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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Comemos menos, sacamos más fotos y compartimos el plato: así cambiaron las salidas a comer en Buenos Aires

Cuatro cocineros porteños describen cómo se transformó la mesa: porciones más chicas, menos vino, tickets ajustados y un celular que interviene en cada paso de la experiencia.

Por Micaela VilteTurismo · · hace 2 d
Comemos menos, sacamos más fotos y compartimos el plato: así cambiaron las salidas a comer en Buenos Aires

Les cuento algo que vengo escuchando en cada recorrida por restaurantes de Buenos Aires: la salida a comer ya no es lo que era. Y no lo digo por una moda pasajera, sino porque los cocineros que están a diario frente al fuego y la caja me lo confirman uno tras otro. Comemos menos, gastamos con más cuidado y el teléfono se sentó a la mesa como un comensal más.

La transformación atraviesa generaciones. Dante Liporace, chef ejecutivo de Trade Sky Bar, Trade Sky Club y su restaurante en Palermo, me lo resume así: tanto los comensales de más de cuarenta que ajustan la dieta por salud como los más jóvenes, con menos poder de compra, muestran hoy mayor conciencia sobre cuánto y qué llevarse a la boca. Ya no se trata de comer por comer: se come pensando.

Menos vino y más Copa: el alcohol también se replegó

El dato me llamó la atención. Según el Instituto Nacional de Vitivinicultura, el consumo de vino por habitante cayó un 32% en la última década: pasamos de casi 24 litros anuales en 2015 a 16,1 litros en 2025. Es una caída fuerte. Germán Sitz, que está al frente de varios restaurantes porteños, me explica que el vino por copa ganó terreno justamente porque permite tomar menos y probar distintas etiquetas en una misma salida, algo que antes se reservaba para ocasiones especiales. Y lo veo en cada cena: ya casi nadie pide una botella entera de arranque.

Compartir para pagar menos: el plato dividido se volvió norma

  • Cuando el motivo es económico, los comensales dividen entrada, principal y postre, según Liporace.
  • En la mayoría de las mesas se comparte la entrada y el postre, mientras que el plato principal es lo que más se omite, precisa Narda Lepes, de Narda Comedor y Kõnã Corner.
  • Los menús con precio fijo se impusieron porque eliminan la incertidumbre a la hora de sentarse: el comensal sabe de antemano cuánto va a gastar.
  • La vara para medir si algo vale cambió: un ticket alto puede sentirse barato si la experiencia lo justifica, y uno bajo puede parecer caro si no hay valor real.

Esa lógica de estirar el gasto explica por qué proliferaron los menús ejecutivos. Sitz me dice que un valor claro y cerrado reduce la ansiedad de pedir y facilita la decisión de cruzar la puerta. Y tiene sentido: cuando uno sabe que el ticket va a quedar en un número razonable, la salida se hace posible. Hoy, en la mayoría de los restaurantes de Buenos Aires, un menú fijo para el almuerzo oscila entre 12.000 y 25.000 pesos, según la zona y el nivel del lugar, aunque en zonas como Puerto Madero o Palermo Hollywood los valores pueden duplicarse con facilidad.

El celular como quinto comensal

Acá viene lo que más me interesa, porque modifica hasta la cocina. Leo Lanussol, de Ness, me cuenta que muchos comensales ya saben qué van a pedir antes de sentarse: lo vieron en redes. Y eso cambió la forma de pensar los platos. La estética pasó a ocupar un lugar central y hay preparaciones que se diseñan pensando en cómo van a quedar en la foto. Lepes, en cambio, me advierte que hay quienes hacen fila por un plato instagrameable, aunque también conviven comensales que directamente ignoran el celular y van a comer.

Lo que me queda dando vueltas, después de charlar con todos, es una imagen precisa: la mesa porteña se achicó en porciones, se estiró en pantallas y se dividió en cuenta. Pero la sobremesa, esa instancia en la que uno se queda un rato más con el café y la conversación, por ahora sigue resistiendo. Mientras haya un rato para quedarse, el ritual no se pierde del todo.

Mi consejo para salir a comer en Buenos Aires sin pasar sobresaltos

Si están planeando una salida, mi recomendación práctica es simple: revisen antes la carta en redes o en Google Maps, anoten qué les interesa y lleguen con una idea de lo que van a gastar. En la mayoría de los restaurantes del centro y los barrios de Palermo, San Telmo y Belgrano, dos personas pueden comer bien con una entrada para compartir, dos platos principales y una copa de vino cada uno por entre 40.000 y 70.000 pesos, dependiendo de la zona. Si el plan es economizar, el menú fijo del mediodía sigue siendo la opción más rendidora. Y un imperdible: dense una vuelta por Narda Comedor, en el centro porteño, y pidan el risotto de remolacha, que se puede compartir y, además de rico, es de los más lindos que van a ver en una mesa. Sale alrededor de 12.000 pesos y bien vale la parada.

MV

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