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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Mikey Madison y la apuesta que arrancó cuesta abajo: así se mide el debut del nuevo Sorkin en la pantalla grande

La película escrita y dirigida por Aaron Sorkin reunió nueve millones de dólares en su primer fin de semana, quedó quinta en la taquilla norteamericana y abre un interrogante sobre su futuro en salas, en una industria donde Hollywood suele mirar estos números como un termómetro implacable.

Por Lucía QuipildorCultura y espectáculos · · hace 4 d
Mikey Madison y la apuesta que arrancó cuesta abajo: así se mide el debut del nuevo Sorkin en la pantalla grande

Antes de escribir una sola línea sobre esta película hay algo que vale la pena decir en voz alta, y es que uno sale del cine con la sensación de que el aire todavía huele a pochoclo recalentado y a butaca de estreno, esa mezcla que no falla en las salas de los shoppings de Buenos Aires un jueves a la noche, y que también se repite, claro, en cualquier multicine de California, porque el olor a pochoclo, finalmente, es universal y no entiende de presupuestos ni de estrenos fallidos.

Vine a la función con la expectativa lógica que carga cualquier película de Aaron Sorkin después de La red social, esa obra que en 2010 contó el nacimiento de Facebook con la precisión de un bisturí y que dejó a Jesse Eisenberg como uno de los rostros más reconocibles de su generación, y la pregunta que me hice durante las dos horas de proyección fue si el debut de El precio de la red iba a confirmar el peso del guionista y director detrás de la cámara o si, por el contrario, íbamos a estar frente a uno de esos títulos que el público mira de reojo cuando los pasan por el cable.

Los números del primer fin de semana, piedra angular del análisis

La apertura global fue de nueve millones de dólares, de los cuales 5,5 millones corresponden al mercado estadounidense y los 3,5 millones restantes al conjunto de los mercados internacionales, una distribución que revela cierto equilibrio territorial pero que, en términos absolutos, ubica a la película lejos de las grandes apuestas del año.

El dato que más duele, mirado con los anteojos de la industria, es que el filme apenas alcanzó el quinto puesto en la taquilla norteamericana, un lugar que en la jerga de Hollywood suele definirse como el umbral entre lo aceptable y lo preocupante, porque quedar quinto en el estreno implica que existen al menos cuatro películas que la superan en convocatoria y, sobre todo, que la conversación en redes no la tiene como protagonista.

  • Presupuesto estimado: entre 30 y 42 millones de dólares, según distintas fuentes de la industria.
  • Recaudación de La red social en su primer fin de semana estadounidense: 22,44 millones de dólares, con debut en el número uno de la taquilla.
  • Recaudación de El precio de la red en su primer fin de semana global: 9 millones de dólares, divididos en 5,5 millones en Estados Unidos y 3,5 millones en el resto del mundo.
  • Posición de El precio de la red en la taquilla de Estados Unidos durante su debut: quinto puesto.

Para dimensionar el contraste basta con poner los dos estrenos uno al lado del otro, y entonces aparece la pregunta incómoda que la industria prefiere hacerse en voz baja: cuánto margen real le queda a un título que necesita recuperar entre treinta y cuarenta millones de dólares cuando su primera semana no llega ni a la mitad de esa cifra, sobre todo en un mercado como el norteamericano que suele castigar sin demasiados miramientos a las propuestas que no enganchan desde el arranque.

Por qué este debut pesa distinto por la trayectoria de Madison

Madison ganó el Oscar a mejor actriz en 2025 por su trabajo en Anora y atravesó casi dos años sin estrenar otro film, una pausa que la crítica suele asociar con cierto status artístico pero que, vista desde la lógica de los números, también genera el riesgo de que el público se olvide del nombre propio entre premio y premio.

Mientras esperamos a ver si el boca a boca rescata a la película en las próximas semanas, con ese ritmo lento y trabajoso que tienen ciertos títulos de autor cuando encuentran a su público de nicho, lo concreto es que la próxima producción de la actriz, una nueva adaptación de La máscara de la muerte roja dirigida por Charlie Polinger, va a quedar inevitablemente atravesada por este debut, porque el mercado mira las carreras con la misma lógica con la que uno mira una planilla de resultados, y un traspié inicial suele condimentar la lectura del siguiente movimiento, para bien o para mal.

Como me dijo una vez un manager de una sala de Buenos Aires, mientras revoleaba la cabeza mirando la marquesina apagada, en este negocio no hay que valga, y la película que arranca chica se queda chica, mientras que la que arranca grande tiene con qué bancar las malas, una frase que suena a zamba cantada entre dientes pero que, mirá vos, termina describiendo con bastante precisión el problema de fondo que enfrenta hoy el estreno de Sorkin en las salas norteamericanas.

LQ
Lucía QuipildorCultura y espectáculos

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