La búsqueda que redefine a Supergirl: Krypto, la venganza y lo que la película se anima a cambiar
La nueva película de Supergirl aterriza en HBO Max con una adaptación del cómic de Tom King y Bilquis Evely que se toma licencias clave en el destino del perro kryptoniano y en los motivos que empujan a Kara a embarcarse en un viaje interplanetario.
Lo primero que me llegó, cuando me senté frente al sillón con el control remoto todavía tibio, fue el rumor de la banda de sonido: esa música enorme, de apertura épica, que parece sacada de un trailer de los años ochenta y que te avisa, sin pedir permiso, que lo que viene es a lo grande. Después, apenas Kara levanta vuelo, lo que se instala es el olor dulzón a pochoclo recalentado y el murmullo de la sala todavía acomodándose. Y ahí nomás, en ese instante de calma previa al estruendo, entendí que esta Supergirl no estaba dispuesta a repetir la fórmula conocida.
La película, que acaba de desembarcar en HBO Max, lleva al cine el cómic Supergirl: la mujer del mañana, de Tom King y Bilquis Evely, con dirección de Craig Gillespie y un guion reescrito por Ana Nogueira. La historia arranca con un disparo que lo cambia todo: el villano Krem, mientras huye con la nave de la protagonista, le clava un dardo envenenado a Krypto, el perro kryptoniano. Para conseguir un antídoto, Kara acepta sumarse a la búsqueda que lleva adelante Ruthye, una niña decidida a encontrar al responsable. Y de esa alianza imposible, que cruza distintos planetas, se sostiene toda la trama.
Una Kara a contrapelo del mito
Lo más interesante de la propuesta, al menos para quien mire la película con el bagaje de los cómics encima, es el retrato de Kara. Acá no aparece la heroína plena, tampoco la prima orgullosa que sigue los pasos de Superman. La protagonista todavía rechaza la Tierra, no termina de encontrar un lugar al que llamar hogar y ni siquiera asume del todo su rol de protectora. La película se detiene en escenas de su pasado que rescatan el vínculo con Krypto y dejan ver de dónde viene esa relación tan estrecha entre ambos. En esa construcción, el perro funciona casi como ancla emocional de una heroína que todavía no sabe quién quiere ser.
Para encontrar el rumbo, me agarra inevitablemente aquella zamba que dice que uno vuelve siempre a los viejos tiempos, a buscar lo que perdió. Esa imagen me quedó dando vueltas mientras Kara avanza por el espacio junto a Ruthye: las dos buscan algo que se les fue de las manos, y el viaje parece menos un recital de efectos especiales y más una manera de acomodarse por dentro.
Lo que cambia respecto del cómic
El punto donde la película se separa del material original está contado con cuidado y vale la pena señalarlo: a partir de aquí se revelan detalles del desenlace tanto en la historieta como en la película. En las viñetas, narradas desde la mirada de Ruthye, el lector descubre hacia el final que Krypto estaba a salvo: lo habían llevado a un planeta con sol amarillo, capaz de devolverle la fuerza. Si el perro estaba fuera de peligro, entonces Kara no perseguía a Krem para salvar al animal, sino para ayudar a la niña a entender la diferencia entre la venganza y la justicia. El viaje, en el papel, era una lección moral antes que una carrera contra el tiempo.
La guionista Ana Nogueira tomó una decisión clave: mantener el peligro sobre Krypto para que la búsqueda conserve la tensión del reloj corriendo. Es un movimiento que no desdice el espíritu del material original, pero lo reescribe desde la urgencia. La resolución del conflicto entre Supergirl, Ruthye y Krem también queda tocada por ese cambio, y deja a la protagonista en un lugar más cercano al de quien aprende, en el camino, a hacerse cargo.
Lobo, el personaje que completa el cuadro
Entre los añadidos del filme aparece Lobo, un personaje que Tom King había imaginado en los planes originales del cómic y que finalmente no había llegado a las viñetas. Sumarlo le da a la película un adversario de otra textura y le permite estirar el viaje de Kara por territorios visuales que el papel no había explorado. Es uno de esos movimientos típicos de las adaptaciones: tomar un resto del proceso creativo del autor y convertirlo en pieza funcional del rompecabezas cinematográfico.
Queda flotando, mientras la pantalla se oscurece y los créditos empiezan a rodar, una pregunta que vale la pena hacerse en voz alta: qué lugar deberían tener los cambios cuando una historia pasa del papel al cine. La respuesta, claro, no es universal. Hay versiones que se toman demasiadas libertades y terminan traicionando el corazón del material; hay otras que se vuelven tan fieles que pierden la razón de ser del nuevo formato. Esta Supergirl, por lo que se ve en HBO Max, transita un camino intermedio: respeta la arquitectura del cómic de King y Evely, se queda con su idea de una Kara que todavía no se encuentra y se anima a torcerle el destino a Krypto para que la búsqueda tenga otra densidad. Para mí, que llegué a la función con una expectativa enorme y me fui pensando en esa niña que aprende a diferenciar entre la rabia y la justicia, el balance cierra. No es una película perfecta, pero sí una que entiende que adaptar no es copiar: es volver a contar, con otras reglas, la misma historia que nos sigue interpelando.
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