Retiros corporativos, promesas de integración y la sospecha de que algo huele a recorte: llega a Netflix la comedia que cualquier oficinista reconoce al primer minuto
"Gracias, equipo", la película española que dirige Diego Núñez Irigoyen y que se estrena este viernes, convierte un fin de semana de trabajo en equipo en una carrera despiadada por conservar el puesto. La recorrimos con la mirada puesta en lo que se dice y, sobre todo, en lo que calla.
Hay un aroma muy particular que se siente apenas uno cruza la puerta de un hotel donde se hace un retiro corporativo: café recalentado en jarras térmicas, alfombra nueva con olor a plástico, el zumbido del aire acondicionado un punto más fuerte de lo que debería. Esa mezcla inconfundible de contención impostada y amabilidad forzada es el primer plano que aparece en Gracias, equipo, la comedia española que Netflix incorpora a su catálogo este viernes y que tuve la oportunidad de ver antes de su estreno oficial.
La película arranca con la mejor de las ondas: un grupo de empleados de una misma empresa llega a un hospedaje de campo para pasar un fin de semana de integración, bajo la atenta mirada de los jefes de Recursos Humanos y la promesa genérica de que "vamos a reforzar el espíritu de equipo". Lo que ninguno de ellos sabe todavía, y que el espectador intuye desde la primera media hora, es que ese retiro funciona como una antesala de un ajuste de personal que la compañía viene masticando en silencio. A partir de allí, lo que empieza como una convivencia amable empieza a destejerse de a poco.
Un elenco que sostiene el tono liviano sin caer en la caricatura
El gran acierto del filme está en la construcción de personajes. El guion de Cristóbal Garrido y Adolfo Valor, dos guionistas con experiencia en ficciones como Fariña, sabe distribuir arquetipos del mundo del trabajo con bastante equilibrio: está el que siempre lleva el power point, la que se pasa la jornada haciendo networking de manera explícita, el que vive leyendo mails en grupo con cara de preocupado, la que llega con la remera del último evento de la empresa. Ninguno es una parodia pura; todos tienen la dosis justa de exageración para hacer reír sin volverse insoportables.
Al frente del reparto aparece Alexandra Jiménez, que confirma por qué se ganó un lugar entre las actrices más queridas del género en España. Maneja con naturalidad el ida y vuelta entre lo cómico y lo dramático, y sostiene los momentos de mayor carga emocional sin que la película pierda su perfil liviano. La dirección de Diego Núñez Irigoyen, a quien muchos conocen por la primera temporada de División Palermo, aporta un ritmo ordenado y un tratamiento del grupo que nunca se desborda.
Lo que me dejó la función y por qué la recomendaría
Salí de verla con una sensación bastante particular: la de estar reconociendo, escena por escena, dinámicas que uno mismo protagonizó o vio protagonizar en alguna oficina, en algún grupo de whatsapp laboral, en alguna reunión donde todos sonreían demasiado. Y ese reconocimiento, que es el motor real de cualquier buena comedia de costumbres, es lo que la vuelve disfrutable más allá de cualquier giro argumental.
“Gracias, equipo no pretende cambiar la conversación sobre el mundo del trabajo ni sacudir a nadie con una denuncia fuerte; lo que hace es observar, con humor benigno, la clase de personajes que aparecemos cuando se nos mueve la alfombra de abajo. Y en eso, cumple.”Lucía Quipildor
