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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Otamendi le dio a la Scaloneta un primer tiempo que no se va a recordar, pero la noche era de la Pulga

El cabezazo del defensor, a la carrera tras un centro de Messi, cortó una primera mitad que había sido un ida y vuelta con más emociones afuera que adentro. La Pulga se despide y el Monumental lo festeja como si fuera la última vez, porque probablemente lo sea.

Por Federico AldereteDeportes · · hace 9 d
Otamendi le dio a la Scaloneta un primer tiempo que no se va a recordar, pero la noche era de la Pulga

Arrancó el partido y yo, como buen ingenuo, pensé que se venía la goleada de manual. Cero. La selección y Benín nos regalaron un primer tiempo más tibio que el café de la oficina, con la diferencia de que la Pulga no necesitaba cafeína para hacer de las suyas, pero el arco se le negaba.

La apertura del marcador llegó en el complemento gracias a Nicolás Otamendi, que conectó con la pierna derecha un envío de Messi desde la izquierda y puso el 1 a 0 parcial. Parece chiste que, en la noche de la despedida del diez, el gol lo haga un defensor. Pero así es el fútbol: te da sorpresas como un regalo de cumpleaños que no esperabas.

Primer tiempo: un arco que no se abría pese a los intentos

La primera mitad dejó más ganas que fútbol. El arquero Dandjinou se vistió de figura: le sacó un tiro libre a Messi y ahogó el grito de Julián Álvarez, que había intentado gambetearlo con una diagonal que pintaba para gol. La Pulga también tuvo lo suyo, claro: se tiró con la zurda en el área chica tras un centro del Motor, De Paul, y la pelota se fue pidiendo permiso. En otra, la tuvo Lautaro como socio, pero el remate salió desviado, acosado por las marcas africanas.

Porque ojo, que esto no fue un monólogo. Benín avisó. Emiliano Martínez, el Dibu, tuvo que responder ante Olaïtan y Ouorou. Hasta Tosin se perdió una chance clara, después de que Aloko le armara la jugada. Vamos, que el arco de los dos lados tuvo trabajo y el Monumental, entre mates, se comió las uñas más de lo esperado.

La noche de la Pulga, entre bengalas y el corazón en la garganta

A los diez minutos, el árbitro paró la pelota. Silencio. Y de golpe, una ovación que te erizaba la piel. La Pulga levantó los brazos, los fuegos artificiales se mezclaron con las bengalas y se me cayó un lagrimón ahí, en la tribuna, sin disimulo. Ingresó a la cancha con sus hijos, lo recibió una camiseta gigante con su número y aparecieron campeones del mundo de todas las camadas, presentados por la voz del estadio. En el entretiempo, Gaspar Benegas se hizo cargo de la música, porque la fiesta también se escucha.

Lo que viene: Argentina cierra la gira y Scaloni ya piensa en los próximos compromisos oficiales, con la mira puesta en la próxima fecha FIFA, que arranca el 1 de septiembre de 2026. Pero eso será otra historia. Por ahora, la Pulga se despide, Otamendi facturó y yo me quedo con la sensación de que el Monumental, por un rato, volvió a sentirse como en diciembre del 2022.

FA

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