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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Zoe Gotusso cierra el año en el Coliseo con una puesta que huele a fin de temporada

La cordobesa presenta “Un día de verano” el 17 y 18 de diciembre en uno de los teatros más tradicionales de Buenos Aires, con músicos, bailarines y la convicción de que componer es un oficio tanto como un juego.

Por Lucía QuipildorCultura y espectáculos · · hace 1 h
Zoe Gotusso cierra el año en el Coliseo con una puesta que huele a fin de temporada

Volví a sentir ese perfume a madera vieja y a butaca de pana que tienen los teatros cuando uno entra de día, antes de que se prenda el escenario, y la verdad es que se me vino a la cabeza la imagen de Zoe Gotusso caminando por los pasillos del Coliseo con su banda, afinando de apoco mientras afuera todavía hay sol de diciembre y la gente camina por Marcelo T. de Alvear con la campera colgada del brazo. Hay algo de ese ritual porteño, de ciudad que se despide del año a upa de un show, que se cuela en cada nueva fecha que se anuncia para fines de noviembre o principios de diciembre, y esta vez le toca a ella, que el 17 y 18 de diciembre cierra su temporada en el Teatro Coliseo con “Un día de verano”, un espectáculo que ya agotó las entradas para la primera función y todavía tiene localidades disponibles para la segunda.

La propuesta no es una fecha más en la larga lista de recitales que la cantante cordobesa viene acumulando desde hace por lo menos una década, con apenas 29 años encima y una madurez artística que suele ser común escuchar en colegas que llevan bastante más tiempo en el escenario. “Un día de verano” llega con músicos en vivo, bailarines y una puesta escénica pensada al detalle para uno de los teatros más tradicionales de la calle Marcelo T. de Alvear, y la propia Gotusso lo presentó, en las entrevistas previas que dieron vuelta por los portales de espectáculos, como el cierre natural de un año de actividad sostenida sobre los escenarios, después de una temporada intensa en la que estuvo girando, grabando y reapareciendo en los escenarios porteños con la constancia de quien sabe que en este oficio no se puede aflojar.

La herencia de “Pequeños conciertos”

No es la primera vez que Zoe se planta en Buenos Aires con una propuesta que combina música y cuerpo en movimiento: el año pasado llevó adelante una residencia de 18 funciones que llamó “Pequeños conciertos”, donde la idea era correr del formato clásico de show e invitar a la danza a sumarse como un instrumento más, en un formato más íntimo y despojado. Aquella experiencia, que funcionó como una especie de laboratorio escénico, dejó enseñanzas que la cantante y su equipo recogieron para armar ahora esta nueva entrega, que mantiene parte de aquella lógica pero en una escala diferente y con el peso simbólico que tiene para cualquier artista argentino subir a las tablas del Coliseo, donde desfilaron figuras de todos los estilos y generaciones.

Lo que se viene para el público que vaya al teatro el 17 o el 18 de diciembre es, entonces, algo que va un poco más allá del recital tradicional: es un espectáculo donde la música se cruza con la coreografía, donde los músicos dejan de estar escondidos al costado y pasan a ser parte de una escena pensada para que la mirada del espectador recorra el escenario de punta a punta, como suele pedirse en las producciones que buscan diferenciarse del esquema canción tras canción sin demasiadas sorpresas visuales.

El oficio de componer y la frase de María Elena Walsh

“La inspiración te tiene que encontrar trabajando.”María Elena Walsh, citada por Zoe Gotusso

En una de las charlas que la artista dio en los últimos meses, dejó una definición que a mí, personalmente, me parece de las más honestas que escuché en mucho tiempo viniendo de una cantante de su generación: rechazó de plano la idea de que componer sea cuestión de esperar la musa, de sentarse a esperar que la idea llegue como un rayo. Para ella, escribir canciones es también un oficio, una responsabilidad profesional, una tarea que se hace aunque al principio uno no tenga ni la menor idea de qué quiere contar. “La inspiración te tiene que encontrar trabajando”, dijo, citando una frase que se le atribuye a María Elena Walsh y que a mí me retrotrae a las viejas clases de taller literario, a esos profesores que te insistían con que no se escribe cuando se tiene ganas sino cuando se puede, aunque a veces duela, aunque a veces salga un mamarracho que después hay que tirar a la papelera. Zoe reconoce que su forma de encarar la composición tiene mucho de juego, de diversión, de ese momento en el que uno se sienta al piano o agarra la guitarra sin un plan fijo, pero también asume que sin disciplina ese juego se queda en juego y no se convierte en una canción que merezca ser escuchada por otros.

“Detalles”, el disco de reversiones románticas

El trabajo que la cantante presenta como su disco más reciente es “Detalles”, un álbum de reversiones de canciones del brasileño Roberto Carlos que la tuvo ocupada cerca de un año junto a la productora María Wolff, y que ella misma describe como un disco “romántico”, en el sentido más clásico y a la vez más comprometido de la palabra. En las entrevistas, Zoe fue bastante clara con respecto al proceso: “Hay que hacer un esfuerzo, hay que hablar, hay que decir”, tiró como una especie de declaración de principios, y la frase me suena a consejo y también a diagnóstico de época, porque a los artistas de su edad, formados en redes sociales y en la inmediatez, se les suele pedir que aplicara la lógica del fragmento y de la devolución constante, cuando un disco como “Detalles” exige otra paciencia, otra dedicación, otro tipo de conversación con la música y con quien la produce al lado.

Yo, la verdad, no fui todavía a ninguna de las funciones de “Pequeños conciertos” ni a las presentaciones que Zoe hizo en lo que va del año, y me quedé con ganas cuando me enteré de este cierre en el Coliseo, porque tengo la intuición de que estos shows van a marcar un antes y un después en la manera que la cantante se planta frente a un escenario grande. Si te pasa como a mí y todavía no sacaste la entrada, andá pensando en la fecha del 18, porque la del 17 ya se agotó y, tratándose de una artista que a los 29 años puede mirar hacia atrás y decir sin hacerse la interesante que está contenta con el momento que le toca vivir, la verdad es que vale la pena estar ahí para ver cómo suena ese “día de verano” en pleno diciembre porteño.

LQ
Lucía QuipildorCultura y espectáculos

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