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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Un robot humanoide con IA se prueba en un hospital japonés y anticipa su desembarco en oficinas y fábricas

El equipo D1, de la firma Zeals, aprendió a guiar pacientes y a retirar platos en Nagoya. Su fabricante apunta a producir cien unidades antes de marzo de 2027 y ya trabaja con aseguradoras y empresas para pensar riesgos, capacitación y modelos de negocio.

Por Esteban LamasTecnología y ciencia · · hace 15 d
Un robot humanoide con IA se prueba en un hospital japonés y anticipa su desembarco en oficinas y fábricas

A fines de agosto de 2026, un hospital de Nagoya, en el centro de Japón, abrió sus puertas a un invitado poco habitual: el D1, un robot humanoide con inteligencia artificial desarrollado por la empresa Zeals. La prueba consistió en dos tareas tan comunes como reveladoras, orientar a los visitantes que llegan al establecimiento y despejar las bandejas de las mesas del comedor. Elegir esos trabajos, lejos de cualquier escenario espectacular, permitió medir qué tan bien se maneja el equipo en la rutina de un edificio lleno de gente.

El D1 se desplaza sobre ruedas y mide 129 centímetros, una altura similar a la de un chico de unos diez años. En la parte superior lleva una cámara que le permite reconocer rostros, y cuenta con dos brazos capaces de levantar hasta cinco kilogramos cada uno, el peso aproximado de una bolsa de supermercado bien cargada. Está pensado para moverse en interiores, con pisos lisos y pasillos anchos, y su precio arranca en cinco millones de yenes, unos 32.000 dólares al cambio actual.

Una fábrica de datos para enseñar a la máquina

Para Masahiro Shimizu, director ejecutivo de Zeals, el ensayo en el hospital no fue un show tecnológico sino una herramienta de aprendizaje. La idea es juntar información suficiente para entrenar al robot en el mundo real: cuántas veces se topa con una persona, cómo responde cuando alguien le habla, cuánto tarda en llevar una bandeja hasta el carrito de recolección. La empresa prevé fabricar cien unidades antes de marzo de 2027 y acumular 10.000 horas de operación, una cifra que, traducida a días corridos, equivale a poco más de un año de uso continuo repartido entre todos los equipos.

Cómo funciona, en criollo

El robot combina tres piezas que ya conocemos, aunque conectadas de manera nueva. La cámara cumple la función de los ojos: identifica a las personas y los objetos. El software de inteligencia artificial es el cerebro, ya que decide a dónde ir, qué decir y qué levantar. Y los brazos, que terminan en pinzas, son las manos: agarran platos, vasos o bandejas con un límite de cinco kilos para no forzar los motores. En conjunto, el D1 funciona como un caderno digital con cuerpo: recibe información del mundo, toma una decisión y actúa sobre el entorno.

Empresas, capacitación y seguros

El desembarco del D1 no se limitará a los hospitales. La empresa Kakuichi, de la prefectura de Nagano, que vende acero y sistemas de gestión de energía, planea sumar un humanoide en abril de 2027, junto con el ingreso de sus nuevos empleados. Con la ayuda de Play Robotics, lo destinará a manufactura, ventas y otras áreas para que aprenda haciendo. Su director ejecutivo, Riu Tanaka, advirtió que esa incorporación obliga a entrenar al personal para sacarle provecho al equipo, una idea sencilla: de nada sirve una herramienta nueva si nadie sabe pedirle lo que necesita.

El otro flanco que ya se mueve es el de los seguros. Mitsui Sumitomo Insurance se alió con Zeals para ofrecer pólizas a quienes usen el D1. Masaki Oshiro, gerente de una sucursal de la aseguradora, señaló dos riesgos centrales: por un lado, los daños físicos que un robot puede causar a personas o bienes si se tropieza, se equivoca de mando o levanta algo demasiado pesado; por el otro, las filtraciones de datos, ya que un equipo con cámara y conexión a internet puede convertirse en una puerta de entrada para ataques informáticos.

Qué falta para que llegue a todos

La experiencia japonesa muestra que el robot ya sabe hacer cosas concretas, pero todavía tiene por delante varios pasos antes de volverse habitual. Falta acumular las 10.000 horas de uso real que Zeals quiere reunir, ajustar los precios para que el arrendamiento sea accesible y resolver dos asuntos espinosos: quién responde cuando un brazo equivoca un movimiento y cómo se protege la privacidad de las personas filmadas en pasillos y comedores. El gobierno japonés se puso una meta ambiciosa, diez millones de robots con IA en funcionamiento antes de 2040, y ensayos como el de Nagoya son la base sobre la que se apoya esa cuenta regresiva.

EL
Esteban LamasTecnología y ciencia

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