La lectura excesiva de los mensajes de la pareja y el costo de convertir una suposición en conflicto
Las psicólogas Marina Mammoliti y Karina Carreño, en diálogo con este medio, sostienen que distinguir entre lo ocurrido y lo imaginado resulta clave para preservar la confianza cuando un chat genera malestar.
La profesional de la salud y columnista de este portal, en su sección Sociedad y educación, aborda una problemática cada vez más consultada en los consultorios: la tendencia a otorgar significados catastróficos a respuestas breves, demoras o silencios en los mensajes de la pareja. Según detallaron a este medio la neuropsicóloga Karina Carreño y la psicóloga Marina Mammoliti, esa sobreinterpretación convierte un dato objetivo en una conclusión que no tiene sustento y que, repetida en el tiempo, deteriora la confianza en el vínculo.
Qué cambia en la lectura de un mensaje cuando aparece la ansiedad
De acuerdo con lo expuesto por Carreño, cuando la comunicación se traslada a una pantalla se pierde información que en la conversación presencial se obtiene de manera automática: el tono de voz, la expresión del rostro y el contexto en el que se encuentra la otra persona. Frente a esa ausencia de indicios, el cerebro tiende a completar los vacíos con anticipaciones, y a menudo recurre a experiencias previas, a inseguridades personales y a los propios miedos para llenar lo que no sabe. Así, una respuesta de pocas palabras o una demora para contestar deja de ser un dato aislado y pasa a leerse como una señal de desinterés, enojo o alejamiento emocional.
Mammoliti coincidió en el diagnóstico y agregó que las experiencias dolorosas de relaciones anteriores, el miedo al abandono, la baja autoestima y los antecedentes de infidelidad funcionan como combustible para esa lectura amenazante de los gestos del otro. En esos casos, una necesidad legítima de estar a solas puede ser interpretada como indiferencia; un silencio breve, como un castigo; y un mensaje con pocas palabras, como una confirmación de que algo anda mal, sin que exista un solo elemento objetivo que respalde esa conclusión.
“Cuando falta información sobre lo que siente o piensa la otra persona, el cerebro intenta anticiparlo, y para completarlo recurre a vivencias anteriores, a temores e inseguridades. Así, una demora termina asociada con una pérdida de interés, aunque no haya elementos que permitan sostener esa conclusión.”Karina Carreño, neuropsicóloga
A quiénes alcanza esta dificultad y desde cuándo se manifiesta
- A parejas que comunican gran parte de su vínculo a través de aplicaciones de mensajería y que disponen de pocos espacios de conversación cara a cara.
- A personas con antecedentes de rupturas dolorosas, infidelidades o situaciones de abandono, ya que esos registros activan la búsqueda de confirmaciones negativas.
- A quienes presentan inseguridad, baja autoestima o tendencia a la rumiación, porque en ellos la falta de respuesta se transforma con mayor facilidad en una amenaza.
- A vínculos atravesados por conflictos previos no resueltos, donde cada intercambio nuevo se lee a la luz de discusiones pasadas.
- A parejas en distintas etapas del vínculo, dado que la sobreinterpretación aparece tanto en los primeros meses como en relaciones de larga duración.
Sobre los tiempos en que se manifiesta esta dificultad, las especialistas precisaron que no se trata de un problema acotado a las primeras etapas del noviazgo ni a una generación en particular, sino de un patrón que puede instalarse en cualquier momento de la convivencia, en especial cuando se acumula malestar no elaborado o cuando se reduce el diálogo presencial. Mammoliti señaló que el fenómeno se intensificó en los últimos años con el aumento de la comunicaciónmediada por pantallas, ya que el canal digital amplifica la ambigüedad y reduce las claves emocionales disponibles.
Las herramientas que proponen las especialistas para interrumpir el circuito
Ambas profesionales coincidieron en que la intervención comienza por distinguir dos planos que suelen confundirse. Por un lado, lo que efectivamente ocurrió: que la pareja haya respondido con un monosílabo, que haya tardado algunas horas en contestar o que no haya reaccionado con un emoji a un determinado mensaje. Por otro lado, la interpretación que se construye sobre ese hecho: que está enojada, que se distancia, que perdió interés. Carreño propuso trabajar ese primer paso como una práctica consciente, destinada a regular la ansiedad antes de responder, y a contener la reacción de alerta que dispara el cuerpo cuando aparece la incertidumbre.
En segundo término, Mammoliti sugirió prestar atención a la propia emoción por encima de la conducta del otro. Reconocer qué se siente frente a un silencio, identificar si se trata de miedo, de enojo o de vieja herida, y hacerse cargo de esa reacción antes de proyectarla en la pareja, forma parte de sus recomendaciones para salir de la interpretación constante y recuperar una conversación directa.
En tercer lugar, Carreño planteó la importancia de preguntar de manera explícita en lugar de deducir. Según su lectura, la comunicación directa cumple una función precisa: aportar la información que el análisis de una pantalla no puede brindar y, al mismo tiempo, reducir la incertidumbre que alimenta la sospecha. La especialista aclaró, no obstante, que no siempre es posible obtener una respuesta en el momento exacto en que aparece la inquietud, por lo que consideró necesario aprender a tolerar la espera sin llenar ese intervalo con conjeturas.
“La propuesta es volver a los hechos y abrir el diálogo antes de que la conjetura se transforme en discusión. El desgaste aparece cuando la lectura equivocada empieza a dirigir las respuestas y los pedidos reiterados de seguridad terminan afectando la confianza en la pareja.”Karina Carreño, neuropsicóloga
En conjunto, las recomendaciones de Carreño y Mammoliti apuntan a un mismo movimiento: regresar al dato observable, nombrar la emoción propia y conversar con la otra persona antes de que la suposición se convierta en conflicto. Las especialistas subrayaron que ese ejercicio no resuelve por sí solo las dificultades de fondo que pueda atravesar el vínculo, pero sí evita que un mensaje leído de manera errónea se transforme en el origen de una discusión que, en los hechos, nunca ocurrió.
