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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Asma con rostro femenino: cómo las hormonas remodelan la enfermedad después de la pubertad

Un repaso por la evidencia reciente que muestra por qué las mujeres adultas presentan más episodios graves, más internacionales y un control clínico más difícil, con el ciclo menstrual, el embarazo y la menopausia como ejes de variabilidad.

Por Valentina SajamaSociedad y educación · · hace 40 d
Asma con rostro femenino: cómo las hormonas remodelan la enfermedad después de la pubertad

A partir de la pubertad, la fotografía epidemiológica del asma se reconfigura y pasa a tener una cara predominantemente femenina, según expuso un análisis publicado en 2025 en BMC Pulmonary Medicine y elaborado sobre la base de datos del estudio Global Burden of Disease 2021, que calculó 260 millones de personas asmáticas en el mundo durante ese año. La nota firmada por Valentina Sajama reconstruye, para la sección Sociedad y educación, el estado de la evidencia científica disponible en torno a esa diferencia entre sexos.

Qué cambia después de la pubertad

Durante la infancia, el asma registra mayor frecuencia en varones. Esa relación se invierte en la adolescencia y se consolida en la adultez, momento en el cual las mujeres concentran la mayor prevalencia de la enfermedad y, al mismo tiempo, recurren con más asiduidad a servicios de urgencia y a internacionales hospitalarias. La tendencia, descrita en distintas cohortes, se mantiene estable en las principales regiones analizadas por el estudio Global Burden of Disease 2021.

La diferencia entre sexos no responde a una causa única y aislada, sino a una convergencia de factores hormonales, genéticos, metabólicos y ambientales. Un trabajo publicado en The Journal of Allergy and Clinical Immunology, encabezado por Dawn C. Newcomb de la Universidad Vanderbilt, examinó células inmunitarias de pacientes con asma grave y detectó que el estradiol y la progesterona pueden estimular la producción de IL-17A, una proteína asociada a procesos inflamatorios, al tiempo que registró mayor actividad de linfocitos TH17 en mujeres con asma grave respecto de varones con el mismo diagnóstico. Los autores del estudio aclaran que el hallazgo no prueba causalidad directa ni es extrapolable a todos los casos, dado que el grupo analizado fue reducido y parte del ensayo se realizó en modelos animales.

A quién alcanza y desde cuándo

En diálogo con la prensa especializada, Patricia Silveyra, investigadora de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Indiana, sostuvo que la explicación no pasa por la existencia de genes completamente distintos entre mujeres y varones, sino por la manera en que un mismo gen puede comportarse de forma diferente según el sexo, en interacción con las hormonas y con el entorno. Esa plasticidad, agregó la especialista, ayuda a entender por qué la misma carga genética puede traducirse en cuadros clínicos disímiles.

Ejes de variabilidad clínica

El ciclo menstrual, el embarazo y la menopausia introducen oscilaciones hormonales que, en una proporción significativa de pacientes, modifican la evolución del asma. Una revisión sobre asma premenstrual estimó que hasta un 40 por ciento de las mujeres con la enfermedad podría percibir variaciones ligadas al ciclo, aunque los estudios disponibles todavía no permiten fijar una cifra definitiva. La hipótesis más estudiada vincula esas variaciones con las oscilaciones de estrógeno y progesterona previas a la menstruación, capaces de aumentar la inflamación bronquial y la sensibilidad de las vías aéreas.

Embarazo y menopausia, dos momentos críticos

Durante el embarazo, la trayectoria del asma tampoco es predecible de manera lineal. La descripción clínica tradicional indica que aproximadamente un tercio de las embarazadas con asma empeora, un tercio se estabiliza y un tercio mejora, de modo que el seguimiento debe ser personalizado y sostenido en cada trimestre, según remarcan las guías de referencia. La menopauseia, por su parte, agrega otra capa de complejidad: la caída sostenida de estrógenos modifica el entorno hormonal de las vías respiratorias y, en muchos casos, vuelve necesario reevaluar el tratamiento de mantenimiento.

Factores que se suman al cuadro

Además del eje hormonal, la investigación señala otros determinantes que inciden en la brecha entre sexos. El peso corporal, la exposición a alérgenos domésticos y laborales, el tabaquismo y la contaminación atmosférica interactúan con la susceptibilidad individual y pueden amplificar las diferencias. En conjunto, el cuadro descrito por la literatura científica dibuja un asma adulta con perfil femenino, cuyo abordaje exige considerar de manera explícita las etapas hormonales como variables clínicas de primer orden.

VS
Valentina SajamaSociedad y educación

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