Silo temporada 3: por qué la memoria borrada de Juliette es la llave de toda la serie
Graham Yost, el showrunner de la distopía de Apple TV+, repasa las decisiones creativas que sacudieron la tercera entrega, desde el origen del personaje Troy hasta la redención de Bernard y Sims, y revela cómo Hugh Howey les dio luz verde para tomar distancia de los libros.
Hay un rumor sordo que me llega mientras escribo esta nota, como el zumbido grave de los ventiladores del Silo 18 cuando se corta la corriente: algo cambió para siempre en la tercera temporada de Silo, la serie de ciencia ficción que Apple TV+ viene sosteniendo con pulso firme, y yo necesito entender por qué. Hace unos días me senté a repasar cada entrevista que Graham Yost, el showrunner, dio en la previa del estreno, y lo que descubrí me dejó pensando varios días. La historia que sigue es lo que fui armando, con mis palabras y con todo lo que el material me dejó comprobar, sobre la decisión más arriesgada que tomó el equipo: borrarle la memoria a Juliette, el personaje que Rebecca Ferguson sostiene con esa mezcla de fragilidad y acero que a mí, personalmente, me tieneganada desde la primera temporada.
El punto de partida, según Yost, no fue Juliette sino un personaje mucho más chico de los libros de Hugh Howey: Daniel, un tipo que despierta de la criosuspensión completamente convencido de llamarse Troy. Ese detalle, que en la novela aparece casi como una curiosidad, terminó funcionando como piedra angular de toda la temporada. La frase que Yost repite cada vez que puede es bien clara: "El control de la memoria es una parte fundamental de este proyecto. Sabemos que en el Silo 18 prácticamente borraron los recuerdos de todos hace 140 años." A partir de ahí, el mecanismo creativo se puso en marcha y arrastró todo lo demás.
La pregunta que disparó todo
La lógica del guion es de esas que, cuando las escuchás, parecen obvias y a la vez te golpean. Si Juliette volvía al silo después de todo lo que había hecho, las autoridades que la odiaban tenían dos caminos: matarla o borrarle la memoria. Acá es donde Yost y su equipo pusieron el dedo en la tecla exacta: "¿Y si no pueden matarla porque es demasiado popular?", se preguntaron. Esa duda, que parece chica, es la que termina abriendo la trama central de los diez episodios, porque la respuesta a esa pregunta es mucho más oscura y a la vez mucho más interesante que un simple asesinato.
“Las personas pueden redimirse. Incluso las personas que han hecho cosas malas, en muchos casos, no sabían que eran los malos.”Graham Yost, showrunner de Silo
Eso me lleva a lo que a mí, como espectadora, más me interesa de la temporada: el tratamiento de los antagonistas. Bernard y Sims, a los que en las primeras dos entregas uno aprende a temerles, acá aparecen con todas sus capas a la vista. Yost lo explica con una claridad que da gusto: ellos actuaban siempre convencidos de que estaban protegiendo al silo. Cuando en el tercer arco descubren que el Silo Uno puede destruirlos en cualquier momento, lo que les toca es decidir qué hacen con esa verdad, y ahí, en esa decisión, es donde la serie deja de hablar de villanos para empezar a hablar de personas comunes que se equivocaron en grande. Yo lo vi y, te juro, se me cayó una lágrima en el Living, eso que los argentinos decimos cuando algo nos pega en la panza.
Los libros, los cambios y la bendita bendición de Howey
Otro de los temas que más se repitieron en las charlas es el de los fans que sienten que la serie se alejó demasiado del material original. La tercera temporada cubre el segundo libro de la trilogía de Howey, uno en el que, atenti con esto, Juliette no aparece hasta el final. Esa fue la trampa de la que Yost tuvo que salir como pudo, y la salida fue construirle a Ferguson una historia propia que respete el ADN del personaje sin traicionar lo que la serie ya había construido. A eso se le suma un personaje nuevo, la hermana de Daniel, una aviadora naval que vuelve de una misión sin poder recordar nada de lo que vivió, y que a mí me parece un hallazgo enorme porque corre el foco de Juliette sin dejarla de lado. Lo más interesante de todo, sin embargo, es la postura del propio Hugh Howey, que les dio vía libre absoluta para reversionar su propia obra.
- Howey publicó su primer relato en Amazon y creció en la cultura del fanfic, donde reinterpretar la fuente es parte del juego.
- Para el autor, según Yost, el proyecto se trata de "formar parte de una comunidad de personas que trabajan dentro de esta historia".
- Esa lógica comunitaria fue la que habilitó al equipo de guionistas a tomar decisiones fuertes como el borrado de memoria de Juliette.
- La serie se anima a construir tramas propias cuando el libro no le alcanza, sin pedirle permiso a cada fan en el camino.
Me queda dando vueltas una frase que Yost pronunció en una de esas conversaciones y que, me parece, condensa todo el espíritu de Silo y, en buena medida, el de cualquier ficción distópica que se precie de honesta: la idea de que las personas, incluso las que hicieron cosas horribles, muchas veces no sabían que eran los malos. Esa convicción, esa manera de mirar al otro sin demonizarlo pero sin dejar de señalarle los errores, es lo que vuelve a esta serie distinta en un catálogo plagado de distopías que suelen buscar el shock por el shock mismo. Si me preguntás a mí, que vengo siguiendo Silo desde el primer episodio con la misma fidelidad con la que sigo a mi club los domingos, te digo que la tercera temporada se anima a dar el paso más difícil que puede dar cualquier serie: tratar a sus antagonistas como seres humanos, aunque eso duela, aunque eso incomode, aunque eso nos obligue a preguntarnos qué habríamos hecho nosotros en su lugar. Y eso, querido lector, es de las pocas cosas que la televisión de hoy sigue regalándonos con generosidad.
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