Saltar al contenido
Viernes, 16 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Portada › Turismo ›
Turismo /

San Pedro, la puerta del Caribe beliceño que se recorre sin apuro

En avioneta o en ferry, el pueblo del Cayo Ambergris combina playas, snorkel sobre la barrera coralina y salidas al Gran Agujero Azul, con un ritmo cotidiano marcado por los carritos de golf y la gastronomía local.

Por Micaela VilteTurismo · · hace 22 d
San Pedro, la puerta del Caribe beliceño que se recorre sin apuro

Les cuento lo que vi y lo que viví al llegar a San Pedro, el pueblo que muchos llaman la capital informal del Cayo Ambergris. Desde Ciudad de Belice hay dos maneras de plantarse allí: una avioneta de unos 15 minutos operated por Tropic Air, en aeronaves chicas para 14 pasajeros, o un ferry que demanda cerca de una hora y media de navegación. Yo opté por el ferry para ir tomando el pulso del Caribe de a poco, aunque reconozco que la avioneta regala esa postal de la barrera coralina desde arriba que no se olvida más.

El pueblo se recorre a pie sin mayores problemas, porque el centro es compacto y está lleno de locales gastronómicos, puestos de artesanías y tiendas. Lo que más me llamó la atención es el ritmo de la calle: en lugar de taxis y autos, los protagonistas son los carritos de golf, que funcionan como remise, como delivery y hasta como remise compartido entre vecinos. Es de esos detalles que te hacen bajar un cambio y entender que acá la vida va a otra velocidad.

Excursiones para meterse en el mar

  • Reserva Marina de Hol Chan y Shark Ray Alley: salidas de snorkel para ver corales, tortugas, peces de colores y tiburones nodriza, con chances de avistar delfines desde la superficie.
  • Gran Agujero Azul: sumidero submarino de 300 metros de diámetro y 120 metros de profundidad, con inmersiones entre estalactitas y estalagmitas, o vuelos panorámicos para los que no bucean.
  • Secret Beach: jornada de playa con arena clara y agua tibia, ideal para estirarse al sol después de las salidas marinas.

La Reserva Marina de Hol Chan es, a mi entender, el imperdible. Estuve metido en el agua casi una hora y media, con tortugas que pasaban a un metro y tiburones nodriza que se mueven con una tranquilidad que contagia. La barrera coralina, Patrimonio Mundial de la Unesco desde 1996, se extiende por unos 300 kilómetros y forma una laguna que protege a la isla del oleaje y sostiene una biodiversidad que sorprende aun a los que ya han buceado en otros mares del mundo.

Para los que no se animan a las profundidades, el Gran Agujero Azul tiene una alternativa aérea que permite ver el círculo azul intenso rodeado de coral desde el avión. Es un sobrevuelo corto, pero la foto queda para siempre. Cerca de allí, los Six Places of Food Tours organizan entre las 17 y las 20 una recorrida por seis locales de comida típica donde probé camarones con salsa de coco, ceviches frescos, empanadas de pescado y los famosos fry jacks, unas tortas fritas que en Argentina nos recuerdan a las de la abuela pero con otro ADN.

Un dato práctico antes de armar la valija: el idioma oficial es el inglés, aunque en las zonas turísticas se escucha bastante español y créeme que con un poco de paciencia y una sonrisa uno se arregla. El consejo que siempre repito es llevar efectivo en moneda local, porque muchos locales pequeños no aceptan tarjeta y los cajeros automáticos en la isla son limitados. En cuanto al bolsillo, el ferry desde Ciudad de Belice ronda los 30 dólares estadounidenses por persona, mientras que el tramo en avioneta trepa a unos 150 dólares ida y vuelta, una diferencia que pesa a la hora de decidir.

Si me preguntan qué me llevo de San Pedro, me quedo con la tarde en Secret Beach, el snorkel en Hol Chan y una mesa compartida con pescadores locales. Les recomiendo arrancar la jornada con un desayuno de fry jacks con frijoles en cualquier puesto del centro, almorzar ceviche frente al muelle y cerrar el día con los camarones con salsa de coco que sirven en los locales que participan del recorrido gastronómico. Es la mejor manera de entender por qué este rincón de Belice enamora a quien se da el gusto de conocerlo.

MV

Te puede interesar