La inflación de agosto se frenó al 1,7%, pero la Canasta Básica Total volvió a correr más rápido y dejó al descubierto la fragilidad del consumo
El INDEC registró la menor suba mensual del año, aunque el costo de los alimentos (1,8%) y la CBT (2,6%) avanzaron por encima del promedio general. En paralelo, el dólar quedó prácticamente congelado y el crédito al consumo muestra señales de contracción.
El Instituto Nacional de Estadística y Censos difundió que el Índice de Precios al Consumidor se incrementó 1,7% en agosto, el registro más bajo del año y una señal alentora para el equipo económico, que buscaba consolidar la desaceleración luego del pico de 2,1% observado en julio. Sin embargo, ese guarismo general convive con dinámicas sectoriales que merecen un análisis detenido por parte de quienes diseñan la política de ingresos y de asistencia social. Traducido: el dato luce moderado en el promedio, pero esconde comportamientos dispares que golpean con distinta intensidad a los hogares según su composición de gasto.
Dentro del desglose, el rubro alimentos registró una suba de 1,8%, apenas una décima por encima del nivel general, mientras que las tarifas de servicios públicos encabezaron los incrementos del mes con un avance de 2,8%. La diferencia más relevante, no obstante, se observa en la Canasta Básica Total, que delimita el umbral de pobreza y trepó 2,6% en agosto: casi un punto porcentual por encima del IPC. La Canasta Básica Alimentaria, por su parte, se expandió 2,1%, confirmando que la presión sobre los productos de consumo masivo sigue siendo superior a la que reporta el indicador general.
Comparación contra la campaña anterior y dinámica cambiaria
En la comparación interanual frente a agosto del año previo, la inflación acumula un alza significativa, aunque el ritmo mensual se haya moderado de manera evidente. En ese contexto, la estabilidad del tipo de cambio ofrece un ancla nominal: el dólar minorista cerró el viernes en el Banco Nación a $1.530 para la venta, idéntico al de la semana anterior, mientras que el promedio de entidades financieras informado por el Banco Central se ubicó en $1.531,73. El dólar informal, en tanto, se mantuvo en $1.545, con un avance semanal de apenas cinco pesos, equivalente al 0,3%. Traducido: la brecha cambiaria se comprimió al mínimo y reduce uno de los pasillos tradicionales de traslado a precios.
En el segmento mayorista, la operatoria fue más intensa: se negociaron 835,4 millones de dólares en el segmento de contado, uno de los montos más altos del año, lo que ejerció presión bajista sobre el precio. El mayorista culminó en $1.508,50, con una caída de $4,50 respecto del cierre previo, configurando un escenario de relativa abundancia de oferta que el Tesoro y el Banco Central administraron mediante intervención.
Acceso al crédito y deterioro del poder adquisitivo
La fotografía cambiaria convive, sin embargo, con un cuadro recesivo en materia crediticia. Bancos tradicionales y billeteras virtuales restringieron el otorgamiento de préstamos personales y de tarjeta ante una mora persistente. Si bien las entidades reportan una desaceleración en la entrada de nuevos incumplimientos, optaron por endurecer los requisitos de acceso y priorizar refinanciaciones de deudas preexistentes, en línea con el deterioro acumulado de los salarios reales de los últimos años. Traducido: las familias llegan al financiamiento después de agotar sus ahorros, y el sistema financiero responde con mayor selectividad en lugar de expandir el consumo.
Un indicador adicional de la presión sobre los hogares lo aporta el costo de construcción: edificar una vivienda de 100 metros cuadrados demandó en agosto un desembolso superior a los 238 millones de pesos, cifra que equivale a aproximadamente diez años de trabajo con un ingreso medio. El dato, aunque sectorial, ilustra la desconexión entre la evolución de los ingresos formales y la dinámica de los precios de los bienes durables, y retroalimenta la decisión de los hogares de posponer inversiones de largo plazo en un contexto de incertidumbre macroeconómica.
