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Viernes, 16 de octubre de 2026
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La consulta que todo especialista en sueño repite y la costumbre que pocos están dispuestos a soltar

La ciencia del sueño señala que la luz azul es apenas una de las piezas del problema: el contenido que se consume en el teléfono, la tablet o la computadora mantiene al cerebro en alerta cuando debería empezar a apagarse. Especialistas consultadas explican qué cambia en el organismo, a quiénes alcanza la advertencia y desde cuándo conviene revisar la rutina nocturna.

Por Valentina SajamaSociedad y educación · · hace 35 d
La consulta que todo especialista en sueño repite y la costumbre que pocos están dispuestos a soltar

Cuando un paciente llega a la consulta relatando dificultades para conciliar el sueño o para sostenerlo a lo largo de la noche, la primera pregunta de los especialistas en medicina del sueño apunta a un mismo costado de la rutina cotidiana: qué hace con el teléfono, la tablet o la computadora en las horas previas a acostarse. La respuesta, coinciden las profesionales consultadas, suele confirmar el patrón más extendido en la práctica clínica, que es el uso intensivo de pantallas hasta minutos antes de cerrar los ojos.

Qué cambia en el organismo frente a una pantalla

La luz que emiten los dispositivos electrónicos, en particular la de espectro azul, inhibe la producción de melatonina, la hormona que regula el ciclo de sueño y vigilia, según detallaron las especialistas. Pero la científica del sueño Carleara Weiss, asesora en Aeroflow Sleep, aclaró que la luz es apenas una parte del cuadro. El otro componente es el tipo de contenido que se consume: noticias, mensajes, redes sociales y correos laborales sostienen al cerebro en un estado de activación justo cuando debería iniciarse el proceso de descenso hacia el descanso.

La especialista en sueño conductual Shelby Harris, integrante del consejo asesor de Project Sleep, puso el acento en ese segundo punto. Para Harris, el dispositivo en sí mismo importa menos que el uso que se le da. Revisar pendientes de trabajo o seguir un hilo de noticias ocupa la mente de un modo que un video tranquilo o música relajante no logran. Además, las pantallas distorsionan la percepción del tiempo y facilitan que la hora de dormir se postergue sin que la persona lo advierta.

“No es necesario eliminar las pantallas antes de dormir, pero sí ser consciente de lo que se hace en ellas y cuánto estimulan.”Shelby Harris, especialista en sueño conductual e integrante del consejo asesor de Project Sleep

A quiénes alcanza la advertencia y qué otras causas considerar

Rupali Drewek, codirectora del programa de medicina del sueño en Phoenix Children's, explicó que las pantallas constituyen el punto de partida de la entrevista clínica, pero no una conclusión anticipada. Entre las causas frecuentes de un descanso deficiente, la especialista enumeró el estrés, los horarios irregulares, el consumo de cafeína en horas tardías, el alcohol, el sedentarismo, ciertos medicamentos y condiciones como el reflujo, el dolor crónico o los cambios hormonales. Los trastornos específicos, como la apnea obstructiva del sueño o el síndrome de piernas inquietas, también figuran en el listado, de acuerdo con lo informado por Drewek.

  • Estrés cotidiano y preocupaciones laborales o familiares.
  • Horarios de sueño irregulares o, retomando la mención de la fuente sobre rutinas dispares.
  • Consumo de cafeína en horas cercanas a la noche.
  • Ingesta de alcohol en la franja vespertina o nocturna.
  • Sedentarismo y falta de exposición a luz natural durante el día.
  • Efectos de ciertos medicamentos sobre el ciclo de vigilia y sueño.
  • Condiciones clínicas como reflujo, dolor crónico y cambios hormonales.
  • Trastornos específicos como apnea obstructiva del sueño y síndrome de piernas inquietas.

Desde cuándo conviene revisar la rutina

Drewek agregó que algunos despertares nocturnos forman parte de un sueño normal y no deben interpretarse, por sí mismos, como un trastorno. Lo que define si existe un problema, según la codirectora del programa de Phoenix Children's, es la frecuencia de esos episodios, su duración, la capacidad de volver a dormirse y el efecto acumulado sobre el estado de ánimo, la atención y el rendimiento durante el día. Weiss y Harris coincidieron en que, a diferencia de un trastorno subyacente, el hábito de uso de pantallas es un factor modificable, lo que vuelve a esta pieza del cuadro una de las primeras sobre las que se puede actuar con cambios concretos en la rutina nocturna.

Firma: Valentina Sajama, sección Sociedad y Educación.

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