Veintisiete años después, la secuela de "Prácticamente magia" le gana la pulseada a la original en la butaca y en la pantalla
Sandra Bullock y Nicole Kidman vuelven a encabezar un filme de fantasía que mejora la calificación del público y los números de crítica, aunque los márgenes son finitos y la inversión de 75 millones de dólares exige recorrido largo.
A esta altura de mi vida, cuando cruzo la puerta de un cine en un sábado a la noche y me envuelve ese aroma clásico de pochoclo con mantequilla mezclado con el zumbido de los parlantes precalentándose, sé que estoy por encontrarme con un pedazo de mi propia historia. Y así me pasó el otro día, cuando fui a ver la secuela de una película que vi... perdón, en mi adolescencia, cada vez que la pasaban por televisión por cable. La sala estaba llena, no tanto como un estreno de superhéroes, pero con ese murmullo cómplice de la gente que creció con la historia y vuelve a verla en la cara de otras actrices, o más bien de las mismas actrices, que corrieron con la suerte (y el mérito) de seguir ahí.
Me acuerdo perfectamente de la primera entrega, esa comedia con ribetes fantásticos que mezclaba hermanas brujas, romance improbable y una melancolía muy particular. No fue un éxito en su momento, pero se ganó un lugar en el corazón de varias generaciones a fuerza de repetirse en videoclubes y emisiones de cable. Por eso, cuando supe que casi tres décadas después llegaba una segunda parte, con Sandra Bullock y Nicole Kidman otra vez al frente del elenco, lo primero que pensé fue en esa frase que repetía mi abuela chaqueña: "Las cosas buenas siempre vuelven, aunque sea en distinto envoltorio".
El público la aprueba, la crítica la mira de reojo
Los números del estreno cuentan una historia con claroscuros. Del lado del público, la mejora es concreta: la secuela se llevó una B+ en el sistema CinemaScore, que es esa encuesta que se hace a la salida de la función para medir la reacción a boca de jarro. La original, en 1998, se había quedado en una B-, así que hay un salto perceptible, aunque tampoco estamos ante una ovación cerrada. Lo que sucede, y conviene aclararlo, es que la convocatoria de esta segunda parte arrastra desde el vamos a quienes ya querían a la primera, y eso suele empujar las notas iniciales para arriba.
La crítica especializada, en tanto, acompaña la tendencia pero con los dientes apretados. En el sitio de reseñas Rotten Tomatoes la secuela cosecha un 39 por ciento de críticas positivas, contra el 31 por ciento que acumulaba la original. Es mejor, sí, pero el número en sí mismo es de los que hacen fruncir el ceño a cualquier productor.
- CinemaScore: B+ para la secuela, B- para la original de 1998.
- Rotten Tomatoes: 39 por ciento de aprobación para la nueva, frente a 31 por ciento de la primera.
- Presupuesto: 75 millones de dólares, una cifra considerable para una secuela de estas características.
- Taquilla: lidera el fin de semana de estreno en Estados Unidos, pero los analistas piden cautela sobre la proyección.
- Contexto: la película original fracasó en salas y se convirtió en filme de culto con el paso de los años.
Sobre el escenario comercial, la película debutó primera en la taquilla estadounidense de su fin de semana, lo que constituye una buena señal inicial para Warner, que puso sobre la mesa esos 75 millones de dólares de presupuesto. Pero acá viene el dato que hay que mirar con atención, porque a veces la foto del primer fin de semana engaña: para que la inversión se recupere sin sobresaltos, la película necesita sostener el ritmo varias semanas. No es magia, es matemática.
A mí, lo que más me interesa es lo que no se mide en los sistemas de puntuación. Me fui de la sala con esa sensación que te queda cuando una historia te devuelve algo tuyo. Salí a la calle, era de noche, hacía frío, y me acordé de una zamba que cantaba mi vieja en la cocina, esa que dice más o menos que uno vuelve a los lugares donde fue feliz, aunque el lugar haya cambiado. No les voy a mentir: no sé si la secuela se va a convertir en objeto de culto como la primera. Los datos están, las cifras están, la butaca estuvo llena. Lo que no puedo anticipar, ni quiero, es qué va a pasar dentro de veinte años, cuando alguna generación que hoy es adolescente la vea por cable y la sienta como propia.
“Las cosas buenas siempre vuelven, aunque sea en distinto envoltorio.”refrán que repetía la abuela chaqueña de la cronista
