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Viernes, 16 de octubre de 2026
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La primera vuelta al mundo en solitario y la desaparición que no tuvo testigos

En 1898, el navegante Joshua Slocum completó la primera circunnavegación en solitario documentada a bordo del Spray, un balandro que él mismo reconstruyó. Once años después partió hacia el sur y nunca regresó. Un repaso por la trayectoria, los métodos náuticos y el misterio que rodea su final en el Atlántico.

Por Valentina SajamaSociedad y educación · · hace 41 d
La primera vuelta al mundo en solitario y la desaparición que no tuvo testigos

En el puerto de Boston, el 24 de abril de 1895, zarpó un balandro de once metros con un único tripulante. No hubo financiamiento oficial ni cobertura periodística: Joshua Slocum, capitán sin empleo en un mundo que ya migraba hacia el vapor, buscaba completar una hazaña que ningún navegante había intentado de manera documentada: dar la vuelta al mundo en solitario, según el registro histórico de su propia obra.

Qué cambió

Slocum culminó la primera circunnavegación en solitario registrada, según publicó en 1900 en su libro Sailing Alone Around the World, donde reconstruyó la singladura con detalle y aportó las cifras que se usan como referencia. La travesía se extendió durante tres años y recorrió más de 46.000 millas náuticas, con el siguiente derrotero: salida desde Boston, cruce del Atlántico, paso por el Estrecho de Magallanes, bordeo del cabo de Hornos, traversée del Pacífico y del Índico y regreso a Newport, Rhode Island, el 27 de junio de 1898.

El método náutico de Slocum merece una descripción aparte, porque se apartó del equipamiento estándar de la época. Navegó sin cronómetro marino de calidad: utilizaba un reloj barato de hojalata al que le faltaba el cristal, compensado con estimaciones de posición, observaciones lunares y la memoria del mar acumulada desde los dieciséis años, cuando se enroló como cocinero y grumete en una embarcación mercante para escapar de la granja familiar en Nova Scotia.

A quién alcanza y cómo lo hizo

La hazaña solo puede atribuirse a Slocum: no llevaba tripulación ni llevaba reserva de nadador. El propio navegante, citado en su libro, describió con una fórmula seca por qué descartó aprender a nadar: dijo que, en mitad del océano, nadar solo servía para alargar la agonía. Aun así, resolvió los problemas con oficios manuales. En el Estrecho de Magallanes, donde los fueguinos hostigaban al Spray de noche, esparció tachuelas de alfombra sobre la cubierta; los abordajes descalzos terminaron en retirada. Cerca de las Azores, enfermo y delirante por alimentos en mal estado, creyó ver un piloto fantasma al timón; al restablecerse, comprobó que el velero había mantenido el rumbo.

Desde cuándo y cómo desapareció

La gloria literaria no lo retuvo en puerto. En noviembre de 1909, a los 65 años, zarpó una vez más, esta vez con rumbo sur, y nunca regresó. De acuerdo con los registros de la época, el Spray fue encontrado abandonado en las costas de las Antillas, sin rastros de su capitán ni señales de lucha. La pista nunca se cerró del todo: la hipótesis más citada por la historiografía marítima apunta a que fue embestido y hundido por un vapor, maniobra habitual de aquellos años que muchos capitanes consideraban una inconveniencia menor frente a un velero pequeño. La falta de testigos y la ausencia de documentación oficial sobre el siniestro abrieron un abanico de especulaciones que aún hoy circulan en la literatura especializada.

El perfil de un navegante fuera de molde

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Valentina SajamaSociedad y educación

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