Miércoles, 26 de agosto de 2026
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Rubén Rada se fue y dejó una lección: en la música, quedarse quieto es el final

El músico uruguayo murió y sus últimas reflexiones sobre Tini, Trueno, Wos, Catriel y el recambio en la escena popular volvieron a sonar como una hoja de ruta para los que empiezan.

Por Lucía QuipildorCultura y espectáculos · 26 de agosto de 2026 · hace 34 min

Lo primero que me llegó fue el olor a madera del piano y a un café viejo, de esos que se sirven en los camerinos cuando el show ya terminó y todavía queda alguien contando los aplausos. Así me imagino la última vez que Rubén Rada se sentó a charlar sobre música con quien quisiera escucharlo: con esa mezcla de cariño y autoridad que solo tienen los que llevan décadas en el escenario y todavía se animan a mirar hacia adelante en lugar de replegarse sobre sus glorias. La noticia de su muerte sacudió a la música popular rioplatense, pero lo que más resonó en estas horas fueron sus palabras sobre los músicos jóvenes, esas que había dejado caer en entrevistas recientes y que hoy, con su partida, quedan flotando como un legado y como una advertencia a la vez.

Una lista de afinidades que cruzó generaciones

  • Tini, a quien mencionó como parte de una camada que está rompiendo.
  • Trueno, en esa misma línea de artistas que renuevan el lenguaje.
  • Wos, otro de los nombres que repitió con admiración.
  • Conociendo Rusia, sumando al mapa de los nuevos.
  • Nafta y Catriel, con quienes mantenía un vínculo de cercanía.
  • Ricardo Mollo, un clásico que él incluía entre sus afectos.
  • El Plan de la Mariposa, citados como parte del presente que lo entusiasmaba.

Yo lo vi una vez en Montevideo, en una función que parecía chica y a la vez enorme. Me acuerdo de que arrancó con un tema que no conocía nadie y terminó con todo el teatro cantando algo suyo, de esos que sobreviven a cualquier generación. Esa noche entendí por qué hablaba de los pibes nuevos con ese entusiasmo: él no los padecía, los miraba como quien mira a alguien que todavía tiene todo por hacer, y eso, en un músico de su trayectoria, es un gesto enorme. Lo que él llamaba romper no era una cuestión de rankings ni de números de Spotify, sino de proponer algo que modifique el aire que se respira cuando suena una canción.

“Todo tiempo pasado no fue mejor. El mejor tiempo es el que viven los jóvenes ahora porque es el tiempo de ellos.”Rubén Rada

Esa frase la repitió más de una vez y hoy suena como un aviso para navegantes. Rada se negaba a comparar: sabía que los recursos, los sonidos y las formas de producción de hoy configuran un escenario distinto al de su formación, y por eso mismo lo miraba con curiosidad en lugar de sospechas. Cuando le preguntaban por los cambios en la música popular, él respondía con una defensa del presente que a muchos de su generación les cuesta articular. Lo hacía sin grandilocuencia, con esa tonada montevideana que vuelve chiquita cualquier solemnidad.

Para graficar su propia adaptación, contó que grabó una canción con un artista de rap que acumuló quince millones de reproducciones. Lo contó con una sonrisa que uno se imagina, porque lo central de la anécdota no era el número sino la reacción de sus nietos: recién ahí le dijeron que se había ido para arriba. Ese cruce entre generaciones, ese guiño familiar, decía más que cualquier análisis: era la confirmación de que había que leer el presente con otras claves, no con las que servían hace cuarenta años.

La advertencia para los que empiezan

“Que se diviertan, pero que se acuerden que no pueden quedarse en ese lugar, que después de esto tiene que venir otra cosa, si no la gente no les cree.”Rubén Rada

Esa frase es la que más me quedó dando vueltas mientras escribía esta nota, porque no es un reproche ni un consejo condescendiente, es casi un consejo de abuelo músico: divertirse está bien, pero sin evolución no hay carrera que sobreviva. Rada sabía de lo que hablaba: él mismo repasó su recorrido con una franqueza que duele un poco cuando la escuchás. Admitió que no había alcanzado la masividad de otros colegas de la región y describió su lugar con una frase que se repite desde hace tiempo: me conocen todos los músicos del mundo, pero no el público. Esa confesión, lejos de ser un lamento, sonaba a descripción ajustada de un mapa: él era un puente entre generaciones, un tipo al que los jóvenes iban a buscar porque les resolvía una pregunta sobre cómo seguir sin traicionarse.

Así como un verso de zamba puede sobrevivir décadas porque dice algo que sigue sirviendo, las palabras de Rada sobre los músicos jóvenes parecen escritas para este momento exacto. Mientras tanto ruido mediático gira alrededor de quién es más vendedor o más auténtico, él dejó una hoja de ruta bastante clara: mirar a los que vienen sin competir con ellos, exigirles evolución sin negarles la alegría del presente y, sobre todo, entender que una carrera musical no se sostiene con un solo golpe de efecto. Queda la pregunta abierta para quienes leen, para quienes cantan y para quienes empiezan: qué artista joven creés que representa mejor ese espíritu de movimiento permanente que Rada defendió hasta último momento, y si en el fondo no somos todos, de una forma u otra, músicos tratando de no quedarnos en el mismo lugar.

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Lucía QuipildorCultura y espectáculos

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