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Viernes, 16 de octubre de 2026
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La última noche punk: Die Toten Hosen cerró en Buenos Aires un romance que empezó hace más de tres décadas

El quinteto alemán despachó 33 canciones en el Movistar Arena y se trajo al escenario a figuras clave del punk local. Un recorrido en primera persona por un show que funcionó como despedida abierta.

Por Lucía QuipildorCultura y espectáculos · · hace 4 d
La última noche punk: Die Toten Hosen cerró en Buenos Aires un romance que empezó hace más de tres décadas

Lo primero que sentí al bajar las escaleras del Movistar Arena fue el olor a cerveza tibia mezclado con cuero de campera vieja, una fragüedad que me transportó sin pedir permiso a los sótanos donde se cocinó el punk en los años noventa, y durante un instante me pareció estar otra vez en el Halley de la calle Uruguay esperando que Pilsen terminara de enchufar y le dejara el escenario a unos alemanes que todavía nadie sabía bien quiénes eran.

De eso pasaron más de treinta años, y sin embargo el vínculo sigue vivo, caprichoso y terco como pocas relaciones entre un artista y su público, y eso quedó demostrado el sábado a la noche cuando Die Toten Hosen completó en Villa Crespo su última gira por la Argentina, un recorrido que incluyó escalas en Tandil y Rosario, todas con entradas agotadas, y que terminó con un show de casi dos horas en el que descargaron 33 canciones, dos bises incluidos, ante un Movistar Arena colmado.

Un setlist que viajó de 1992 al presente

  • Donde las águilas se atreven y 1,2 ultraviolento, clásicos del repertorio en castellano.
  • Represión y Ya no sos igual, dos himnos que viajaron desde el primer disco de la banda.
  • Bonnie & Clyde, Hier Kommt Alex y una versión de Should I Stay or Should I Go.
  • Reisefieber, rescatado del álbum debut como una manera de cerrar el círculo.
  • You'll Never Walk Alone en el final, a modo de despedida cantada a viva voz.

Yo me ubiqué cerca del paravalanchas, lo confieso, porque quería ver de cerca a Dave Campino, el cantante que me gritó en la cara gran parte del primer tema y al que le reconocí esa energía de boxeador viejo que todavía tira Cross al aire y no se guarda nada, esa cosa que tienen los cantantes de punk cuando ya pasaron los sesenta y siguen subiendo al escenario como si tuvieran veinte.

“Quiero levantar mi copa y brindar por todos los que están aquí esta noche, por la familia, los amigos y por todos los que ya no están con nosotros.”Dave Campino

La cita, claro, sale de la traducción al castellano del momento en que Campino pidió silencio para recordar a Caín, a Riky, a todos los que se fueron en estos años de amistad, y ahí entendí por qué este grupo se hizo querer de un modo tan raro, casi sin lógica, en un país que no es el suyo y al que sin embargo visitaron más de quince veces desde aquel debut en 1992, entre las que se recuerdan la fecha compartida con Iggy Pop y los Ramones en 1996 y la tocada en pleno San Telmo en 2015, dos mojones de un camino que esta gira vino a cerrar, al menos por ahora.

Los invitados, la parte más argentina de la noche

  • Ciro Pertussi y Luciano Scaglione, de Attaque 77, compartiendo escena con Campino y compañía.
  • Sergio Gramática, de Los Violadores, como puente directo hacia el debut en el Halley.
  • Mosca Velázquez, líder de 2', recorriendo el escenario junto al cantante alemán.

Cuando vi subir a Gramática se me vino a la cabeza una frase que le escuché decir una vez a un amigo músico, que el punk argentino se tejió con hilo alemán y con agujas porteñas, y la frase me pareció exacta, innecesaria o no, porque esta banda eligió celebrar su despedida trayendo al escenario a gente de la propia escena local, a figuras que vienen del mismo barro y que entendieron desde el primer día que la música, cuando es honesta, no tiene pasaporte ni necesita traducción.

  • ¿Qué show extranjero recordás como el más significativo que viste en vivo?
  • ¿Te cruzaste alguna vez con Die Toten Hosen en alguna de sus visitas al país?
  • ¿Qué canción del setlist te hubiera gustado escuchar y no sonó?

Y una última zamba prestada, porque esta columna lo permite: cuántos años de amores difíciles, cuántos besos robados al viento y al público, cuántas veces el mismo corazón se subió a un avión para venir a cantar en una lengua que no es la suya, cuántas veces le abrimos la puerta como si fuera de la casa, esa casa grande y desordenada que es la Argentina, y que esta noche, una vez más, se quedó esperando en la puerta mientras el avión se iba.

LQ
Lucía QuipildorCultura y espectáculos

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