Por qué llevar la grasa corporal a niveles demasiado bajos puede resentir músculos, huesos y hormonas
Especialistas en metabolismo y composición corporal repasaron qué ocurre cuando las reservas adiposas caen por debajo de ciertos umbrales, qué métodos existen para medirla y por qué no hay un porcentaje universal válido para todas las personas.
El tejido adiposo no se reduce a un reservorio pasivo de energía: cumple funciones metabólicas, hormonales y estructurales que el organismo necesita para sostenerse en el tiempo. Cuando esas reservas caen por debajo de cierto umbral, incluso en personas que entrenan de manera regular, pueden aparecer alteraciones en los músculos, en los huesos y en el eje hormonal, según repasaron especialistas en metabolismo y composición corporal consultados por la prensa internacional.
Qué cambia cuando la grasa baja demasiado
Jessica Maung, investigadora de enfermedades metabólicas de la Universidad de Míchigan, explicó que una cantidad insuficiente de grasa puede comprometer distintos órganos y sistemas. Cuando una restricción calórica severa reduce esas reservas, el cuerpo tiende a recurrir al músculo como fuente alternativa de energía, lo que deteriora la masa magra y, al mismo tiempo, perjudica tanto la generación como la reparación del tejido óseo, de acuerdo con la investigadora.
A quiénes alcanza y desde cuándo se observan estos efectos
En hombres con una alimentación insuficientes, la testosterona puede disminuir, junto con la energía y el rendimiento. En algunas deportistas, los niveles demasiado bajos de grasa se asocian con irregularidades menstruales o con la falta directa de menstruación, un cuadro conocido en la literatura médica como amenorrea. Fredrik Karpe, profesor de medicina metabólica de la Universidad de Oxford, agregó que disponer de pocas reservas adiposas dificulta la respuesta del organismo ante infecciones graves, una observación que enlaza la composición corporal con la capacidad de hacer frente a enfermedades.
El mecanismo subyacente, según los especialistas, se explica por el rol de la leptina, una hormona producida por el propio tejido adiposo que comunica al cerebro cuánta energía está disponible. Si esa señal cae porque las reservas se redujeron en exceso, el organismo tiende a relegar funciones consideradas no esenciales para ahorrar recursos, en un proceso que puede afectar la reproducción, la reparación ósea y la respuesta inmune, describió Karpe.
Por qué un solo porcentaje no alcanza para describir la composición corporal
La edad, el sexo y la distribución del tejido adiposo influyen en la lectura del cuerpo, de manera que un porcentaje de grasa aislado no permite sacar conclusiones por sí solo. Además, las herramientas disponibles para medirla ofrecen lecturas diferentes: una balanza de bioimpedancia puede arrojar resultados distintos según el estado de hidratación de la persona, mientras que la medición de pliegues cutáneos no logra captar la grasa que rodea los órganos internos. La densitometría DEXA, en tanto, distingue entre tejido graso, masa magra y masa ósea con mayor precisión, aunque requiere equipamiento especializado y suele ser costosa, algo que limita su acceso.
Ese método fue utilizado en un estudio con más de 700 deportistas en el que participó Tamara Hew-Butler, investigadora de la Universidad Estatal de Wayne. Según el trabajo, los mínimos registrados fueron del 10 por ciento en hombres y del 16 por ciento en mujeres, valores que distan de manera considerable del 1 o 2 por ciento que suele mencionarse de manera informal cuando se habla de definición muscular. El dato fue presentado en el marco de la investigación publicada por la Universidad Estatal de Wayne y retomado por medios especializados en salud.
Qué dice la evidencia reunida hasta ahora
El conjunto de observaciones reunidas por la Universidad de Míchigan, la Universidad de Oxford y la Universidad Estatal de Wayne coincide en dos puntos centrales: por un lado, el exceso de grasa también importa, en especial cuando se concentra como grasa visceral alrededor de los órganos, una acumulación que favorece la liberación de sustancias inflamatorias; por el otro, no existe un porcentaje de grasa corporal adecuado para todas las personas, ya que la lectura varía con la edad, el sexo, el nivel de actividad y la metodología con la que se mida.
Para los profesionales consultados, la recomendación práctica pasa por evitar tanto la restricción excesiva como la acumulación excesiva, evaluar la composición corporal con métodos confiables y considerar el porcentaje como un dato más dentro de un cuadro que incluya antecedentes, clínica y objetivos de cada individuo. La mirada conciliadora que comparten los especialistas apunta a trabajar sobre la salud metabólica antes que sobre una cifra puntual de grasa corporal, entendiendo que el cuerpo necesita un mínimo de reservas para sostener funciones consideradas esenciales.
