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Domingo, 18 de octubre de 2026
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Ditsch se corre del caballete y se filma a sí mismo en busca de dos ausencias

El pintor argentino más caro del mundo presenta en Mar del Plata su ópera prima: ocho años de rodaje, cinco países y un presupuesto solventado con la venta de sus propios cuadros. La película recorre los Alpes y los Andes detrás de las cenizas de su esposa y del recuerdo de su madre.

Por Lucía QuipildorCultura y espectáculos · · hace 1 h
Ditsch se corre del caballete y se filma a sí mismo en busca de dos ausencias

A veces la vida empieza a contar su historia por los costados que uno menos espera. Eso debe haber pensado Helmut Ditsch la mañana en que decidió dejar los pinceles en suspenso y agarrarse de una cámara, como si el cine fuera la única herramienta capaz de alojar lo que un lienzo ya no le aguantaba. Lo cierto es que el pintor argentino más cotizado de la historia, aquel que pintó glaciares y cordilleras como quien reza en voz alta, acaba de terminar su primera película y la trae al Festival Internacional de Cine de Mar del Plata para que la veamos el 6 y el 7 de noviembre, en la 41.ª edición del festival.

La película se llama Helmut. El hielo y la eternidad transitoria y lleva el sello de alguien que se animó a hacerlo todo él mismo: la dirigió, la escribió, la produjo y se puso delante de la cámara como protagonista. Son ocho años de rodaje, filmaciones en Malta, en Cerdeña, en Viena, en los Alpes, en Tenerife y en el salar de Uyuni, y un presupuesto que arrancó en unos tres millones de euros y terminó cerca de los seis, todo financiado con la venta de sus propios cuadros. La primera obra de gran formato que pintó después de 2009 fue hecha especialmente para el filme y quedó registrada desde el lienzo en blanco hasta la última pincelada, como un cuaderno de bitácora del dolor.

Un duelo doble que empujó la película

El motor del filme es un duelo doble que a Ditsch le cambió la vida. Su madre, Inge, murió a los 33 años. Su esposa, Marion, se fue cerca de los 35. Las dos por cáncer de mama. Cuando Marion murió en 2009, Ditsch dejó de pintar y se lanzó a una caminata enorme por los Alpes y los Andes, casi once mil kilómetros, buscando un lugar donde depositar las cenizas que ella le había pedido que esparciera. Lo que en el arranque parecía una travesía con final geográfico se fue transformando, kilometro tras kilometro, en una búsqueda de otra naturaleza. El propio Ditsch lo dice con la crudeza de quien todavía lo está procesando: cuando creyó haber dado con el lugar indicado, sintió que algo no cerraba. Lo que le faltaba, comprendió, era que ese sitio tuviera que ser una obra de arte. Y ahí, en ese vacío, nació la película.

Para contar a las dos mujeres de su vida, Ditsch buscó durante mucho tiempo a las actrices que pudieran habitar esos recuerdos. La elegida fue Jeanne Goursaud, una actriz de rasgos físicos que el pintor asocia con su madre y con su esposa, como si el casting hubiera sido también una manera de juntar pasado y presente en un mismo rostro. El alter ego joven del protagonista lo interpreta Joaquín Berthold. Y la codirección quedó en manos de la pintora Suzy Prauss, a quien Ditsch convocó porque entendía que para contar una historia centrada en dos mujeres hacía falta una mirada que no podía ser solamente la de él.

“Ese lugar tenía que ser una obra de arte.”Helmut Ditsch

Del caballete a la cámara, casi de casualidad

Hay algo que me gusta especialmente de esta historia y que la hace todavía más de película que la propia película: Ditsch no había pensado en protagonizar su propia obra. Tenía en la cabeza a otro actor para el papel principal, hasta que un colega de la industria lo miró a los ojos y le soltó una frase que lo terminó de empujar a ponerse delante del lente. Ese colega le dijo que, si no la dirigía él mismo, iba a terminar siendo otra cosa. Y Ditsch le hizo caso. Esa decisión, que parece menor y sin embargo lo cambia todo, es la que terminó de darle a la película el tono íntimo que tiene: no la historia de un personaje, sino la historia de un hombre que se anima a contar la propia pérdida en primera persona, con su cara y con su voz.

  • Estreno mundial en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, 41.ª edición, los días 6 y 7 de noviembre.
  • Rodaje de ocho años en Malta, Cerdeña, Viena, los Alpes, Tenerife y el salar de Uyuni.
  • Presupuesto cercano a los seis millones de euros, financiado íntegramente con la venta de sus cuadros.
  • Codirección de Suzy Prauss y protagónico de Jeanne Goursaud y Joaquín Berthold.
  • Dedicada a su madre Inge y a su esposa Marion, las dos fallecidas por cáncer de mama.

Voy a ser honesta con quien esté leyendo: cuando uno se sienta en una sala a ver una película así, no va únicamente a ver un filme. Va a ver a un tipo que eligió contar lo indecible con la única herramienta que conoce, que es el arte, y que para eso vendió sus cuadros, hipotecó su tiempo y se expuso delante de una cámara como no se había expuesto nunca. Ditsch se corrió del caballete y se puso a caminar, y de tanto caminar terminó haciendo cine. La pregunta que uno se hace al salir del cine, sospecho, no va a ser si la película es buena o mala en términos técnicos. Va a ser qué hacemos nosotros con las pérdidas que todavía no sabemos dónde poner.

LQ
Lucía QuipildorCultura y espectáculos

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