Duelo de vino y tenis: Navone y Etcheverry se citan en la Catedral
Los dos argentinos sellaron su pase a tercera ronda del US Open y el viernes se cruzarán en un cruce que no estaba en el radar de casi nadie. Berrettini se quedó con la frustración y los 77 errores no forzados.
Dicen que Nueva York te regala una sorpresa por día. La nuestra es ver a dos pibes nuestros compartiendo esquina del cuadro en Flushing Meadows y, encima, sacándose chispas para ver quién sigue y quién pega la vuelta. Regalo del destino o ironía del sorteo, lo concreto es que Navone y Etcheverry se verán las caras el viernes, en una llave que ya pinta como la final más inesperada de la semana.
Navone lo dio vuelta y le sacó la mugre a Berrettini
El italiano arrancó como si estuviera en su patio de Roma. Primer set 6-3 con un solo quiebre, sonrisa amplia y la sensación de que el partido era suyo. Pero el 49 del mundo tiene aguante. Navone empezó a correr cada pelota como si le debieran dinero, ajustó el drive y le rompió el servicio en los momentos justos del segundo y tercer parcial. Berrettini, exfinalista de Wimbledon, fue quedando a merced del tsunami. Llegaron al cuarto set con todo por definirse, tie-break incluido, y ahí el argentino sacó la chapa: 4-1 con dos minibreaks, estiró hasta el 6-1 y, después de que el europeo malograra tres match points, Navone cerró en el cuarto a puerta cerrada. El dato mata: 77 errores no forzados de Berrettini contra 37 del nuestro. Partidos así se ganan solos cuando el rival se regala tanto.
Etcheverry jugó con reloj y con lluvia
El platense llegó a la cancha con el termómetro bajo cero y la muñeca caliente. Antes de que las nubes descargaran casi hora y media de suspensión, ya dominaba 6-3 y 5-3 a un Fearnley que prometía en los papeles pero no en el court. Cuando se reanudó el juego, Etcheverry ajustó los detalles, cedió el tercer set por un único quiebre en el octavo game y resolvió el cuarto con dos breaks consecutivos después de empezar cediendo el saque. 6-3, 6-3, 3-6 y 6-3. Resultado redondo, cabeza fría y, de yapa, igualó su mejor marca histórica en el US Open: tercera ronda, como en 2024.
Lo que viene es simple: viernes, polvo de ladrillo en cemento, dos argentinos frente a frente y un lugar en octavos esperando dueño. El que respire mejor se queda. Yo, mientras tanto, me pido un buen Malbec y me siento a mirar.
