec, que por entonces era asistente de Craven en ese rodaje, recordó años después lo que se percibía desde el otro lado de la puerta del set, y la frase merece ser repetida tal cual porque define el clima que se vivía adentro: Se oía a Drew gritar y aullar, y yo pensaba: ¿Pero qué coño está pasando ahí dentro? Y era Wes, que la estaba animando. Esa mezcla de risa nerviosa, de confesión íntima y de profesionalismo frío del director es, para mí, el retrato más fiel de cómo se cocina una obra maestra del género.
La otra capa del golpe: venderla como protagonista para shockear al público
Porque el truco del mechero fue apenas la primera apuesta de una maniobra más grande, que mezcló dirección actoral con una decisión de marketing que hoy parece obvia pero que en 1996 fue una pequeña revolución. Barrymore aparecía como la cara de la película en todos los afiches, los trailers y la campaña de prensa, lo que llevó al público a dar por hecho que era la protagonista. Y ahí estaba la trampa: matarla antes de los quince minutos rompía el contrato con el espectador y dejaba una enseñanza tan simple como brutal, cualquiera puede morir.
- Barrymore fue instalada como la estrella de la campaña promocional para que el público la identificara como protagonista.
- Richard Potter, de Dimension Films, resumió la idea clave: Vas a estar seguro de que ella es la protagonista. Es imposible que muera. Cuando muere, pensás: cualquiera podría morir.
- La escena dialoga con el precedente de Hitchcock en Psicosis, donde la actriz principal también desaparece en el primer acto.
- Treinta años después del estreno, la secuencia sigue estudiada como modelo de cómo construir tensión y sorpresa en simultáneo.
Por qué este truco sigue dando que hablar
Siempre me gustó detenerme en los oficios que hay detrás de las películas que nos cambiaron la infancia. Esta historia, en particular, me reconcilia con algo que suelo repetir cuando charlo con colegas y amigos: el cine de terror de verdad es el que entiende que el miedo empieza afuera de la pantalla. Craven lo sabía. Le bastó un encendedor, un recuerdo maldito y una actriz entregada para construir la escena que redefinió al slasher moderno y que, todavía hoy, me hace mirar el teléfono fijo de mi abuela con una desconfianza nueva.
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