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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Vuelve a las salas españolas una de las películas de anime más queridas de los últimos veinte años

Los Cines Verdi de Madrid y Barcelona programaron una función especial de La chica que saltaba a través del tiempo, el clásico de Mamoru Hosoda que cumple dos décadas y se proyecta en versión original subtitulada.

Por Lucía QuipildorCultura y espectáculos · · hace 17 d
Vuelve a las salas españolas una de las películas de anime más queridas de los últimos veinte años

El olor a pochoclo caliente y el murmullo apagado de la sala antes de que se apaguen las luces fueron, durante décadas, la puerta de entrada a muchas historias que hoy siguen marcando la memoria de cualquiera que haya crecido en una ciudad con cines. Yo todavía me acuerdo de la primera vez que escuché nombrar a Mamoru Hosoda, y de lo rápido que entendí que su nombre iba a quedar pegado a una forma muy particular de contar el paso del tiempo, los afectos y la adolescencia en animación. Por eso me pareció una pequeña gran noticia que los Cines Verdi de Madrid y Barcelona hayan decidido recuperar en pantalla grande una de sus películas más emblemáticas, justamente cuando se cumplen veinte años de su estreno original en Japón.

Una sola función y entradas a la venta

La proyección está prevista para el viernes 2 de octubre de 2026, a las 22:30, en el marco del ciclo Anime Day que esas salas vienen desarrollando desde este año. La película se va a ver en idioma original con subtítulos, y las entradas ya se pueden conseguir a través de la página web de los Cines Verdi. Es una función única, de esas que obligan a organizarse la noche si uno no quiere quedarse afuera, y que devuelve a la pantalla grande un título que muchos espectadores conocieron en DVD, en streaming o en reiteradas pasadas por televisión.

El regreso a las salas lo impulsa Selecta Visión, la distribuidora que ya trabaja con la animación japonesa en el mercado hispanohablante y que vuelve a apostar por este clásico con motivo del aniversario. Madrid y Barcelona son las dos ciudades elegidas para esta recuperación, así que la cita queda concentrada en esas dos plazas y no se anunció, por ahora, una gira más amplia.

Una protagonista con el tiempo entre las manos

Lo que cuenta La chica que saltaba a través del tiempo es, en apariencia, algo muy sencillo: una adolescente descubre que tiene la capacidad de retroceder en el tiempo y repetir tramos de su propia vida. La fórmula parece un juego, y de hecho al principio la protagonista la usa casi como un pasatiempo: vuelve sobre una y otra jornada para esquivar un examen, para repetir una conversación, para conseguir un pequeño triunfo que se le escapó en el primer intento.

El relato, animado por el estudio Madhouse, va mostrando de a poco que esa libertad absoluta no existe. Los saltos temporales tienen un tope y, cuando la protagonista lo descubre, empieza a utilizarlos para ayudar a las personas que quiere, aunque eso implique tomar decisiones que la cambian a ella misma. A mí esa parte siempre me pareció la más conmovedora, porque ahí la película deja de ser un ejercicio de ciencia ficción simpática y se convierte en una historia sobre hacerse cargo de las propias elecciones, sobre los lazos que se construyen y los que se desgastan cuando uno insiste en volver sobre lo mismo.

Hosoda, un director con marca propia

Antes de sentarse en la silla de director de este filme, Mamoru Hosoda había pasado por series muy populares de la animación japonesa, entre ellas Digimon, One Piece y Samurai Champloo, donde quedó demostrada su capacidad para moverse entre la aventura, la acción y el costumbrismo. La chica que saltaba a través del tiempo terminó de consolidar su voz propia: un cine que se permite hablar de ciencia ficción sin perder de vista la intimidad de los personajes, y que confía en que el público va a bancar una historia que toma su tiempo.

A veinte años de su estreno, la película sigue funcionando como una clase magistral sobre cómo contar lo cotidiano con herramientas extraordinarias, y por eso verla otra vez en una sala, con butacas, pantalla grande y ese silencio compartido, se siente casi como un acto de justicia cinéfila. Si tienen la posibilidad de llegar a Verdi el 2 de octubre, vayan: es de esas funciones que, después, uno se alegra de no haberse perdido.

LQ
Lucía QuipildorCultura y espectáculos

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