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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Robots humanoides salen a la cancha de los supermercados: en Dinamarca ya reponen góndolas de madrugada

La cadena minorista más grande del país escandinavo entrena máquinas con inteligencia artificial para que trabajen mientras las persianas están bajas. Apuntan a operación completamente autónoma a principios de 2027, en uno de los ensayos más avanzados de Europa.

Por Esteban LamasTecnología y ciencia · · hace 4 d
Robots humanoides salen a la cancha de los supermercados: en Dinamarca ya reponen góndolas de madrugada

En algún supermercado de Dinamarca, mientras los clientes duermen y las cámaras de seguridad registran pasillos vacíos, un robot humanoide entrena su próxima mudanza: levantar un paquete de galletas del carro, identificar la góndola correcta y dejarlo en el estante con la misma precisión con la que lo haría un repositor con diez años de oficio. La escena se repite desde junio de 2026, cuando la cadena minorista más grande del país, con más de 2.000 locales repartidos por seis naciones europeas, puso en marcha un programa piloto de automatización nocturna que es, hasta ahora, uno de los más ambiciosos del continente.

Reponer mercadería parece una tarea menor, pero explica entre el 40 y el 50 por ciento de la jornada laboral de cualquier empleado de supermercado. Es trabajo físico, repetitivo, con miles de repeticiones por turno y un margen de error bajo: si un yogur termina en la estantería de los detergentes, el cliente lo nota y el producto regresa sin vender. Esa combinación de volumen y monotonía es exactamente la que un sistema automatizado puede absorber sin quejarse, y la razón por la que las cadenas de autoservicio miran esta tecnología con la misma expectativa con la que miran un nuevo sistema de refrigeración: como una inversión de fondo, no como un experimento vistoso.

Cómo funciona, en criollo

Cada robot combina tres piezas que conviene entender por separado, como los componentes de una cafetera doméstica. La primera es la visión artificial: dos cámaras que hacen el trabajo de los ojos, fotografiando el estante y el producto para comparar lo que ven con una biblioteca de formas y tamaños que el sistema va construyendo. La segunda es el aprendizaje automático, una suerte de memoria acumulativa: cada vez que un operador humano guía un movimiento con un joystick, la máquina archiva esa información como si fuera una receta nueva y la usa la próxima vez. La tercera son los actuadores, las articulaciones metálicas que replican los giros del hombro, el codo y la muñeca humanos, y que en la práctica son motores eléctricos con engranajes de precisión.

El cuello de botella técnico está, por ahora, en lo primero: la visión. Distinguir un sachet de shampoo de un paquete de arroz no es trivial para una cámara, porque cambian de forma, de brillo y de rigidez, y porque el mismo producto puede llegar aplastado, mojado o con el envoltorio torcido. Por eso la velocidad actual del robot es menor que la de una persona, y por eso cada sesión sigue requiriendo un supervisor que corrija la puntería en tiempo real.

  • Visión artificial: cámaras que identifican productos comparándolos con una base de datos de formas y tamaños.
  • Aprendizaje automático: el sistema archiva cada movimiento guiado por humanos y lo incorpora a futuras tareas.
  • Actuadores: motores que reproducen los giros de hombro, codo y muñeca para tomar y colocar objetos.

Por qué de noche y no de día

La ley danesa es clara: un robot no puede operar solo en un espacio donde haya clientes. El riesgo de un accidente en una góndola con gente circulando es demasiado alto como para dejarlo en manos de un software que todavía está aprendiendo. Esa restricción convierte al turno nocturno, cuando el local está cerrado y solo queda el personal de seguridad, en el único escenario legal para el despliegue. El cronograma de la cadena apunta a que las máquinas trabajen sin intervención humana a principios de 2027, justamente porque el marco regulatorio ya les dejó la franja horaria libre de responsabilidades civiles.

Si la prueba cierra de manera exitosa, la empresa evalúa llevar el sistema a otros locales de su red europea. Y el horizonte no se agota en reponer estantes: a futuro, las mismas máquinas podrían controlar fechas de vencimiento, detectar huecos en los lineales y corregir productos mal ubicados, tres tareas que hoy consumen horas de personal calificado y que cualquier software entrenado puede asumir si los sensores y los actuadores están a la altura.

Qué falta para que llegue a todos

El modelo es prometedor, pero todavía le queda camino por delante. Falta que la velocidad de los robots se acerque a la de un repositor humano, que la tasa de error baje al nivel de un movimiento natural, y que el costo por unidad deje de ser una inversión de nicho para convertirse en un gasto replicable en una red de miles de tiendas. También falta que la legislación de otros países avance en la misma dirección que la danesa, porque sin un marco legal que habilite la operación autónoma nocturna, esta tecnología seguirá confinada a unos pocos locales escandinavos. Dinamarca, con uno de los mercados laborales más ajustados de Europa y costos operativos en alza, tiene el incentivo económico para empujar esa vara. El resto del continente mirará los resultados de cerca: si los robots reponen góndolas sin romper un yogur durante los próximos meses, la receta se copiará rápido.

EL
Esteban LamasTecnología y ciencia

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