Sentirse solo o estar aislado: dos factores que recortan hasta casi seis años de vida saludable, según un estudio del Biobanco británico
Una investigación difundida por la Universidad de Tulane a partir de datos de más de 277.000 participantes del Biobanco del Reino Unido distinguió entre aislamiento social y soledad, y encontró diferencias marcadas en los años de vida sin enfermedades físicas y mentales. Los hábitos saludables amortiguaron el impacto del aislamiento, pero no el de la soledad.
La confusión entre estar solo y sentirse solo es una de las claves para interpretar los resultados de un nuevo estudio. La investigación, presentada por la Universidad de Tulane en un comunicado fechado el 22 de septiembre de 2026, partió de la base de que se trata de dos fenómenos distintos y concluyó que ambos se asocian con una menor cantidad de años de vida saludable, aunque con matices según el sexo, el tipo de afección y los hábitos cotidianos de las personas participantes.
Qué cambia
El trabajo, encabezado por el investigador Lu Qi, introdujo una separación metodológica entre el aislamiento social, definido como la escasez objetiva de contactos e interacciones, y la soledad, entendida como la percepción subjetiva de falta de vínculos significativos. Esa distinción, basada en definiciones del Consejo Nacional de Envejecimiento de Estados Unidos, permitió que los análisis no mezclaran dos dimensiones que pueden coexistir o presentarse por separado en una misma persona. A partir de esa diferenciación, la investigación describió cuánto se acorta la expectativa de años sin enfermedades cuando se atraviesa cada una de esas situaciones.
Los datos surgen del Biobanco del Reino Unido, una de las bases biomédicas más grandes del mundo, y corresponden a más de 277.000 participantes de entre 40 y 69 años que al momento de incorporarse al estudio no presentaban ninguna de las siete condiciones evaluadas: diabetes, enfermedades cardíacas, enfermedades pulmonares, demencia, cáncer, depresión y ansiedad. Tomando los 50 años como referencia, el equipo calculó cuántos años de vida saludable podían esperar según su nivel de aislamiento y de soledad.
A quiénes alcanza
El alcance es amplio, porque comprende a personas adultas de mediana edad y mayores, en su mayoría residentes del Reino Unido. La investigación detectó diferencias relevantes entre varones y mujeres, que se resumen a continuación:
- Mujeres con soledad y aislamiento social: 2,4 años menos de vida sin enfermedades físicas.
- Hombres con soledad y aislamiento social: 1,7 años menos de vida sin enfermedades físicas.
- Mujeres en salud mental: 3,7 años menos por el efecto combinado de soledad y aislamiento.
- Hombres en salud mental: 5,8 años menos, la brecha más amplia del estudio.
Según el informe difundido por la Universidad de Tulane, la brecha más pronunciada se registró en la salud mental de los hombres, con 5,8 años menos de vida sin depresión ni ansiedad, una diferencia que duplica la observada en el componente físico de las mujeres. Los autores aclararon que las cifras expresan años libres de las enfermedades estudiadas y no se traducen de manera directa en años de vida perdidos.
Desde cuándo rigen las conclusiones y qué atenuó los efectos
Los resultados corresponden al seguimiento longitudinal realizado por el equipo de Lu Qi, aunque la fuente no especificó la duración exacta del período. La novedad central radica en que la investigación evaluó de forma conjunta la dimensión objetiva y la subjetiva del contacto humano y las vinculó con un indicador compuesto de salud, en lugar de centrarse en una sola enfermedad.
Otro de los hallazgos refiere al papel de los hábitos cotidianos. Una alimentación equilibrada, la práctica regular de actividad física, un sueño adecuado y la ausencia de tabaquismo amortiguaron parte de la pérdida de años saludables asociada al aislamiento social. Sin embargo, esos mismos hábitos no redujeron de manera significativa los riesgos vinculados con la soledad. Para los autores, esa asimilia sugiere que la percepción de vínculos significativos tiene un peso propio que no se compensa únicamente con conductas saludables.
“El estudio abarcó tanto la salud física como la mental, y mostró que sentirse solo pesa de manera distinta a estar aislado.”Lu Qi, investigador principal, comunicado de la Universidad de Tulane del 22 de septiembre de 2026
