Visión vuelve a la pantalla, pero la serie se enreda con sus propias ideas
La nueva apuesta de Disney+ reune a Paul Bettany y James Spader en una historia que arranca con buen pulso y se pierde entre tantos conceptos que no terminan de cuajar
Hay algo que llama la atención apenas uno se sienta a ver VisionQuest, la nueva serie de Marvel que acaba de desembarcar en Disney+: el silencio. Un silencio espeso, casi de pensión europea, con el olor a cerveza tibia y a madera vieja que debe tener cualquier pub de Edimburgo un martes por la noche. En esa atmósfera, casi sin que nos demos cuenta, aparece Visión atendiendo mesas como si fuera un fantasma que se hubiera escapado de la saga. Viste delantal, lleva los platos con una delicadeza medio absurda y, sobre todo, no recuerda quién es. Yo, que venía de una semana larga y entré a la serie esperando pochoclo Marvel clásico, me encontré con algo bastante más raro: un drama filosófico disfrazado de superhéroe, con Paul Bettany poniendo cara de perdido cada vez que alguien le pregunta de dónde viene.
La premisa es de esas que a mí, personalmente, me despiertan curiosidad. Visión reaparece cinco años después de su última aparición en el Universo Cinematográfico de Marvel y lo hace viviendo de incógnito en Escocia, sin recuerdos ni identidad definida. De día trabaja en un pub. De noche, cuando se pone a dormir, su mente lo traslada a un espacio interior donde conviven avatares de distintas inteligencias artificiales y, sobre todo, un Ultrón recluido, al que James Spader le pone esa ironía afilada que ya le conocemos. Es un gran acierto de casting, y se nota: cada vez que Spader aparece en pantalla la serie sube varios escalones.
Lo que funciona y lo que no
- La dupla Bettany-Spader sostiene la serie incluso cuando el guión se tropieza.
- La relación paternofilial entre Ultrón, Visión y Tommy es el verdadero motor emotivo de la historia.
- Yocasta, interpretada por T'Nia Miller, aporta una tensión poco habitual en este tipo de producciones.
- La narración se vuelve demasiado explicativa: los personajes justifican cada movimiento en exceso.
- La trama orbita varias ideas a la vez (los acuerdos de Sokovia, el barco de Teseo) sin profundizar en ninguna.
A la tranquilidad del pub se la llevan puesta dos personajes que llegan para sacudir todo. Por un lado, Paladin, un mercenario de élite contratado para capturar a Visión. Por el otro, Tommy, un joven carterista londinense atormentado por recuerdos de una vida que, se da cuenta él, nunca vivió. La serie, dirigida por Terry Matalas, el mismo de Star Trek: Picard, funciona mejor cuando deja que estos tres personajes se vayan conociendo. Ahí aparece el costado humano, la pregunta por la identidad, por lo que somos más allá de la memoria. Y uno, desde el sillón, se engancha.
El problema aparece cuando la serie se pone a explicar. Y se pone bastante. VisionQuest es, en ese sentido, una producción muy expositiva: los personajes hablan y hablan, justifican cada decisión, le cuentan al otro lo que ya vimos. Como si no se confiaran en que el espectador va a entender. A eso se suma otro tema: la historia quiere tocar demasiadas cosas. Los acuerdos de Sokovia, el dilema filosófico del barco de Teseo, la naturaleza de la conciencia, la paternidad, la culpa, todo en ocho episodios. No es que estén mal elegidos los temas, sino que la serie los menciona, los acaricia un rato y pasa al siguiente, sin terminar de cerrar ninguno. Es un defecto que, para mí, le termina pesando.
Si uno mira la trilogía informal que vienen armando WandaVision, Agatha, ¿quién si no? y esta entrega, VisionQuest queda en el último lugar del podio. No es una mala serie, ojo: es entretenida, tiene buenas actuaciones y la dupla Bettany-Spader justifica el visionado. Pero, al igual que su protagonista, la producción parece andar buscando una razón de ser que no termina de encontrar. A veces me pasa con ciertas películas o series, que uno siente que el relato está dando vueltas alrededor de su propio ombligo sin atreverse a decir lo que realmente quiere decir. VisionQuest se acerca a algo interesante sobre qué somos cuando nos sacan los recuerdos y las etiquetas, pero se queda en la puerta, como si tuviera miedo de entrar.
Dicho todo esto, vale la pena verla. Aunque más no sea para ver a James Spader haciendo de Ultrón con esa media sonrisa que es una clase magistral de ironía en sí misma, y para acompañar a Bettany en un personaje que siempre me resultó de los más nobles de todo el Universo Marvel. Como dice el viejo Héctor Alterio en una película que no viene al caso pero que me gusta repetir: uno no va al cine solo a entender, va también a sentir. Y VisionQuest, con sus defectos, algo hace sentir. Aunque sea la bronca de que podrían haber afinado un poco más el libreto.
