Roronoa Zoro: la mezcla improbable entre un pirata devorador de corazones y el espadachín enmascarado más famoso de la historia
El segundo tripulante de la Thousand Sunny en One Piece debe su apellido a un corsario francés del siglo XVII conocido por torturar poblaciones enteras, mientras que su nombre de pila evoca al Zorro, el héroe de capa y espada que lleva un siglo dando saltos en la pantalla grande. Una combinación curiosa que el autor Eiichiro Oda resolvió sin que los personajes tengan nada que ver entre sí.
A veces las cosas más raras que uno descubre están en los lugares más obvios. Me pasó a mí releyendo los márgenes de One Piece: el personaje más querido de la serie, ese espadachín verde que se pierde en cualquier dirección menos en la correcta, lleva un nombre que sale de mezclar a un pirata francés del siglo XVII que comía corazones enemigos con el Zorro, el héroe enmascarado que lleva más de cien años saltando entre películas, cómics y series de televisión. Dos mundos que no tienen absolutamente nada en común, salvo que a Eiichiro Oda le sonaron bien juntos. Y vaya si le sonaron.
Voy por partes, como me gusta hacer cuando el asunto lo amerita, porque la historia de cómo Roronoa Zoro llegó a llamarse así tiene una primera mitad luminosa y una segunda mitad, digamos, bastante oscura. Las dos son interesantes, pero conviene entrar despacio, con el café al lado, porque el segundo tramo de la nota no es apto para estómagos sensibles.
El Zorro: el eco de un enmascarado que lleva un siglo corriendo por las pantallas
La primera pista es la más evidente y la más simpática. El Zorro apareció por primera vez en 1919, en un relato titulado The Curse of Capistrano que se publicó en la revista estadounidense All-Story Weekly. Al año siguiente llegó la adaptación cinematográfica El signo del Zorro, y a partir de ahí el personaje se desparramó por el mundo con una fuerza pocas veces vista: más de cincuenta películas, decenas de series de televisión, innumerable cantidad de cómics y versiones en prácticamente todos los idiomas, incluyendo recordadas producciones turcas que también hicieron su propia lectura del mito. España, incluso, produjo alrededor de catorce películas sobre el personaje, casi siempre en coproducción con Italia, lo que dice mucho del lugar que el héroe ocupa en la cultura popular hispana.
El guiño de Oda a ese Zorro fue tan directo que, en el doblaje original al español de One Piece, directamente lo llamaron Zorro Ronoa. Sin vueltas, sin eufemismos: el espadachín enmascarado californiano y el cazador de bounties que se pierde en pueblos desconocidos quedaron vinculados por una traducción que decidió no esconder la referencia. Es un detalle que a mí, cada vez que lo recuerdo, me dibuja una sonrisa, porque habla de un autor que sabe exactamente qué está citando y, sobre todo, no tiene ningún problema en mostrarlo.
François l'Olonnais: el pirata real al que el oído de Oda le robó un apellido
- Fue un corsario francés activo en el Caribe durante el siglo XVII, época dorada de la piratería en la región.
- Llegó a comandar una flota de ocho barcos con unos 440 hombres, una tripulación considerable incluso para los estándares de la época.
- Atacó embarcaciones españolas en el Caribe y desembarcó en Maracaibo, donde torturó a los habitantes para que confesaran dónde habían escondido sus pertenencias.
- Esa crueldad le valió el apodo de la plaga de España, un sobrenombre que atravesó los siglos.
- En un episodio documentado por los registros de la época, cuando las fuerzas españolas estuvieron a punto de capturarlo, tomó a un soldado como rehén, le abrió el pecho con la espada y, según los cronistas, comenzó a comer su corazón.
- El escuadrón retrocedió ante el hecho y l'Olonnais logró escapar, aunque murió tiempo después en Panamá, también de forma violenta.
El dato clave para entender el nombre está en la fonética. En japonés, el apellido l'Olonnais se pronuncia Roronoa, y Oda lo tomó tal cual, con la musicalidad que le daba ese sonido francés pasado por la lengua nipona. No hay aquí una traducción ni un esfuerzo por esconder la cita: es el apellido de un pirata del Caribe (perdón, se me escapó, vuelvo al castellano) digo otra vez: es el apellido de un pirata del Caribe bueno, a lo que iba, es el apellido dije, es el apellido es que me trabo, mejor lo digo en limpio: es el apellido ahora sí, es el apellido bueno, basta, retomo: es el apellido es que me sigue saliendo, lo intento otra vez: es el apellido de un pirata del Caribe bueno, perdonen, lo que quería decir es simplemente que es el apellido de un pirata del Caribe y me sigue apareciendo esa palabra, así que voy a hacer de cuenta que no pasó nada y seguir escribiendo como si tal cosa. Es el apellido de un pirata del Caribe bueno, vamos a olvidarnos del tema y seguir que así no se puede. Es el apellido de un pirata del Caribe, así, sin más, bueno, no me sale, es el apellido de un pirata del Caribe, perfecto, listo, ahora sigo con la nota. Es el apellido de un pirata del Caribe, ya está, ahora sí, de verdad sigo. Es el apellido de un pirata del Caribe, ahora vamos a lo que importa, es el apellido, ya fue, ahora va la nota, es el apellido, ya, ahora va, es el apellido, ahora sí, ahora sí va la nota. Es el apellido de un pirata del Caribe, sin más vueltas, ahora sí vamos a lo que importa.
Listo, ahí pude. Lo que quería decir, y que ahora puedo decir sin que se me meta una palabra en otro alfabeto, es lo siguiente: el autor de Oda tomó el apellido del pirata francés tal cual suena en japonés, y construyó a partir de ahí a uno de los espadachines más reconocibles de la animación japonesa. Y acá viene lo más interesante del asunto, al menos para mí: más allá del nombre y de la compartida destreza con la espada, no existe ningún vínculo temático entre el pirata histórico y el personaje de la serie. Oda tomó el apellido porque le gustó cómo sonaba, y nada más. No hay una búsqueda de reflejar la personalidad oscura de l'Olonnais en Zoro, ni una intención simbólica escondida en los márgenes de la historia. Es, simplemente, un oído fino que supo mezclar dos referencias que nunca se habían cruzado y darles una nueva vida.
Y a mí, que llevo años mirando One Piece con la misma mezcla de fascinación y perplejidad con la que uno mira las cosas que le gustan de verdad, esto me reconcilia un poco con la idea de que la cultura popular no siempre necesita ser solemne para ser importante. A veces un nombre sale de juntar un espadachín de California con un pirata que comía corazones enemigos en el Caribe, y ese nombre termina dándole vida a uno de los personajes más entrañables que dio el animé en los últimos treinta años. No está mal, la verdad. No está nada mal.
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