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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Una canción que cruzó una sala de espera y le erizó la piel a Rocío Igarzábal

A dos meses de la muerte de Ernestina Pais, su compañera de elenco reconstruyó un episodio que la sigue sacudiendo: una desconocida empezó a cantar en voz alta “Todo está aquí”, de Julieta Venegas, la misma canción que las dos actrices habían cantado a los gritos en el auto, entre lágrimas.

Por Lucía QuipildorCultura y espectáculos · · hace 40 d
Una canción que cruzó una sala de espera y le erizó la piel a Rocío Igarzábal

Volví a sentir ese olor a sala de espera de clínica, ese aire cargado de revistas viejas y calefacción demasiado alta, cuando escuché por radio a Rocío Igarzábal contar lo que le pasó el lunes 29 de junio, tres días después de que Ernestina Pais muriera atropellada por un tren en San Isidro, mientras viajaba hacia el teatro para hacer la función de la obra que compartían. La actriz habló con la voz entrecortada el 4 de septiembre, en un programa radial, y adelantó antes de arrancar que el corazón ya le latía fuerte. Cuando lo escuché, entendí por qué: lo que vino después es de esas historias que no entran del todo en una explicación racional.

Ernestina Pais tenía 39 años y murió el jueves 26 de junio cuando se dirigía al teatro para protagonizar la obra que coprotagonizaba con Igarzábal. Las dos habían construido en esos meses de gira una amistad cercana dentro y fuera del escenario. En uno de esos viajes de vuelta del teatro, Igarzábal le había confesado que “Todo está aquí”, del MTV Unplugged de Julieta Venegas, era una de sus canciones favoritas, tanto que la inspiró a componer un tema para su hija, que formará parte de un disco previsto para el año próximo. Las dos la cantaron a los gritos en el auto, con mucha emoción.

Una sala de espera y una voz inesperada

El 29 de junio, Igarzábal fue a hacerse un espinograma. En la sala de espera había pocas personas. Una mujer mayor se acercó, la reconoció y le contó que su hijo había sido una de las últimas personas en estar junto a Pais en los momentos finales del accidente y que estaba muy afectado por lo que había vivido. Cuando la llamaron para entrar al estudio, otra mujer que estaba sentada a varios asientos de distancia, con su hijo pequeño al lado, empezó a cantar en voz alta: “Todo está aquí…”. Igarzábal se quedó paralizada.

“Se me erizó la piel. Yo sentí que me estaba diciendo que ella estaba bien.”Rocío Igarzábal

La actriz reconstruyó ese momento en el aire de la radio y contó algo que, me animo a decir, también me pasó a mí alguna vez escuchando una canción que no esperaba escuchar en el momento menos pensado. Esa coincidencia, dijo, le cambió el lugar que ocupa la música de Julieta Venegas en su vida. Ya no es solo una melodía que cantaba con su amiga en el auto volviendo del teatro: es también la voz de una desconocida que, sin saberlo, le trajo a Ernestina a una sala de espera cualquiera de Buenos Aires.

Me quedé pensando en estas cosas que a veces nos pasan y que no sabemos bien dónde guardar. Una canción que viaja de un auto a una clínica, una madre con su hijo al lado, un chico que vio todo y no puede sacárselo de la cabeza. Igarzábal, mientras lo contaba, dijo que desde ese día la música de Venegas ocupa un lugar nuevo en su vida. Es probable que a varios que lean esto les pase algo parecido con algún tema que sonó justo cuando no tenía que sonar. ¿Tuviste alguna vez una experiencia así, de esas que no encontrás cómo explicar del todo?

LQ
Lucía QuipildorCultura y espectáculos

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