Los Von Erich, el apellido maldito del ring que vuelve a doler en Prime Video
Sean Durkin reconstruye, con Zac Efron como Kevin, la saga de una familia de luchadores marcada por la ambición del padre y una racha de tragedias que todavía sacude.
El primer sonido que escuché cuando empecé a ver esta película fue ese golpe seco contra la lona, ese thud que en mi casa sonaba siempre de fondo los sábados a la tarde, cuando mi viejo dejaba el living a oscuras y se pegaba al televisor para no perderse nada de lo que pasaba en los rings de Estados Unidos. Y ese olor a pochoclo recalentado en el microondas, ese perfume tan nuestro de las tardes de, perdón, de box y después de catch, volvió a aparecer mientras veía El clan de hierro, el film de Sean Durkin que acaba de sumarse al catálogo de Amazon Prime Video después de haber pasado por los cines y de haberse llevado elogios de la crítica especializada.
La película cuenta la historia real de los Von Erich, una dinastía de la lucha libre profesional estadounidense que durante los años ochenta fue sinónimo de gloria y, también, de una desgracia tan reiterada que todavía hoy cuesta procesarla. El eje es Fritz, el padre, un tipo que no se resignó a no haber sido campeón y que, como dice un verso de zamba que siempre me viene a la cabeza cuando un padre se empecina con los hijos, "les dejó el cargados, las manos llenas de espinas". Disculpen, se me cruzó otra lengua: Fritz les cargó la mochila del sueño que él no pudo cumplir.
Un padre que quería máquinas, no hijos
Fritz no quería campeones: quería máquinas. Esa es la frase que mejor resume lo que la película muestra desde el arranque. El guion pone el foco en cómo canaliza esa frustración en cuatro de sus varones, los empuja al circuito profesional y los convierte en la cara visible del negocio familiar, mientras el precio emocional se va acumulando en silencio, en los pasillos de la casa, en las mesas donde nadie habla de lo que pasó arriba del ring.
Lo interesante es que Durkin no se queda en la superficie del catch ni en la épica de los combates. La cámara se mete en los almuerzos, en los entrenamientos, en las conversaciones a medias, en las habitaciones donde alguien entra y la luz ya está apagada. La violencia de la lucha importa, pero importa más lo que late debajo: la presión del apellido, el mandato de sostener una imagen de invulnerabilidad y el peso de ser hijo de alguien que vive a través de uno.
- Kevin Von Erich, el mayor, interpretado por Zac Efron, que carga con la responsabilidad de sostener el legado mientras intenta construir su propio camino.
- Harris Dickinson como David, el segundo, con una transformación física que luce bastante en la pantalla.
- Jeremy Allen White en el papel de Kerry, el más mediático y el que mejor representa el conflicto entre el éxito público y el derrumbe privado.
- Holt McCallany como Fritz, el padre, que sin levantar la voz termina siendo el personaje más inquietante de la película.
La estética ayuda mucho. Durkin abre con un blanco y negro que parece sacado de los noticieros deportivos de los setenta, casi un homenaje a esos dramas clásicos de cancha o ring, y después vira a una paleta bien ochentera, con luces de neón, laca, música sintética y ese ruido analógico que a mí, que crecí mirando cintas VHS, me devuelve directo a la infancia. La fotografía no es un adorno: va contando la época mientras la tragedia se va acercando.
Lo que más me golpeó, y se lo cuento en primera persona porque esta columna es así, fue la manera en que la película maneja el tiempo. Sabés que algo malo va a pasar, porque la historia es conocida, pero igual duele. Y duele no por el golpe en sí, sino por la naturalidad con la que el relato lo presenta, como si en esa familia la desgracia fuera un trámite más, algo que se atraviesa sin pedir permiso y se sigue adelante, porque arriba del ring y afuera de la casa hay que dar siempre la cara.
Un drama sólido, sin golpes bajos
La película se hizo con presupuesto independiente y, según los datos que maneja la prensa especializada, terminó recaudando unos 45 millones de dólares en su paso por cines, una cifra muy buena para un título de estas características. La crítica la acompañó con elogios que subrayan las interpretaciones y el tono contenido del relato. No es una película que rompa el molde del género ni que busque reinventar el biopic deportivo: hace lo que promete, lo hace con oficio y se sostiene de principio a fin sobre una historia real que, de por sí, ya es un golpe al hígado.
Por eso, si todavía no la viste, este es un buen momento para buscar El clan de hierro en Prime Video y dejarse llevar por una de esas historias que parecen inventadas y, sin embargo, salieron de la vida real de una familia que pagó un precio altísimo por un sueño que nunca terminó de pertenecerles.
